Los estudios recientes muestran que superficies heladas fotografiadas por la NASA y aparentemente inertes esconden procesos dinámicos asociados a océanos internos activos (NASA)

Un conjunto de investigaciones recientes transformó la visión que teníamos sobre las lunas heladas del Sistema Solar. Estudios nuevos señalan que mundos pequeños, silenciosos y aparentemente inertes como Mimas o Encélado podrían albergar océanos que alcanzan el punto triple del agua, donde el hielo, el vapor y el líquido coexisten.

Ese hallazgo reavivó la posibilidad de que ambientes aptos para la vida se escondan bajo superficies que, a simple vista, parecen muertas.

Durante décadas, las lunas heladas del Sistema Solar ocuparon un lugar secundario en la búsqueda de vida. El interés se concentraba en los grandes planetas y en los objetos más vistosos, mientras que estas esferas blancas parecían monolitos inmutables.

Esta imagen de junio de 2023 suministrada por el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial muestra al planeta Saturno y tres de sus lunas (Encélado, Tetis y Dione) capturados por el Telescopio Espacial James Webb. En infrarrojo, el planeta se ve obscuro porque la luz solar es absorbida por el metano de la atmósfera. (NASA, ESA, CSA, JWST Saturn Team vía AP)

Sin embargo, las últimas misiones espaciales y los análisis detallados de sus datos hicieron que esa percepción cambiara por completo. Hoy los científicos sospechan que estos cuerpos no solo esconden agua, sino procesos dinámicos capaces de sostener entornos habitables.

Las pistas se acumularon especialmente en Encélado, la luna de Saturno. En su superficie lisa, marcada por fracturas conocidas como “rayas de tigre”, se detectaron chorros de agua expulsados hacia el espacio.

El fenómeno llevó a pensar en un océano interno que no logró congelarse debido al calor generado por interacciones gravitacionales con el planeta gigante y otras lunas.

Nuevas investigaciones revelan que lunas pequeñas como Mimas y Encélado podrían alcanzar el punto triple del agua, un escenario clave para la vida (NASA)

El nuevo trabajo del geofísico Maxwell Rudolph avanza un paso más al sugerir que, bajo determinadas condiciones, ese océano podría incluso alcanzar temperaturas cercanas a la ebullición, aunque en un contexto muy diferente al que imaginamos en la Tierra.

Rudolph explicó que su equipo buscó entender qué ocurre cuando la capa de hielo de estas lunas cambia de espesor a lo largo de millones de años. Lo interesante es que, cuando ese hielo se adelgaza desde abajo, la presión sobre el agua interior disminuye.

En las lunas más pequeñas del sistema, esa caída permite que el agua llegue al punto triple, donde el vapor y el líquido conviven incluso cerca de los 0 °C.

Esta imagen del 13 de febrero de 2010 proporcionada por la NASA muestra la luna Mimas de Saturno y su cráter Herschel, captada por la nave espacial Cassini. (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute via AP)

“Este es el tipo de ebullición que ocurre a bajas temperaturas, no la que se produce en las cocinas cuando se calienta agua a más de 100 °C”, explicó Rudolph. Esa clase de ebullición fría resulta sorprendente y abre posibilidades nuevas para la biología, porque no destruye moléculas orgánicas ni estructuras celulares, lo que permitiría que formas de vida extremas continúen sin grandes perturbaciones.

El estudio también señala que este fenómeno no sería universal. En lunas más grandes, como Titania, el resultado de disminuir la presión sería distinto. Allí el hielo se fracturaría antes de alcanzar el punto triple del agua, lo que explicaría ciertas arrugas y patrones geológicos observados en su superficie. Ese contraste entre lunas chicas y medianas marca una diferencia fundamental sobre cómo se comportan sus océanos internos.

Encélado, una luna llena de misterios

Encélado es una luna extraordinaria de Saturno, ya que posee un océano salado y global bajo la corteza helada, considerado la fuente principal de su calor interno.

Ese reservorio líquido contiene ingredientes clave para la biología, entre ellos fósforo e hidrocarburos complejos.

“Encélado es un objetivo clave en la búsqueda de vida fuera de la Tierra, y comprender la disponibilidad a largo plazo de su energía es clave para determinar si puede albergar vida”, dijo en otro estudio científico la doctora Georgina Miles del Instituto de Investigación del Suroeste y del Departamento de Física de la Universidad de Oxford.

Encélado presenta chorros de agua expulsados al espacio, un indicio fuerte de un océano global mantenido por interacciones gravitacionales (NASA)

Esto lo convierte al satélite en uno de los lugares más prometedores fuera de la Tierra para que aparezca vida. Sin embargo, la habitabilidad de este océano depende de la estabilidad del entorno que lo envuelve, en particular del equilibrio entre la energía que gana y la que pierde.

Ese balance se sostiene por el llamado calentamiento por mareas: la gravedad de Saturno deforma la luna a lo largo de su órbita y genera calor en su interior. Si Encélado perdiera demasiada energía, la actividad en su superficie disminuiría y el océano podría congelarse. Si recibiera más de la necesaria, la dinámica interna aumentaría de forma abrupta y provocaría cambios drásticos en su ambiente.

Aunque el foco habitual del potencial biológico estuvo en Europa y Encélado, el caso que más interés despierta ahora es el de Mimas, la luna menor de Saturno. La comunidad científica la consideró durante décadas un bloque de hielo rígido, sin señales de actividad.

El modelo de Maxwell Rudolph propone que el adelgazamiento del hielo reduce la presión interna, permitiendo ebullición fría en lunas pequeñas (NASA)

Su superficie plagada de cráteres parecía conservar la memoria de impactos antiquísimos sin cambios posteriores. Sin embargo, una sucesión de estudios recientes abrió un escenario inesperado: Mimas podría albergar un océano muy joven, aún en proceso de formarse.

La clave proviene de un análisis de su órbita. Algo produjo una alteración en su trayectoria, volviéndola más excéntrica. Esa leve elongación cambió la intensidad con la que Saturno tira de la luna y generó calor en su interior.

Ese calor fundió parte de la capa de hielo y creó un océano profundo, oculto bajo 20 a 30 kilómetros de superficie sólida. No sería un océano antiguo, sino uno nacido hace apenas 10 a 15 millones de años, un suspiro en tiempos astronómicos.

Los mundos con océanos subterráneos pueden ser más propicios para la vida que los planetas con océanos superficiales como la Tierra.
(NASA/JPL-CALTECH)

Los trabajos de Alyssa Rhoden, del Southwest Research Institute, modelaron el comportamiento térmico de Mimas para evaluar el espesor de su hielo y el modo en que el calor fluye internamente. Los resultados mostraron que, una vez que comenzó a derretirse la capa, el proceso avanzó con rapidez. Esa idea contrasta con la imagen tradicional de Mimas como un cuerpo estable y pasivo. Rhoden lo expresó de forma clara:

Cuando miramos a Mimas, no vemos ninguna de las cosas que estamos acostumbrados a ver en un mundo oceánico”. Y aun así, los datos de Cassini apuntan en otra dirección.

El interrogante más intrigante es cómo un océano tan nuevo podría mantenerse sin dejar rastros evidentes en la superficie. En otras lunas oceánicas, como Europa o Encélado, la actividad interna produce grietas, deformaciones y patrones irregulares. En Mimas, en cambio, la mayoría de los cráteres parecen intactos. Esa apariencia tranquila empezó a desmoronarse cuando nuevos análisis del cráter Herschel —la marca circular más llamativa del satélite, y la razón por la que muchos la comparan con la Estrella de la Muerte— revelaron detalles notables.

Los estudios de lunas heladas amplían el concepto de habitabilidad, un avance que multiplica el número de mundos donde podría surgir vida (NASA)

Un océano recién nacido que cambia todo lo que creíamos saber

Los científicos describen este momento como una oportunidad excepcional para estudiar un mundo helado en pleno cambio. A diferencia de Europa o Encélado, cuyos océanos existen probablemente desde hace centenares de millones de años, Mimas estaría atravesando un proceso más reciente y dinámico. Eso permite observar etapas tempranas de la evolución de un océano interior, algo que nunca se registró con tanta claridad.

La órbita de Mimas continúa ajustándose lentamente hacia una trayectoria más circular. Cuando complete ese cambio, la interacción mareal con Saturno disminuirá lo suficiente como para dejar de generar calor. En ese punto, el océano que ahora parece existir comenzará a congelarse otra vez. Esa cronología explica por qué los investigadores encontraron un rango tan estrecho para la edad del océano y por qué sus simulaciones coinciden con los datos reales de su superficie.

La posibilidad de que una luna tan pequeña y aparentemente simple esconda un proceso tan complejo obliga a replantear qué mundos pueden considerarse candidatos habitables. El concepto de habitabilidad no se limita al agua. También requiere energía, estabilidad y química adecuada. Un océano como el de Mimas podría tener esas tres condiciones durante algunos millones de años, lo cual representa una ventana lo suficientemente larga para procesos biológicos.

Mimas podría contener un océano joven originado por un cambio orbital reciente, un proceso que generó calor suficiente para fundir su hielo - | Observatoire de Paris – PSL, IMCCE

Pero la otra novedad significativa del estudio de Rudolph aparece al pensar en lunas de tamaño similar, como Encélado o Miranda. Si en estos cuerpos la reducción de presión provocara ebullición interna, entonces los océanos enteros podrían cambiar su dinámica. Las burbujas de vapor alteran la forma en que se mezclan nutrientes, el modo en que se producen corrientes internas y los patrones de congelación.

Ese movimiento contribuye a fracturar la superficie, abre vías de comunicación entre el interior y el exterior y facilita que el agua alcance el vacío espacial en forma de plumas, como ocurre en Encélado.

El equipo también planteó la posibilidad de que los gases provenientes de esa ebullición formen clatratos, estructuras heladas complejas que atrapan diferentes moléculas. Estos clatratos podrían explicar variaciones químicas detectadas en algunos chorros de vapor, y también ayudar a entender qué firmas buscar en próximas misiones dedicadas a estudiar lunas heladas. Rudolph anticipó que “En futuros trabajos se abordarán estos procesos en detalle para comprender qué le sucede al gas una vez liberado del océano y qué tipo de características superficiales esperaríamos que se formaran en asociación con estos procesos”.

La nave espacial Cassini de la NASA capturó esta imagen de Encélado el 30 de noviembre de 2010. La sombra del cuerpo de Encelado en las partes inferiores de los chorros es claramente visible.
POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA
(NASA/JPL-CALTECH/SPACE SCIENCE INSTITUTE)

La relación entre superficie e interior es clave. Para los científicos, el gran desafío consiste en identificar zonas donde la corteza sea más delgada o presente alteraciones sutiles causadas por el calor interno. Esos serán los puntos ideales para una sonda futura. Las simulaciones del equipo de Rhoden muestran que el flujo de calor puede variar bastante según la región, por lo que un orbitador equipado con sensores térmicos podría detectar variaciones que confirmen el océano.

Además, la investigación del cráter Herschel ofrece una herramienta temporal poderosa: su forma permite estimar la rigidez del hielo en diferentes momentos. Adeene Denton, también del SwRI, resumió esa idea con una frase contundente: Mimas “tiene que estar justo en el punto de inflexión”.

Ese equilibrio es tan inusual como valioso, porque brinda la oportunidad de estudiar un océano que no existió siempre, sino que surgió por cambios recientes en la órbita.

La ebullición cercana a los 0 grados resulta compatible con la supervivencia de moléculas orgánicas, un factor crucial para posibles formas de vida (NASA/JPL)

Estas conclusiones no funcionan solo para Mimas. Una vez que se comprendan los mecanismos que permiten que un cuerpo pequeño desarrolle un océano interno, será posible explorarlos en otros mundos lejanos. Existen docenas de candidatos, desde lunas de Urano y Neptuno hasta objetos del cinturón de Kuiper. Si procesos similares ocurren en ellos, el número de lugares donde podría haber vida aumenta de forma exponencial.

Los estudios recientes muestran que las lunas heladas no son caparazones muertos, sino mundos en transformación. Su aparente quietud esconde tensiones internas, océanos tibios, fracturas en desarrollo y tal vez entornos propicios para formas de vida desconocidas.

Lo que parecía un paisaje congelado y eterno ahora revela un dinamismo sorprendente. Y con cada hallazgo, la frontera de lo que consideramos habitable se vuelve más amplia y más intrigante.