El primer ministro británico, Keir Starmer, desafió este miércoles desde la cumbre del G7 celebrada en Évian a quienes reclaman su renuncia y prometió combatir cualquier impugnación formal a su liderazgo. Lo hizo horas antes de que este jueves se celebre la elección parcial de Makerfield, una circunscripción del noroeste de Inglaterra donde el alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, aspira a recuperar un escaño parlamentario que lo convertiría en el principal aspirante a sucederlo al frente del Partido Laborista.
“Si hay un desafío, tengo la intención de pelear en cualquier contienda a mi liderazgo”, declaró Starmer a la BBC. “No creo que deba haber un desafío, porque creo que eso sería malo para el país.”
La crisis que atraviesa el Gobierno laborista es la más grave desde que Starmer llegó al poder en julio de 2024. En menos de un mes, seis miembros del Ejecutivo presentaron su dimisión, incluidos el ex secretario de Sanidad, Wes Streeting, y el ex ministro de Defensa, John Healey, dos figuras de peso que abandonaron el gabinete con críticas públicas y contundentes al primer ministro.
Streeting, que renunció en mayo con la frase “donde necesitamos visión, hay un vacío”, fue el primero en anunciar su intención de disputarle el liderazgo a Starmer. Este martes por la noche, en una entrevista con el programa Newsnight de la BBC, elevó la presión: aseguró contar con el respaldo de los 81 diputados laboristas necesarios para activar formalmente una contienda interna y pidió al primer ministro que usara el fin de semana para “reflexionar sobre su posición”. Bajo las normas del partido, ese umbral —equivalente al 20% del grupo parlamentario laborista— es el que permite presentar un candidato alternativo a la dirección.
“Preferiría que el primer ministro tomara una decisión por sus propios medios antes que dejar que yo, o Andy, o cualquier otro tuviera que activar una contienda”, dijo Streeting. “No podemos seguir con esta incertidumbre y esta parálisis.”
La elección parcial de Makerfield, que se celebra este jueves 18 de junio, es el detonador inmediato de toda la crisis. El escaño quedó vacante cuando el diputado laborista Josh Simons renunció en mayo de forma deliberada para abrirle el camino a Burnham, quien no puede disputar el liderazgo del partido sin ser primero miembro del Parlamento. Las reglas laboristas exigen que cualquier candidato a la dirección sea diputado en activo. Encuestas recientes del instituto Convergent para The Times sitúan a Burnham con el 49% de intención de voto frente al 37% del candidato de Reform UK, el partido de Nigel Farage, lo que convierte la parcial en una carrera competitiva pero con Burnham como claro favorito.
El deterioro del laborismo tiene raíces que van más allá de la crisis personal de Starmer. Desde las elecciones locales del 7 de mayo, en las que el partido sufrió sus peores resultados desde hace años y Reform UK consolidó su avance en bastiones obreros del norte de Inglaterra, más de 95 diputados laboristas han pedido públicamente la salida del primer ministro o que fije un calendario de transición. A las dimisiones de Streeting y Healey se sumaron en semanas previas las de la ex viceprimera ministra Angela Rayner y la del embajador en Washington, lord Mandelson, en medio de revelaciones sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein.
La parcial de Makerfield encierra una paradoja política de fondo: fue convocada para resolver la inhabilidad reglamentaria de Burnham, pero Starmer la utilizó esta semana para intentar reencauzar las expectativas del partido. Si Burnham gana, como anticipan las encuestas, el primer ministro tendrá pocas semanas —o quizás días— para demostrar que puede mantenerse en el cargo antes de que se abra formalmente la que sería la primera contienda interna laborista desde que Jeremy Corbyn cedió el liderazgo en 2020.













