
El Ministerio de Transportes de Qatar ordenó este lunes la suspensión indefinida de toda actividad marítima no comercial, una medida de emergencia dictada un día después de que las autoridades confirmaran la muerte de un ciudadano qatarí alcanzado por metralla mientras navegaba en una embarcación particular. El incidente, ocurrido durante el intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán en el estrecho de Ormuz, pone de manifiesto que la guerra en el Golfo ya cobra víctimas civiles en países ajenos al conflicto.
La directiva ordenó a propietarios y usuarios de embarcaciones de recreo, barcos pesqueros, motos acuáticas y cualquier otra nave privada que detengan sus actividades con efecto inmediato y hasta nuevo aviso. La medida, adoptada en coordinación con los organismos de seguridad, no afecta a los buques sometidos a convenios marítimos internacionales, que pueden continuar operando con normalidad.
El detonante fue un suceso registrado la noche del sábado 27 de junio, cuando los sistemas de monitoreo de la Dirección General de Costas y Fronteras detectaron que una embarcación con dos personas a bordo no había regresado al puerto a la hora prevista. Los equipos de rescate la localizaron en la madrugada del domingo 28. A bordo encontraron a un ciudadano qatarí muerto por heridas de metralla y a un residente árabe con heridas estables que fue trasladado a un hospital. El Ministerio del Interior no atribuyó la metralla a ningún bando, aunque reconoció que el origen eran “las operaciones militares en la región”.
Los hechos se inscriben en una semana de escalada en el Golfo. El jueves 25 de junio, la Guardia Revolucionaria iraní atacó con un dron el buque Ever Lovely, de bandera singapurense, al cruzar el estrecho de Ormuz. Estados Unidos respondió con bombardeos contra instalaciones iraníes de misiles, drones y radar costero. Irán replicó el sábado con un nuevo impacto sobre el petrolero Kiku, de bandera panameña y cargado con crudo qatarí, según informó Reuters. La madrugada del domingo, Teherán lanzó misiles y drones contra instalaciones militares en Baréin y Kuwait, que los interceptaron sin registrar bajas entre las fuerzas estadounidenses.
El fondo del conflicto es la disputa sobre el control del estrecho de Ormuz, el canal por el que transitaba, antes del inicio de la guerra en febrero, cerca del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo. El 17 de junio, Irán y Estados Unidos firmaron un memorando de entendimiento para normalizar el tráfico en 60 días. Sin embargo, ambas partes lo interpretan de forma opuesta: Teherán sostiene que el texto le otorga autoridad exclusiva sobre el estrecho; Washington insiste en que la libertad de navegación es un principio del derecho internacional que ningún acuerdo bilateral puede limitar.
Irán comenzó a exigir tasas a los buques en tránsito, práctica que Estados Unidos declaró inaceptable. Trump calificó los ataques de violación del alto el fuego. El canciller iraní, Abbas Araghchi, advirtió que cualquier arreglo paralelo al control de Teherán agravaría la tensión, según la agencia estatal iraní. Ante la escalada, ambos países acordaron el domingo retomar las negociaciones este martes en Doha, informó un funcionario estadounidense a Axios.
La muerte del ciudadano qatarí introduce una dimensión que el conflicto aún no había adquirido con nitidez: la del daño civil en países que optaron por la neutralidad. Qatar no ha señalado a ningún responsable, pero la presencia de metralla en sus aguas bastó para que el gobierno cerrara el mar a sus propios ciudadanos. La paradoja es reveladora: el país que este martes acogerá las negociaciones para encauzar la crisis acaba de prohibir a su población salir a navegar por ella.













