Las personas que lo han sufrido dicen que se despiertan asustadas por un ruido fuerte o agudo, similar a una explosión, a un tiro, a un relámpago, a un choque de piezas metálicas o a un ruido eléctrico. Algunas personas también presentan destellos de luz, dolor ligero, sudoración o taquicardia.
Se trata del síndrome de la cabeza explosiva (EHS), un trastorno del sueño (parasomnia) que se caracteriza por la percepción de un fuerte sonido que ocurre durante el período de transición entre el sueño y la vigilia, explicó la Fundación del Sueño de Estados Unidos.
Este fenómeno forma parte de los trastornos del sueño y aunque no provoca dolor físico, suele dejar tras de sí una sensación de miedo o ansiedad, lo que lleva a muchos a preguntarse por la gravedad de este trastorno.
“El síndrome de la cabeza explosiva no parece causar directamente ningún daño físico a quien lo sufre y la principal complicación es de susto y malestar debido al temor de una enfermedad grave o por la alteración del sueño”, explicó el doctor Eric J. Olson, del sector Neumología y Cuidados Intensivos de Mayo Clinic en Rochester, Estados Unidos.
Según un estudio, sólo el 11% de las personas informó al médico sobre el EHS, y sólo el 8% con episodios recurrentes buscó prevención. A algunas personas les daba vergüenza consultar porque “oyen ruidos”; la mayoría sigue con su vida cuando no hay signos de angustia o dolor continuados.
Si bien el EHS se menciona desde mediados de 1800, faltan registros de informes anteriores, con una excepción. Existe un estudio que sugirió que el filósofo del siglo XVII René Descartes (quien prestaba mucha atención a sus sueños) tuvo un síndrome de la cabeza explosiva entre dos sueños que, según él, ayudó a responder a la pregunta: “¿Qué camino en la vida debo seguir?”
Cuáles son los síntomas
Los afectados describen la vivencia de sonidos fuertes, similares a una explosión, y en ocasiones destellos de luz, que duran menos de un segundo. Tras el episodio, es común experimentar una intensa excitación y, en muchos casos, temor, describió la Fundación del Sueño.
Según la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño, los pacientes deben cumplir todos los criterios siguientes para recibir un diagnóstico de EHS:
1. Quejas de ruidos fuertes o sensaciones que imitan los efectos de una explosión en la cabeza durante los períodos de transición entre el sueño y la vigilia.
2. Sentimientos de intensa excitación y posiblemente miedo después de estos episodios.
3. No hay dolor físico significativo durante o después de los episodios.
Algunas personas perciben destellos de luz durante sus episodios y sacudidas mioclónicas. También pueden presentarse contracciones involuntarias que afectan grupos de músculos, explicó la fundación.
Y agregó: “Los síndromes de cefalea de inicio repentino, como las cefaleas punzantes idiopáticas y las cefaleas en trueno, también causan episodios que ocurren sin previo aviso. El dolor suele acompañar a estos episodios y suelen ocurrir durante las horas de vigilia. Otras afecciones que pueden evaluarse en pacientes con EHS incluyen la epilepsia nocturna, las cefaleas hipnóticas y el trastorno de estrés postraumático“.
Factores desencadenantes del síndrome
Hay quienes sufren varios episodios en una sola noche o durante noches consecutivas, seguidos de periodos de inactividad que pueden durar semanas o meses.
Aunque la mayoría de los pacientes no identifica desencadenantes claros, algunos relacionan la aparición de los episodios con situaciones de estrés o ansiedad. Las reacciones inmediatas incluyen miedo, sudoración, palpitaciones y dificultad para respirar.
Una encuesta realizada en 2020 a más de 3.200 personas diagnosticadas reveló que cerca del 44% experimenta un miedo significativo al despertar tras un episodio, y los ataques recurrentes pueden generar una preocupación clínica, sobre todo si existe temor a una enfermedad subyacente más grave.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de este trastorno se basa en la evaluación clínica y en la exclusión de otras afecciones que puedan provocar síntomas similares. En ocasiones, los médicos solicitan estudios como polisomnografías o resonancias magnéticas para descartar otras causas, describió la Fundación.
“El único tratamiento a menudo necesario es tranquilizar a la persona y explicarle el fenómeno. Hay otras medidas de tratamiento que no se han estudiado bien, pero pueden incluir controlar el estrés o la ansiedad y cualquier trastorno del sueño», dijo el doctor Olson.
Y añadió: “En algunos casos, puede ayudar administrar uno de varios fármacos, tales como antidepresivos tricíclicos, medicamentos para el corazón del tipo de los antagonistas del calcio o fármacos anticonvulsivos”.
Para quienes reciben el diagnóstico de síndrome de la cabeza explosiva, el pronóstico es favorable. El trastorno no implica riesgos adicionales para la salud y, con el tiempo y el acompañamiento adecuado, los episodios tienden a desaparecer.
La Clínica Cleveland afirmó que es posible reducir la reaparición de los síntomas, controlando los factores que podrían desencadenar episodios. Por ejemplo:
- Practicar una buena higiene del sueño.
- Probar técnicas de relajación como la meditación, estiramientos suaves de yoga o ejercicios de respiración justo antes de acostarse.
- Controlar otras afecciones de salud, especialmente si afectan el sueño.
- Hablar con el médico si se siente estresado o ansioso.