Ejercicios como sentadillas y peso muerto son los más efectivos para fortalecer huesos, según expertos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El levantamiento de pesas dejó de ser terreno exclusivo de deportistas o fisicoculturistas. Estudios recientes publicados en Journal of Bone and Mineral Research y Osteoporosis International demuestran que cada vez más personas incorporan el entrenamiento de fuerza a su vida cotidiana, atraídas por sus beneficios para la salud general y, sobre todo, por su impacto en la densidad ósea.

La Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF) señala que la salud ósea suele quedar en el olvido hasta que aparecen molestias, dolores o alguna fractura repentina. Sin embargo, la comunidad médica subraya que la prevención debe empezar mucho antes y que el ejercicio con pesas ocupa un lugar central en este proceso.

Diversas investigaciones, como revisiones citadas por el National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, resaltan que evitar el desgaste de los huesos y reducir el riesgo de fracturas por envejecimiento u osteoporosis no depende únicamente de la genética ni de la alimentación. Es por eso que, la actividad física regular —en particular el trabajo de fuerza— se encuentra entre las estrategias más efectivas y accesibles para preservar la masa ósea, junto al consumo adecuado de calcio y vitamina D.

La constancia y la progresión en el levantamiento de pesas potencian los beneficios para la densidad ósea (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué significa y por qué importa la densidad ósea

La densidad mineral ósea es un parámetro central para la salud del esqueleto. Según Mayo Clinic, mide la cantidad de minerales, especialmente calcio y fósforo, presentes en los huesos. Un valor alto de densidad ósea reduce el riesgo de fracturas y asegura que los huesos estén preparados para soportar exigencias cotidianas y situaciones imprevistas.

El paso del tiempo genera una pérdida natural de densidad ósea, proceso que se intensifica en mujeres tras la menopausia, aunque afecta a toda la población adulta. The New England Journal of Medicine indica que la baja densidad mineral está relacionada de forma directa con el riesgo de osteoporosis, una de las principales causas de fracturas espontáneas en la cadera, la columna y la muñeca. Por ese motivo, fortalecer los huesos desde edades tempranas y mantener el hábito durante toda la vida es una inversión preventiva fundamental, especialmente a partir de los 40 años.

Factores que influyen en la salud ósea

La genética determina el potencial máximo de masa ósea de cada persona, pero el entorno y los hábitos cotidianos tienen un peso considerable en la salud de los huesos, tal como destacan los expertos en Mayo Clinic Proceedings. La alimentación es clave: estudios avalados por la OMS señalan que el consumo regular de alimentos ricos en calcio —lácteos, vegetales de hoja verde, frutos secos, legumbres— y una adecuada exposición al sol para estimular la síntesis de vitamina D, contribuyen a mantener huesos más densos y resistentes.

El entrenamiento de fuerza regular es recomendado por sociedades científicas para prevenir la pérdida ósea (Imagen Ilustrativa Infobae)

De todos los factores modificables, la actividad física de impacto y carga, sobre todo el entrenamiento de fuerza, destaca como la herramienta más eficaz para estimular la formación de tejido óseo nuevo y proteger la estructura ósea, según la Royal Osteoporosis Society del Reino Unido.

Cómo actúa el entrenamiento con pesas sobre los huesos

El ejercicio de fuerza es capaz de estimular el crecimiento y la resistencia ósea gracias al fenómeno de adaptación fisiológica. Como explican publicaciones en Osteoporosis International, cada vez que se realiza levantamiento de pesas, los músculos aplican tensión sobre los huesos, enviando señales celulares que favorecen la formación de tejido nuevo y la mineralización de la matriz ósea.

Una revisión publicada en The Conversation y respaldada por la Asociación Nacional de Osteoporosis del Reino Unido indica que el mayor impacto del entrenamiento con pesas se observa en la densidad ósea de la columna vertebral y las caderas, áreas especialmente vulnerables a fracturas en adultos mayores y mujeres posmenopáusicas. Además, los estudios muestran que la constancia y la progresión gradual en la carga generan beneficios más significativos que los esfuerzos esporádicos o ejercicios de baja intensidad.

Qué ejercicios y rutinas son más eficaces

La actividad física de fuerza es clave para la salud ósea en todas las etapas de la vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todos los ejercicios de fuerza actúan igual sobre el esqueleto. Investigaciones lideradas por la IOF y publicadas en Journal of Bone and Mineral Metabolism muestran que los movimientos compuestos, como sentadillas, peso muerto y press de banca, que involucran grandes grupos musculares y aplican carga directa sobre las principales regiones óseas, son especialmente eficaces para aumentar la densidad en columna y cadera. Trabajar con pesos moderados a elevados, en series de tres a ocho repeticiones, genera un estímulo superior al de muchas repeticiones con poco peso.

Actividades como yoga y pilates —aunque benefician la flexibilidad, la coordinación y el equilibrio— no ofrecen suficiente estímulo mecánico para incrementar la densidad ósea notablemente, según el análisis de la Endocrine Society de Estados Unidos. Por ello, para quienes quieren sumar este hábito se recomienda una frecuencia mínima de dos sesiones de fuerza por semana, con una planificación progresiva y atención a la técnica.

Un hábito sencillo, un impacto duradero

La conclusión de las principales sociedades científicas es contundente: bastan un par de sesiones semanales de entrenamiento de fuerza, realizadas de forma constante y supervisada, para obtener una mejora significativa en la salud ósea y reducir el riesgo de fracturas a cualquier edad.

La combinación de ejercicio regular, alimentación adecuada y revisiones médicas convierte al levantamiento de pesas en una de las herramientas más valiosas y accesibles para preservar la fortaleza del esqueleto a lo largo de la vida.