
El mundo se acerca a lo que Rafael Grossi llama “una grieta en el sistema”. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la agencia de la ONU encargada de vigilar los arsenales nucleares del planeta, advirtió en una entrevista con el diario británico The Telegraph que la combinación de conflictos, fragmentación política e incertidumbre estratégica podría desencadenar un efecto en cadena en el que hasta 20 países decidieran desarrollar armas nucleares. “Un mundo con 20 potencias nucleares o más sería extremadamente peligroso”, afirmó Grossi. Es, reconoció, su “peor temor”.
El diplomático argentino, que dirige el OIEA desde 2019, describió un panorama de deterioro acelerado del orden nuclear internacional. Sus declaraciones llegan en un momento en que el New START, el último tratado de control de armamento estratégico entre Estados Unidos y Rusia, expiró el 5 de febrero sin que ningún acuerdo sucesor lo reemplazara, dejando por primera vez en más de cinco décadas a las dos mayores potencias nucleares sin límites legalmente vinculantes sobre sus arsenales desplegados. Entre ambas concentran alrededor del 90% de las aproximadamente 12.000 ojivas nucleares existentes en el mundo.
Grossi señaló que varios países firmantes del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) —suscrito en 1970 por 191 naciones y piedra angular del orden atómico mundial— han comenzado a debatir abiertamente la posibilidad de abandonar sus compromisos. Líderes de Polonia, Turquía y Arabia Saudita han declarado públicamente que podrían reconsiderar su posición ante el debilitamiento de la alianza atlántica y la creciente inestabilidad geopolítica. El debate también ha emergido en Corea del Sur, Japón y Suecia.
“Hay conversaciones sobre ‘proliferación amigable’”, dijo Grossi al Telegraph. “Estas cosas me llenan de preocupación.” El director del OIEA advirtió que el clima actual de “fragmentación, conflicto y polarización” podría llevar a varios Estados a concluir que ya no se sienten suficientemente protegidos. En ese punto, sostuvo, podría producirse el efecto dominó que teme: una vez que un país rompa el dique, otros seguirían.
El organismo también enfrenta obstáculos graves en sus funciones de verificación. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra las instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025 —que afectaron sitios como Natanz, Fordow e Isfahán—, Teherán bloqueó el acceso de los inspectores. Grossi fue tajante: cualquier acuerdo entre Washington y Teherán carecería de valor sin la participación de su agencia. “Sin verificación, cualquier acuerdo no es un acuerdo. Es una ilusión”, afirmó. Insistió en que el OIEA es “el único” capaz de garantizar imparcialidad absoluta en la supervisión de las instalaciones iraníes.
Sobre la posibilidad de que Estados Unidos se apodere por la fuerza del material nuclear iraní —opción barajada públicamente por la administración Trump—, Grossi eligió las palabras con cuidado. Reconoció la capacidad militar estadounidense pero subrayó los riesgos: “Es algo muy delicado de manipular y trasladar”, advirtió, aludiendo a los problemas de estabilidad estructural en instalaciones que han sido bombardeadas.
En cuanto al arsenal chino —estimado en 600 ojivas y en expansión sostenida—, Grossi admitió tener colaboración con Beijing pero señaló que su comportamiento difiere del de otras potencias nucleares. “¿Lo veo con preocupación? Sí, porque creo que un mundo con menos armas nucleares es mejor que uno con más”, declaró. Funcionarios estadounidenses calculan que China podría superar en misiles desplegados a Estados Unidos en aproximadamente cuatro años.
Grossi también se refirió a Corea del Norte, cuyo programa nuclear avanza “bastante rápido” según sus propias palabras, y lamentó la falta de acceso directo para verificar el estado real de ese arsenal. En Siria, donde la caída de Bashar al-Assad dejó al descubierto indicios de un programa nuclear clandestino del régimen anterior, el OIEA trabaja para despejar incógnitas pendientes. Cuando se le preguntó si había material sin contabilizar, Grossi respondió que ese asunto forma parte del diálogo en curso con Damasco.
El escenario que describe el director del OIEA es el de un régimen de no proliferación bajo presión simultánea en todos sus flancos: potencias establecidas que rearman, aspirantes que debaten cruzar la línea, acuerdos de verificación caducados y mecanismos de inspección bloqueados. El artículo 6 del TNP obliga a las potencias nucleares a negociar de buena fe hacia el desarme. Grossi lo reconoce como aspiración, pero se declara realista: “En este momento de la historia, no es algo que vayamos a ver.”













