
La llegada del verano y las vacaciones en la costa exponen a la piel y al cabello a factores ambientales que pueden alterar su salud y apariencia. Aunque el agua de mar ofrece una sensación inmediata de frescura, expertos adviertieron que detrás de estos efectos existen riesgos poco conocidos para la salud cutánea y capilar, especialmente al combinarse con radiación solar, viento y contaminación marina.
Piel: riesgos y reacciones frente al agua de mar
El contacto frecuente con agua de mar genera una acción deshidratante sobre la epidermis. La dermatóloga Graciela Ferraro, en diálogo con Infobae en una nota anterior, explicó que la sal elimina la humedad natural y favorece la desnutrición de la piel, lo que deja la superficie seca, áspera y con sensación tirante. Este efecto se intensifica cuando la exposición se suma a la radiación ultravioleta, debilitando la barrera protectora y aumentando la sensibilidad cutánea.
A este fenómeno se añade el efecto de la contaminación: la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta la presencia de microplásticos en la mayoría de las playas del mundo, lo que incrementa el riesgo de irritaciones y reacciones alérgicas, especialmente en personas con piel sensible.
Por otro lado, el Journal of Clinical Medicine diferenció el impacto del agua de mar del de las aguas termales o minerales. Mientras que el mar puede provocar sequedad y estrés inflamatorio, las aguas termales, ricas en minerales como calcio, magnesio y bicarbonatos, demuestran un efecto antiinflamatorio y reparador en patologías como la psoriasis o la dermatitis atópica.
Estos minerales restauran la función barrera y favorecen la hidratación profunda, beneficios ausentes en la exposición prolongada al agua salada.

El agua de mar y su impacto en la fibra capilar
El agua de mar contiene minerales como magnesio, potasio y calcio, que pueden aportar volumen y textura de manera temporal. Sin embargo, Leonardo Rocco, estilista consultado por Infobae en una nota reciente, advirtió que la exposición repetida al agua salada daña la cutícula capilar, provoca pérdida de brillo, textura áspera, frizz, fragilidad y puntas abiertas. Rocco destacó que factores como el sol, el cloro, el viento y la arena agravan estos efectos.
“El agua salada puede estimular la circulación, pero el contacto frecuente favorece la sequedad y el daño, lo que afecta la salud general del cabello”, afirmó Rocco. El alto contenido de sal elimina la humedad natural de la fibra capilar, aumentando la fragilidad, dificultando el peinado y favoreciendo la aparición de puntas abiertas.
En cabellos sometidos a tinturas o decoloraciones, el daño es mayor: la sal reduce el brillo y la elasticidad, y la radiación ultravioleta oxida los pigmentos y abre la cutícula.
Investigaciones del Brazilian Journal of Hair Health describió que la salinidad del mar, cercana al 3,5%, permite que los minerales se depositen en la superficie del cabello y absorban agua desde el interior de las fibras, generando textura áspera y pérdida de brillo. Además, la exposición frecuente puede provocar rotura y pérdida de humedad, sobre todo en cabellos claros o tratados químicamente.

Factores agravantes y errores frecuentes
El daño del agua de mar se potencia al combinarse con la exposición solar, el cloro de las piletas, el viento y la arena.
Rocco señaló que uno de los errores más frecuentes es no enjuagar la sal del cabello y la piel después del baño, bajo la falsa creencia de que el efecto “Beach Waves” es saludable o inocuo.
Esta práctica prolonga la deshidratación y dificulta la recuperación de la barrera cutánea y la estructura capilar.

Guía práctica de prevención y reparación
Las recomendaciones para proteger la piel y el cabello en vacaciones incluyen medidas preventivas, cuidados durante la exposición y acciones reparadoras al regreso:
- Preparación previa: Rocco recomendó realizar un corte para eliminar puntas dañadas y fortalecer la fibra capilar con tratamientos nutritivos antes de las vacaciones. En cabellos teñidos, conviene fijar el color antes de la exposición al sol.
- Durante la exposición: usar protectores solares para la piel y productos capilares con filtro UV, como acondicionadores sin enjuague con óxido de zinc, o cubrirse con sombreros de ala ancha. Enjuagar con agua dulce tras cada baño en el mar o la piscina es fundamental para retirar sal y cloro. Mantener la hidratación, consumir líquidos y utilizar mascarillas capilares cada tres o cuatro días, además de aplicar acondicionador tras cada lavado, contribuye a conservar la elasticidad y el brillo.
- Cuidados en casa: las mascarillas con aloe vera o aceites vegetales como coco y oliva ayudan a reforzar la cutícula y recuperar el brillo. Peinados protectores, como trenzas sueltas o colas bajas, y evitar accesorios metálicos o elásticos que ejerzan tensión, resultan beneficiosos para la salud capilar. Rocco sugiere desenredar suavemente el cabello antes de dormir y evitar acostarse con el pelo mojado.
- Recuperación postvacacional: mascarillas intensivas, lociones ultrahidratantes y productos que repongan proteínas restauran la barrera cutánea y la fibra capilar. El Brazilian Journal of Hair Health subrayó la eficacia de los acondicionadores, mascarillas y productos leave-in para reducir la fricción y mejorar la peinabilidad.
Según el dermatólogo Miguel Marti, consultado por Infobae en una nota anterior, el cuidado externo debe complementarse con una alimentación variada que incluya frutas, verduras y líquidos, optimizando la salud general.
La información y la constancia en los hábitos de cuidado antes, durante y después de la exposición al mar son la clave para mantener el bienestar y el equilibrio de la piel y el cabello durante las vacaciones.