
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en El Salvador impulsa talleres comunitarios de alimentación saludable como parte del proyecto CORDEM, una iniciativa ejecutada con el financiamiento de la Embajada de Canadá y en coordinación con la Asociación de Comunidades Unidas del Golfo de Fonseca (ACUGOLFO) y el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA).
El proyecto busca fortalecer las capacidades locales en nutrición y promover prácticas alimentarias sostenibles, especialmente en zonas rurales y comunidades vulnerables del oriente del país.
CORDEM, cuyo nombre responde a “Consolidación de la Resiliencia y el Desarrollo de Medios de Vida en el Golfo de Fonseca”, tiene como propósito central mejorar la seguridad alimentaria y nutricional de familias campesinas mediante la promoción de cultivos de alto valor nutricional, la diversificación alimentaria y la generación de ingresos.
El proyecto se desarrolla desde el 2023 y se extiende a lo largo de los municipios de Corinto, Cacaopera y Perquín, en los departamentos de Morazán y La Unión, donde se ubican las comunidades de La Laguna, Tierra Blanca y Rancho Quemado.
La metodología de CORDEM se sustenta en la capacitación práctica de las familias beneficiarias a través de talleres presenciales. En estos espacios, mujeres y hombres de distintas edades, incluidos adultos mayores y jóvenes, reflexionan sobre la importancia de una alimentación saludable.

Los participantes reciben formación sobre el uso de especies locales y cultivos promovidos por el proyecto, como malanga, moringa, chaya y mango, integrando estos productos en recetas innovadoras y prácticas, según datos publicados por la FAO. Las actividades se desarrollan en ambientes comunitarios y buscan fomentar el trabajo colaborativo, la toma de decisiones informadas y el bienestar integral de las familias.
Uno de los principales enfoques es la participación activa de las mujeres rurales, quienes representan la mayor parte de los asistentes a los talleres. Ellas lideran la preparación de alimentos y la transmisión de conocimientos sobre nutrición, aunque también se integran hombres y personas mayores, evidenciando un esfuerzo por involucrar a todos los sectores de la comunidad.
Los niños y adolescentes acompañan a sus familias, aprendiendo desde temprana edad la importancia de la alimentación balanceada y el consumo de productos locales.
Durante las jornadas, los participantes preparan platillos con hortalizas frescas, hojas verdes y frutas de temporada, promoviendo el consumo de alimentos de alto valor nutritivo.
Además, se realizan dinámicas grupales para comprender la composición de una dieta equilibrada y se refuerzan prácticas agrícolas sostenibles que aseguren la disponibilidad de insumos en cada ciclo productivo.
El proyecto también apuesta por la innovación culinaria, combinando recetas tradicionales con técnicas modernas y el aprovechamiento integral de los cultivos.
El presupuesto destinado a CORDEM proviene principalmente de la cooperación internacional, con una inversión de la Embajada de Canadá que respalda la operatividad, la compra de insumos, la logística y la remuneración de formadores locales. La magnitud de las actividades y la cobertura comunitaria evidencian un apoyo financiero sostenido y orientado a resultados medibles.

Las comunidades beneficiadas presentan una alta vulnerabilidad socioeconómica y enfrentan desafíos recurrentes como la inseguridad alimentaria, el acceso limitado a servicios básicos y la migración. CORDEM responde a estas problemáticas incidiendo directamente en la mejora de la dieta familiar, la generación de capacidades y el fortalecimiento del tejido social.
La integración de mujeres, hombres, personas adultas mayores, jóvenes y niños refleja la apuesta por una transformación comunitaria liderada desde la base y con enfoque de sostenibilidad.
El impacto de los talleres impulsados por la FAO se refleja en la apropiación de nuevos conocimientos, la diversificación de la dieta y la integración de hábitos saludables en la vida cotidiana.
Las familias participantes reconocen la importancia de consumir productos locales y de temporada, valorando la riqueza nutricional de especies como la moringa y la chaya. Este enfoque no solo contribuye a mejorar la salud, sino que también promueve la autonomía alimentaria y la resiliencia frente a los efectos del cambio climático y las crisis económicas.
En conclusión, el proyecto CORDEM, ejecutado por la FAO El Salvador junto a sus socios estratégicos, representa una intervención integral orientada a transformar los sistemas alimentarios en comunidades rurales, empoderando a mujeres y hombres de todas las edades y generando impactos positivos en la nutrición, la salud y el bienestar de las familias salvadoreñas.













