
Con solo 18 años Stephanie Orantes se ha posicionado como la mentora más joven en programas de robótica en El Salvador. Su dedicación le ha permitido representar el país en competencias internacionales, pero también formar a otros estudiantes en clubes de ciencia y tecnología.
El caso de Stephanie refleja la historia de una joven que, con el apoyo de becas, logró abrirse camino en el ámbito educativo y tecnológico de El Salvador. Su ingreso a la Fundación Salvador del Mundo (FUSALMO) fue clave para su desarrollo a los 15 años.
Tras varias pruebas fue seleccionada para iniciar en un programa extracurricular donde tenía la oportunidad de desarrollar en el área de robótica y programación.
La joven originaria de Lourdes Colón, explicó que la distancia era uno de los principales retos en el proceso de educación. La experiencia no se limitó al aprendizaje local: representó al país en competencias internacionales en Singapur, México y Grecia, poco después empezó a compartir sus conocimientos con otros jóvenes, primero como voluntaria y luego como mentora.

En entrevista con Infobae, Stephanie relató: “Cuando comencé las clases tenía 15 años, mis padres no me dejaban viajar sola, así que nos transportábamos en grupo.
Era un trayecto largo, pagaba $6 de ida y de vuelta, era un poco caro para nosotros, al principio mi papá me acompañaba. Luego, al ver mi compromiso, me permitieron viajar sola.
”La constancia y el sacrificio marcaron su rutina. Asistía a clases en su instituto por las mañanas, continuaba en el centro Supérate gracias a una segunda beca, sus tardes, sábados e incluso los domingos estaban dedicados a su preparación en robótica. “Mi nota mínima fue 10. A pesar de las jornadas extensas, no descuidé la educación, porque era un requisito y también una responsabilidad personal”, explicó.
Stephanie también formó parte del programa Supérate, donde fue reconocida como cuadro de honor de excelencia durante tres años consecutivos. “El programa es exigente, pero siempre estuve entre los mejores. No salía mucho con mis amigos, mi diversión era la robótica. FUSALMO era mi lugar de esparcimiento, liberaba mi creatividad y ahí conocí a muchas personas”, contó.

La oportunidad de representar a El Salvador a temprana edad marcó un antes y un después en su vida. “Al principio quería estudiar Mercadeo o Comunicaciones, pero la robótica me mostró que la matemática aplicada es una forma de pensar, no solo de resolver números.
Eso me llevó a decidirme por la Ingeniería Mecatrónica”, detalló. Actualmente cursa el segundo año de esa carrera en una universidad privada, con una beca que obtuvo por su desempeño.
Además de competir en Singapur y México, en 2024 viajó a Grecia como representante del país. Ese mismo año, tras graduarse de bachillerato, asumió el rol de mentora del Team El Salvador y acompañó a otros jóvenes en una competencia en Panamá, donde lograron posicionarse entre los 50 mejores equipos a nivel mundial.
Convertirse en mentora fue un paso natural para Stephanie. “Siempre me ha gustado ayudar.
Al principio me daba miedo guiar a otros que tenían mi edad, pero poco a poco fui aprendiendo. Ahora soy responsable de crear material didáctico en la categoría de 14 a 17 años, debo compartir ese conocimiento con otros profesionales en diferentes sedes del país”, compartió.

Hoy, su rutina comienza a las cuatro de la mañana para trasladarse a sus clases universitarias, cada día lucha contra el tráfico para movilizarse a su lugar de trabajo, el tiempo de traslado también es aprovechado para leer.
“Llego a casa entre las ocho y nueve de la noche, ceno, estudio una o dos horas más antes de dormirme. Los domingos también los dedico al estudio”, afirmó.
Para Stephanie, la educación y la tecnología no son solo caminos individuales, sino vehículos para transformar la vida de otros jóvenes salvadoreños. “En FUSALMO no solo enseñamos, también aprendemos haciendo. Es un ecosistema integrado donde todos tenemos la oportunidad de liderar y crecer”, concluyó.
Stephanie tiene claro su objetivo profesional: especializarse en la creación de casas inteligentes, un campo que considera fundamental para el desarrollo tecnológico del país.
Su interés por la domótica surge del deseo de aplicar la ingeniería mecatrónica en soluciones que permitan a las familias salvadoreñas mejorar su calidad de vida mediante la automatización de procesos y el aprovechamiento eficiente de los recursos.
Para ella, la innovación en viviendas inteligentes no solo representa un avance en comodidad y seguridad, sino también una oportunidad para que más personas accedan a tecnologías que faciliten el día a día y contribuyan al progreso social.

“No hay un mañana, es ahora cuando debemos hacer las cosas”, afirma, convencida de que el esfuerzo constante marca la diferencia en el camino hacia el éxito.













