
Se sabe: Jorge Luis Borges contaba -¿con orgullo?- que la primera vez que leyó el Quijote, lo leyó en inglés, porque así estaba en la biblioteca de su casa. Algunos han puesto en duda esta versión pero si tuvieran razón, si no fuera cierto, esto hablaría más todavía de la relación de Borges con Inglaterra, con su idioma, con su literatura: es algo que al escritor argentino le gustaba repetir. ¿Por quién hincharía hoy Borges? Difícil saberlo, siendo que despreciaba el fútbol como algo que “despierta las peores pasiones”. Hablaba del nacionalismo.
“Las dictaduras dogmáticas hallan su enemigo natural en el suelo inglés. Nadie ignora la parte definitiva que tuvieron las armas de Inglaterra en el vencimiento de Hitler, de Napoleón y de Felipe II», escribió. De ese lado se ponía él mismo en un texto de 1962, aunque luego haya tenido un posicionamiento político complejo: fue antifascista pero apoyó dictaduras.
“Puedo decir que siempre estuve en Oxford y, con más certidumbre, que siempre estuve en Inglaterra, no sólo por alguna sangre inglesa que tengo, sino porque casi todo lo que yo he leído, lo he leído en inglés», le dijo el escritor a la BBC en 1969, cuando la Universidad de Oxford le dio el Doctorado Honoris Causa. Pero, claro, es el mismo hombre que en 1923, a los 24 años, había escrito: “Los años que he vivido en Europa son ilusorios,/ yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires“. ¿El corazón partido? ¿Por quién hincharía Borges esta tarde, en el encuentro entre Argentina e Inglaterra en este Mundial 2026?

Lo de la sangre tiene que ver con su abuela paterna: Jorge Luis Borges nació en una familia donde el inglés y el español compartían el espacio doméstico. La madre de Jorge Guillemro Borges, Frances Haslam, era oriunda de Staffordshire, Inglaterra, y su presencia en la casa familiar convirtió el bilingüismo en una experiencia cotidiana. El propio Borges admitía que de niño no distinguía entre ambos idiomas.
En 1962, entonces, el autor publicó Inglaterra, un texto donde da algunos indicios, puntas, de cómo ve el alma y la historia inglesas.
“¿Quién, bajo César, hubiera profetizado que aquellas islas desgarradas y laterales que están como perdidas en los últimos confines de un continente emergerían de su bruma de fábula y dominarían los mares del mundo?»
Y allí, también, habla, con belleza, del origen de la grandeza inglesa: “Las noches y los días, las vicisitudes geológicas, los rigores, el negro y el blanco invierno, las breves rosas, los ritos de los celtas, el orden romano, el ruiseñor y el arpa, las lluvias, las guerras del sajón, y del vikingo, la nueva fe, la cruz que se elevó en los santuarios de Woden o de Thor, los normandos, el hábito de la Biblia y, sobre todo, los peligros y la pasión del mar circundante fueron trabajando a Inglaterra para su destino imperial“.

Luego, Borges traza una línea entre un supuesto carácter inglés, la filosofía y la política: «Cada inglés es una isla, ha dicho Novalis. En el campo de la filosofía, esta incurable soledad central de las almas inglesas ha dado el nominalismo, el empirismo y el positivismo lógico, como hace del cosmos una serie de verbos impersonales, sin sujeto ni objeto; en el de la política, el individualismo y la democracia, que Inglaterra ha ejercido y ha divulgado sobre la faz del mundo».
Y, finalmente, el argentino abre su corazón: “Quienes queremos a Inglaterra lo hacemos con amor personal, como si se tratara de un ser humano, no de una forma eterna”.
¿Por quién hincharía este admirador de Inglaterra, este escritor formado en el idioma de Shakespeare, el que dictó un famoso curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires? Difícil: «El fútbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte», dijo , porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así. La idea de que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible».Pero no era sólo eso. Como el crítico agudo que fue, Borges señalaba que si lo que más importa es el resultado, en realidad el juego no importa mucho: «El fútbol en sí no le interesa a nadie. Nunca la gente dice ‘qué linda tarde pasé, qué lindo partido vi aunque haya perdido mi equipo’. No lo dice porque lo único que interesa es el resultado final. La gente no disfruta del juego».













