
Hay cifras que describen un gobierno y otras que terminan definiéndolo. En Nuevo León debemos empezar a discutir una que define desde ahora lo que será el triste legado de Samuel y su Fosfo Team: $100 mil millones de pesos.
No hablo de $100 mil millones de deuda nueva. Hablo de algo más preocupante y mucho más grave: la exposición financiera adicional que esta administración dejará entre nueva deuda registrada, pasivos a proveedores y la factura de las obras que alguien tendrá que corregir, replantear y terminar de alguna forma dado de que fueron mal y caprichosamente concebidas (por no decir que fueron diseñadas para “el moche”, antes que para el beneficio social).
Samuel García recibió un estado con alrededor de $73 mil millones de pesos de deuda. Para 2026 se estima que el saldo llegue a un mínimo de $112 mil millones: 39 mil millones adicionales. A ese ritmo Samuel García será el gobernador que más haya endeudado a Nuevo León, un primer lugar real (por fin) que nadie la va a disputar.
Pero ahí no termina la cuenta. Falta terminar el Metro, es decir $20 mil millones más. Falta la carretera Interserrana y $30 mil millones de pesos ineludibles. Hay proveedores con pagos atrasados por miles de millones, organismos estatales que están creando mecanismos opacos para ocultar deuda y asegurar la obtención desesperada de recursos, obras pendientes e inconclusas por todos lados (solo en el Parque del Agua hay $500 millones en la balanza) y compromisos que seguirán consumiendo recursos después de que termine esta administración.
Samuel se va. La factura se queda. Y aquí está la discusión verdaderamente importante. Endeudarse para construir infraestructura productiva que acelere el crecimiento, mejore la calidad de vida de las familias y la armonía social puede ser una buena decisión. Endeudarse, gastar por ocurrencia y dejar obras inconclusas y sin sentido es otra cosa.

La OCDE ha advertido, una y otra vez, que la calidad de la inversión pública importa tanto como su volumen: existen enormes diferencias entre gobiernos respecto de cuánta infraestructura y crecimiento consiguen por cada peso invertido. Y todo corporativo de clase mundial en Nuevo León apoyará la tesis. Por eso la pregunta que debemos hacer es brutalmente sencilla:
¿Qué recibió Nuevo León a cambio de la fiesta de la deuda de Samuel, su MODO DEUDA? Porque siguen y están peor que nunca el tráfico, la contaminación, los problemas de agua y las fugas de drenaje y las obras sin terminar.
Y el riesgo hacia adelante es todavía mayor. Una estimación moderada de exposición financiera del estado ronda actualmente los 170 mil millones de pesos y, con sobrecostos, nuevos pasivos y recursos adicionales para concluir proyectos, puede acercarse a 200 mil millones en menos tiempo del que pensamos.
Eso tendría consecuencias muy concretas: menos margen para recursos urgentes en infraestructura, seguridad, agua y movilidad; menor capacidad para acompañar nuevas inversiones privadas; y mayor presión sobre las finanzas del siguiente gobierno.
La advertencia crediticia ya apareció: Standard & Poor’s bajó la calificación de Nuevo León de mxA+ a mxA con una perspectiva negativa, por lo que en 12 meses volverán a ajustar y seguramente con un panorama más sombrío. Eso es una herencia de Samuel que es inaceptable.
Inaceptable porque Nuevo León compite todos los días por inversión y crecimiento. El capital no está escriturado a nuestro nombre. Las empresas globales comparan infraestructura, seguridad, agua, energía, talento y también certeza financiera, y Samuel y su herencia deudora los están preocupando.
En contraste total, la Presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, propone con el Plan México, otra lógica: crecimiento, inversión e infraestructura que produzcan bienestar y fortalezcan la capacidad productiva del país. Eso también significa gobernar con una regla profundamente norteña: cuidar el dinero y cumplir. Por eso necesitamos conocer hasta el último compromiso que el Samuelato deja, revisar proyecto por proyecto y, sobre todo, terminar lo que haya que terminar.
La discusión ya no es solamente cuánto debe Nuevo León. Es cuánto del futuro ya comprometieron y qué nos dejaron a cambio. Porque si estamos acercándonos aceleradamente a un escenario donde los compromisos son más grandes que el presupuesto total del gobierno estatal en un año entero, entonces esto es más grande que una discusión contable. Estamos viendo como la incompetencia se gasta el Nuevo León del mañana sin saber qué recibió a cambio el Nuevo León de hoy.
De verdad, ya hay 100 mil millones de razones para que Nuevo León escoja otro camino, uno de Transformación. Urge.
**El autor es Alcalde, con licencia, del Municipio de General Escobedo y aspirante a Coordinador de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nuevo León, México.











