Israel y el Líbano se sentarán de nuevo el próximo jueves en el Departamento de Estado de Washington para una segunda ronda de conversaciones directas, confirmó este lunes el Gobierno de Estados Unidos. El encuentro se produce apenas nueve días después del primer diálogo de alto nivel entre ambos países desde 1993, al amparo de un alto el fuego de diez días que entró en vigor el pasado 16 de abril tras semanas de ofensiva israelí en el sur del Líbano.
El portavoz del Departamento de Estado precisó que las conversaciones se celebrarán “a nivel de embajadores” y que Washington seguirá actuando como facilitador del proceso. “Continuaremos facilitando conversaciones directas y de buena fe entre ambos gobiernos”, señaló la fuente, según EFE.
Por parte libanesa, la delegación estará encabezada por Simon Karam, veterano diplomático que fue embajador del Líbano en Washington entre 1992 y 1993 y que ya participó en diciembre pasado en las primeras conversaciones civiles con Israel celebradas en la localidad sureña de Naqoura, en el marco del acuerdo de alto el fuego de noviembre de 2024. El presidente libanés, Joseph Aoun, fue explícito al anunciar el nombramiento: “nadie más participará en esta misión ni sustituirá al Líbano”. La delegación israelí volverá a estar encabezada por el embajador Yechiel Leiter, quien ya lideró la primera ronda.
La reunión del 14 de abril, con la participación de Leiter y la embajadora libanesa Nada Hamadeh, fue el contacto directo de más alto nivel entre ambos países desde 1993. Israel y el Líbano se encuentran técnicamente en guerra desde la fundación del Estado hebreo en 1948 y nunca han firmado un tratado de paz. Hasta la semana pasada, cualquier forma de diálogo directo entre sus gobiernos era impensable en el corto plazo.
El Líbano fue arrastrado al actual conflicto el 2 de marzo, cuando Hezbollah abrió un nuevo frente contra Israel en apoyo a Irán, días después de que Washington y Tel Aviv lanzaran operaciones militares contra la República Islámica el 28 de febrero. El Ejército israelí respondió con una ofensiva terrestre y aérea en territorio libanés que, según las autoridades del país, ha causado más de 2.300 muertos y ha desplazado a más de un millón de personas.
Las conversaciones excluyen deliberadamente a Hezbollah, que rechaza cualquier negociación con Israel. El presidente Aoun situó la disyuntiva en términos directos: el Líbano se enfrenta a elegir entre “la continuación de la guerra, con sus graves repercusiones humanitarias, sociales, económicas y soberanas, o las negociaciones para ponerle fin”. “Yo elegí la negociación con la esperanza de que podamos salvar al Líbano”, afirmó, según EFE. Beirut también rechazó que Irán actúe como interlocutor en su nombre, y declaró estas conversaciones independientes del diálogo paralelo entre Washington y Teherán en Islamabad, cuya segunda ronda atraviesa un delicado impasse.
El proceso se desarrolla sobre terreno inestable. Netanyahu declaró que las fuerzas israelíes no se retirarán de sus posiciones en el sur del Líbano durante la tregua. Trump, que ha impulsado activamente la mediación, invitó a Netanyahu y a Aoun a una reunión en la Casa Blanca que, de materializarse, sería el primer encuentro entre jefes de Estado israelí y libanés en casi cuatro décadas. La brecha entre ambas partes sigue siendo profunda: Beirut exige el fin de la ocupación israelí del sur y el despliegue del ejército libanés en la frontera reconocida internacionalmente; Tel Aviv condiciona cualquier acuerdo duradero al desarme de Hezbollah. La celebración de una segunda ronda antes de que expire la tregua indica voluntad de mantener el canal abierto, pero no garantiza que las posiciones estén cerca de converger.












