El collar de Cucusa marcaba una rareza: durante horas, la hembra de aguará guazú casi no se movía. En el interior de los matorrales del norte del Parque Nacional Ansenuza, en Córdoba, además, se escuchaban gemidos. Antes de que las imágenes confirmaran el nacimiento, esas señales llevaron a Augusto Distel, investigador del proyecto Aguará Guazú para Aves Argentinas, a sospechar que había crías ocultas entre la vegetación.
A una distancia prudencial del refugio, Distel instaló ocho cámaras trampa. Al día siguiente, el 4 de julio, las imágenes confirmaron el nacimiento de cuatro cachorros de aguará guazú. Tenían entre dos y tres días de vida, según la estimación del investigador.

El monitoreo, que continúa, se realiza cerca de La Rinconada, en el sector norte del área protegida. Allí, los aguará guazú buscan matorrales densos para refugiarse de las condiciones climáticas, descansar y criar. Predominan el palo azul (Cyclolepis genistoides) y el jume negro (Allenrolfea vaginata), una vegetación cerrada que ofrece cobertura a los adultos y a las crías durante sus primeros días de vida.
La inmovilidad de Cucusa y los gemidos entre los matorrales dieron la primera señal
Los datos enviados por el collar GPS/VHF mostraron que Cucusa permanecía durante períodos prolongados casi en el mismo sitio, incluso en horarios de mayor actividad. En diálogo con Infobae, Distel explicó que ese comportamiento puede responder al descanso, a la cercanía de alimento o a un problema físico. Sin embargo, dijo que el momento del año y los desplazamientos previos de la hembra llevaron a considerar otra posibilidad: que hubiera parido.

El investigador señaló que, en los primeros días después del nacimiento, la hembra pasa gran parte del tiempo con las crías y solo se aleja para buscar agua y alimento. Al acercarse al sector, encontró además un sendero de uso frecuente entre la vegetación que conducía hacia el sitio donde Cucusa se mantenía oculta.
“A partir de estos indicios, decidí instalar cámaras trampa a una distancia prudencial del lugar, con el objetivo de confirmar qué estaba ocurriendo sin generar una perturbación innecesaria”, relató.
Durante la instalación de las cámaras apareció otra pista. “En reiteradas oportunidades pude escuchar gemidos provenientes del interior de la vegetación, compatibles con vocalizaciones de cachorros. Esa señal auditiva reforzó la hipótesis que luego confirmaron las imágenes”.
Las cámaras se colocaron a más de 20 metros del refugio y registraron la camada al día siguiente
Distel eligió los puntos de instalación según la ubicación de la hembra, el conocimiento previo del terreno y las sendas de tránsito que atraviesan el matorral. “En un ambiente de vegetación cerrada, los lugares aptos para ubicar cámaras son limitados y los animales utilizan caminos definidos para desplazarse”, explicó a Infobae.

Fue así que las ocho cámaras se distribuyeron en sitios estratégicos, siempre a una distancia mínima de 20 metros del refugio de Cucusa. El objetivo era confirmar lo que ocurría sin irrumpir en el área de crianza ni modificar la conducta de la hembra. La primera imagen de los cuatro cachorros llegó al día siguiente.
“La confirmación de que eran cuatro cachorros surgió al analizar la secuencia completa de registros, en los que fue posible observar a los distintos individuos en diferentes momentos”, precisó Distel.
Cuando Cucusa trasladó a la camada a otro refugio, el investigador revisó el sitio anterior y corroboró que no hubiera quedado ninguna cría abandonada. Los videos confirmaron que se trataba de cachorros de aguará guazú.
“En los primeros registros, los cachorros todavía tenían los ojos cerrados y presentaban el tamaño y las características propias de los primeros días de vida, lo que coincide con la estimación de que habían nacido pocos días antes”, describió sobre las primeras imágenes del 4 de julio.
La madre realizó los primeros traslados y el macho apareció después con alimento y marcas territoriales
Una de las observaciones que más llamó la atención de Distel fue que el macho no participó de manera directa en los primeros traslados de los cachorros. La intervención paterna en el cuidado de las crías está documentada para el aguará guazú, pero en las secuencias iniciales registradas por las cámaras fue Cucusa quien hizo sola esas tareas.
Con el paso de las semanas, el seguimiento reveló otras conductas. La hembra trasladó a los cachorros entre refugios y permaneció con frecuencia en los sectores de crianza. También aportó alimento que luego regurgitó para las crías. El macho comenzó a aparecer de manera más evidente con el aporte de comida, recorridos y marcas frecuentes del área donde se encontraba la camada.

Los cachorros permanecen juntos y ligados al refugio durante sus primeras semanas. Cuando superan aproximadamente un mes de vida, empiezan a alejarse del sitio de descanso, exploran el entorno y pueden ser captados solos o junto a alguno de sus hermanos en distintos puntos del área de crianza.
“En el caso particular de Cucusa, he observado que durante estas primeras etapas cambia periódicamente a los cachorros de sitio, utilizando diferentes refugios dentro del área de crianza. La participación del macho se hizo más evidente posteriormente, tanto en el aporte de alimento como en el recorrido y marcado frecuente del área”, relató Distel.
A medida que crecieron, las cámaras registraron escenas de cercanía entre la madre y sus crías, que Distel definió como “momentos muy íntimos”, algunos de ellos emotivos. Más allá de esas imágenes, el investigador destacó su valor para conocer cómo se desarrolla la camada en condiciones silvestres, sin intervención ni asistencia humana.
Según contó, las cámaras permiten medir la frecuencia y los horarios de los traslados, el tiempo de permanencia en cada refugio y la distancia entre un sitio y otro. Esos datos ayudan a comprender qué características priorizan los padres al elegir el lugar donde permanecen las crías. También posibilitan seguir una eventual aparición de otros adultos, un dato relevante en una especie territorial cuyas parejas mantienen áreas de uso definidas.
Fuegos, fauna doméstica y depredadores forman parte de los riesgos durante los primeros meses
Los cachorros tienen movilidad limitada al comienzo y dependen de los refugios elegidos por sus padres. Para Distel, uno de los mayores riesgos es la ocurrencia de fuegos provocados por personas. A esa amenaza se suma la presencia de perros y gatos, que pueden causar agresiones o transmitir enfermedades graves a la fauna silvestre.

En el ambiente natural, las crías también son vulnerables frente a depredadores como pumas, pecaríes de collar, gatos monteses, zorros y jabalíes. Por eso, cada ingreso al área de monitoreo se planifica para reducir al máximo la presencia humana.
“Antes de ingresar al área para revisar, retirar o cambiar las cámaras trampa, primero verifico la ubicación de ambos padres mediante los datos de los collares. Los puntos GPS y la localización en terreno mediante VHF permiten decidir cuándo es posible entrar y cuándo conviene postergar la visita”, contó Distel.
También resaltó que es clave evitar los horarios en los que los cachorros suelen descansar o alimentarse: “La prioridad es obtener información sobre su desarrollo y comportamiento sin modificar las rutinas naturales de la familia ni generar una presencia humana innecesaria en el área de crianza”.
El seguimiento busca saber cuántas crías logran independizarse y qué amenazas enfrentan
El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) está categorizado en peligro de extinción en Córdoba. Para Distel, el nacimiento de cuatro cachorros en Ansenuza constituye un “antecedente relevante”, pero el valor del registro también está en la posibilidad de “reunir información sobre reproducción, crianza, refugios, uso del ambiente y riesgos durante los primeros meses”.
La observación de los animales en silvestría permite conocer sus necesidades, sus conductas y las etapas en las que pueden ser más vulnerables. “Ese conocimiento es fundamental para poder tomar mejores decisiones a la hora de conservar y proteger a la especie”, sostuvo el investigador. Además, explicó que no todos los cachorros llegan a la adultez.
De ahora en más, el monitoreo de Cucusa continúa con el collar GPS/VHF y las cámaras trampa bajo el mismo criterio de mínima intervención. “A medida que los cachorros crezcan, esperamos poder conocer cómo comienzan a independizarse, qué ambientes utilizan y cuáles son los principales factores que pueden favorecer o limitar su supervivencia. Esa información será una herramienta concreta para orientar futuras medidas de conservación del aguará guazú en Ansenuza”, concluyó.













