
Durante décadas, los científicos imaginaron que la Luna y la Tierra sobrevivieron a una lluvia feroz de asteroides en sus primeros años. El hallazgo más reciente desafía esa imagen: las nuevas muestras de la cara oculta de la Luna evidencian que el bombardeo de asteroides fue una caída lenta y sostenida, no una explosión repentina. Así lo muestra la investigación publicada en Science Advances.
A diferencia de la Tierra, donde la erosión y la actividad geológica han borrado casi todas las huellas de los impactos más antiguos, la Luna conserva un archivo intacto de su pasado. Las muestras recolectadas durante la misión Chang’e-6 de China marcan la primera vez que los científicos acceden a fragmentos de la cara oculta, una región mucho menos alterada por procesos posteriores.
“El análisis de estas rocas antiguas permite entender mejor cuándo ocurrieron los grandes impactos de asteroides y cómo evolucionó el Sistema Solar primitivo”, explicó Fred Jourdan, investigador de la Universidad de Curtin. Las rocas de la cara oculta guardan un registro más puro porque esta zona estuvo menos afectada por eventos geológicos posteriores que la cara visible.

La historia reescrita del bombardeo lunar
Hasta ahora, los modelos más aceptados hablaban de un “bombardeo intenso y repentino” que habría marcado el destino de la Luna y la Tierra poco después de su formación. Sin embargo, el equipo internacional liderado por el Instituto de Geoquímica de Guangzhou, perteneciente a la Academia China de Ciencias, encontró pruebas de una disminución paulatina de los impactos.
Los fragmentos analizados por la misión Chang’e-6 muestran evidencias de colisiones ocurridas entre hace 4.330 millones y 1.130 millones de años. Gracias a la técnica de geocronología 40Ar/39Ar, los científicos pudieron reconstruir una secuencia de impactos de más de tres mil millones de años.
“La Luna es como una cápsula del tiempo: ha conservado un registro de acontecimientos que han sido borrados de la Tierra por la erosión, la tectónica de placas y otros procesos geológicos”, sostuvo Jourdan. Es decir, estas rocas funcionan como un archivo natural para explorar los primeros capítulos de la historia del Sistema Solar.

La Tierra y la Luna se formaron juntas y compartieron su primera etapa. Por eso, cada impacto registrado en el satélite arroja luz sobre las condiciones del planeta durante su juventud. Según la investigación, la evidencia de estos impactos ha desaparecido casi por completo de nuestro planeta, pero sigue presente en la superficie lunar.
“Cada impacto importante registrado en la Luna nos dice algo sobre las condiciones que experimentó la joven Tierra”, resaltó Jourdan. Al estudiar las rocas lunares, los científicos pueden retroceder miles de millones de años y reconstruir los eventos que moldearon ambos mundos. Esto ayuda a comprender el papel de los asteroides en la evolución planetaria y en la creación de condiciones que podrían haber permitido la aparición de la vida.
El hallazgo ocurre en pleno auge de la exploración lunar. La misión Chang’e-6 se convirtió en la primera en traer de regreso muestras de la cara oculta, un hito para la investigación espacial. La investigación fue dirigida por el Laboratorio Estatal Clave de Procesos y Recursos de las Profundidades Terrestres, en colaboración con entidades de China y Australia.
“Estas muestras nos están ayudando a reescribir partes de la historia de la Luna y sugieren que el Sistema Solar primitivo experimentó una larga disminución en los impactos de asteroides en lugar de un único bombardeo catastrófico”, concluyó Jourdan.
Según los autores, estos resultados influyen directamente en la comprensión de la evolución de los mundos rocosos, incluidos los primeros ambientes que hicieron posible la vida en la Tierra.












