
El desierto no dio respuestas durante varios días. Frente a una guarida, entre la arena y las piedras de una zona remota de Marruecos, un pequeño felino salía y volvía a desaparecer. Estaba solo, delgado y con garrapatas. Nadie podía saber si su madre regresaría. “No había huellas ni nada que nos indicara que la madre volvía por la noche”, le cuenta a Infobae el fotógrafo francés Rémi Vacher. Unas cámaras trampa registraron la espera hasta que, finalmente, captaron el reencuentro entre una cría de gato de las arenas y su madre.
Vacher conoció la existencia de una camada de cinco crías de esta especie en el desierto marroquí y viajó hasta allí para fotografiarla. Cuando llegó, la escena ya había cambiado: los otros ejemplares se habían alejado y un cachorro permanecía cerca de la madriguera. “Solo quedaba el más pequeño que era el más débil del grupo”, explica.
El fotógrafo de vida silvestre compartió la historia en su cuenta de Instagram y, en cuestión de segundos, sus imágenes pusieron ante miles de personas a un animal que rara vez aparece en registros de fauna: el gato de las arenas, también conocido por su nombre científico, Felis margarita.

Una cría quedó sola en el desierto
Antes de la llegada de Vacher, una familia de cinco cachorros de gato de las arenas había sido detectada en un punto aislado del desierto. Durante algunas semanas, aquel refugio ofreció una oportunidad poco habitual para observar los primeros meses de vida de una especie difícil de encontrar. Pero el grupo ya no estaba completo cuando el fotógrafo llegó. “Ella había desaparecido quizá dos semanas antes y este pequeño estaba solo. Fue un desafío, no sabíamos muy bien qué hacer”, confesó.
El animal que quedó en la zona parecía vulnerable. Según contó Vacher, estaba flaco y tenía garrapatas en la cara. La incertidumbre aumentó ante la ausencia de rastros de la madre. Las cámaras trampa registraron que la cría salía de la guarida durante dos o tres días consecutivos, aunque las imágenes no permitían reconstruir sus desplazamientos ni establecer si el resto de la familia seguía en los alrededores. “No había huellas ni nada que nos indicara que la madre volvía por la noche”, expresó Vacher a Infobae.
“Fue un poco preocupante, pero al mismo tiempo vigilábamos la situación, lo que nos permitió asegurarnos de que seguía bien”, agregó.

La preocupación entre sus seguidores fue en aumento. Algunos le pidieron que alimentara al felino o que lo retirara del lugar. La posibilidad de intervenir parecía inmediata, pero suponía otro riesgo: separar de forma definitiva al cachorro de su entorno y de la madre, si todavía estaba viva y podía volver.
Al respecto, el fotógrafo explicó: “No queríamos darle comida ni siquiera agua, porque normalmente obtiene el agua de los alimentos que consume. No es un animal que vaya a beber como un gato doméstico”.
Las cámaras trampa permitieron vigilar al gato sin alterar su vida silvestre

Vacher y sus contactos locales optaron por una observación a distancia. Instalaron cámaras trampa, aparatos que se activan cuando detectan movimiento. De ese modo, pudieron seguir al animal sin transformar la guarida en un sitio de tránsito humano. “Como era bastante débil, tampoco queríamos molestarlo demasiado. Le tomábamos fotos durante un día, luego lo dejábamos tranquilo algunos días. Regresábamos y tratábamos de vigilarlo principalmente mediante la cámara trampa”, aclaró.
La decisión buscó evitar que la presencia de personas alterara el comportamiento de la madre o dificultara el regreso al refugio. En ese sentido, explicó que intervenir por completo podía tener consecuencias para la cría. Un animal criado por personas puede perder parte de la cautela que necesita para sobrevivir en libertad. En el caso de los felinos silvestres, el aprendizaje junto a la madre incluye la búsqueda de alimento, la identificación de peligros y el reconocimiento del territorio.

El gato de las arenas está adaptado a un ambiente donde el agua escasea y las temperaturas varían de manera marcada entre el día y la noche. Su dieta se compone principalmente de pequeños roedores y reptiles. Gran parte de la hidratación proviene de esas presas.
No se trata de un gato doméstico perdido en un paisaje hostil, sino de un felino que depende de habilidades específicas para vivir en el desierto, aunque una cría aislada y debilitada pueda despertar la necesidad inmediata de ayudarla.
La madre regresó y el cachorro empezó a recuperarse
Después de días de incertidumbre, las cámaras registraron la señal que el equipo esperaba. La madre volvió a la guarida y la cría mostró una mejora física.
El fotógrafo señaló que algunas situaciones decisivas de la vida silvestre ocurren fuera del alcance de una lente: “Unos diez días después de que dejé Marruecos, la madre regresó. Volvió, se reunieron y luego se fueron. Probablemente todavía estén en la zona, pero ya no sabemos dónde están”.

Poco después, los gatos dejaron la madriguera. Vacher indicó que ese desplazamiento forma parte de un comportamiento habitual: las madres pueden trasladar a sus crías a nuevos refugios, sobre todo cuando un lugar ya ha sido ocupado durante un tiempo o existe una exposición mayor de la esperada.
El gato de las arenas vive oculto entre dunas y madrigueras
El Felis margarita habita regiones áridas del norte de África, la península arábiga y Asia Central. Su cuerpo pequeño, el pelaje de tonos claros y sus hábitos nocturnos lo vuelven difícil de detectar incluso en las áreas donde está presente.
Durante el día, suele resguardarse en madrigueras. Cuando baja la temperatura, sale a buscar alimento. Sus patas están cubiertas de pelo, una adaptación que lo protege del suelo caliente y reduce la marca de sus huellas sobre la arena. Sus orejas grandes cumplen otra función: amplifican sonidos débiles y facilitan la localización de presas bajo tierra o entre los matorrales.
“Puede detectar sonidos a gran distancia y también frecuencias muy bajas. Por ejemplo, si hay un roedor que se mueve bajo tierra, puede saber que está ahí”, detalló el fotógrafo.
Vacher definió a la especie como uno de los felinos silvestres más difíciles de observar. “Llevo muchos años buscándolos en los Emiratos Árabes Unidos, pero hasta ahora no tuve suerte. Por eso realmente quería ver uno”.
Tras el reencuentro entre la cría y su madre, Vacher siguió con sus expediciones en busca de especies esquivas. “Viajaré al norte de India para intentar encontrar un leopardo nublado”, concluyó, en referencia a su próximo destino para fotografiar a otro felino difícil de observar en libertad.











