
Un ciudadano ruso -que desde hace meses es considerado como sospechoso- arribó este miércoles por la noche a Montevideo, Uruguay, procedente de Luxemburgo y tras hacer escala en el aeropuerto Reina Sofía de Tenerife. El sujeto fue identificado como Aleksey Golovachev y ya es investigado por autoridades locales, con asistencia internacional.
La de anoche no fue la primera vez que Golovachev pisaba territorio uruguayo. Estudió peluquería durante tres años y en junio de 2025 inició una huelga de hambre -que duró dos semanas- reclamando al estado local un pasaporte y documentación válida para trabajar bajo su estatus de “refugiado político”. El hombre argumentaba que el país latinoamericano le denegaba ese derecho tras afirmar que había tenido que abandonar su nación por ser miembro de la comunidad LGTB, grupo reprimido en la Rusia de Vladimir Putin.
Nacido el 8 de octubre de 1980, Golovachev no sólo intentó conseguir pasaporte en Uruguay, sino que probó suerte en Chile, donde también le fue denegada la petición.
“El país, (Uruguay) por alguna razón me otorgó el estatus de refugiado, sin ningún aporte económico, y me prohibió trabajar como profe de peluquería tras tres años de estudios en Montevideo. Así me forzaron al exilio sin darme ni un documento de viaje, ni acceso a la justicia. Chile también me cerró las puertas. Claramente me dijo que no te queremos como ciudadano y tampoco te ayudaremos con un pasaporte para que puedas ir a otro país”, se quejó en sus redes sociales el pasado 20 de junio de 2025 pocos días después de iniciar su huelga de hambre en la Plaza Independencia.
Finalmente, tras esa protesta consiguió un “documento de viaje para refugiados” con número B000718 y vencimiento el 1 de julio de 2027. Se trata de una autorización que le permite viajar internacionalmente y retornar al lugar que lo emitió. Reemplaza al pasaporte nacional que no está a su alcance. Inmediatamente después de conseguirlo se quejó de Uruguay: “No sé si es un país donde se pueda decir que se respetan los derechos humanos”, dijo en un video publicado el 22 de junio. Lo grabó en Chile, lugar al que fue a seguir tratando de conseguir una ciudadanía.

Ya establecido en Santiago y dos meses después de ese posteo, el 22 de agosto, se quejó de la poca atención que recibía por parte del gobierno chileno: “Yo, Aleksey Golovachev, condenado a la inexistencia por el Estado de Chile, elevo mi voz no como una súplica, sino como una acusación”.
Golovachev dijo haber atravesado una “tortura burocrática” en Chile, país al que acusó de haberlo convertido en un “apátrida funcional”. “Forzado a la desesperación, mi cuerpo se volvió mi última herramienta de protesta. En Uruguay, una huelga de hambre y sed, al borde de la muerte, fue el precio que tuve que pagar para obtener lo que Chile, por derecho y convenio, estaba obligado a darme: un simple pasaporte”, manifestó.
La importancia de un pasaporte
La insistencia en conseguir un pasaporte como dé lugar fue lo que despertó las sospechas de las autoridades tanto uruguayas como chilenas. Es que este tipo de documento constituyen una herramienta de vital importancia para los espías rusos que el Kremlin desparrama por el mundo. Y América Latina suele ser un lugar ideal para conseguir uno.
Los pasaportes de la mayoría de los países latinoamericanos consiguen moverse por el Espacio Schengen con total libertad. Consiste en un área de libre circulación que abarca 29 países europeos y donde los miembros enviados por el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (FSB) buscan mimetizarse sin pasar como rusos, lo que llamaría la atención de las fuerzas de seguridad locales. De esta manera, pueden vivir en diferentes latitudes, mudarse permanentemente con pasaportes occidentales o latinoamericanos, sin despertar sospechas.

El caso de los espías Anna Dultseva y Artyom Viktorovic Dultsev fue emblemático. Vivieron en Argentina, consiguieron su pasaporte y luego se mudaron a Eslovenia, donde continuaron con el armado de su fachada para realizar tareas de espionaje. En diciembre de 2022 cayeron descubiertos. Estos “argentinos” fueron detenidos y luego intercambiados por prisioneros con Moscú. Tanto ellos como sus dos hijos fueron recibidos como héroes por Vladimir Putin en agosto de 2024.
Ahora, las autoridades intentan determinar el verdadero objetivo de Golovachev, el ruso desesperado por conseguir su pasaporte uruguayo.
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