La cantante nacida y criada en el barrio de San Miguel, Buenos Aires, hoy tiene 30 años. Es la menor de 10 hermanos. Su padre es vendedor ambulante y una de sus hermanas tiene una verdulería debajo de su casa.
Desde ell año 2021 está casada con Eduardo Etchepare, su manager, con quien tiene dos hijos: Alma Mía, de seis años, y Thomas, de tres.
El punto de partida de su trayectoria fue el certamen Pasión Canta, del programa televisivo Pasión de Sábado, que ganó en 2012. Ese triunfo marcó el inicio de su carrera profesional en la música tropical.
En 2013 lanzó su álbum debut, De mi barrio con pasión. Ese trabajo le valió el Premio Carlos Gardel en 2016 como Mejor Álbum Artista Femenina Tropical. Después publicó Vivir soñando en 2015 y La voz de los barrios en 2018. Por este último recibió un nuevo Premio Carlos Gardel en 2019.
Las canciones de Rocío Quiroz abordan situaciones cotidianas, historias personales, la vida en barrios humildes, el amor y la lucha contra la violencia de género. Esa problemática, además, forma parte de experiencias que la propia artista enfrentó y trasladó a su música.
Fuera del escenario, su imagen pública también incluye un rasgo de estilo concreto: sus trenzas, que demandan unas 9 horas de trabajo.

Acá, los momentos más destacados de la charla:
—¿En qué momento te encontrás?
—En mi carrera muy bien, haciendo muchas colaboraciones, tratando de mantenerme en la movda; no me puedo quejar, venimos laburando un montón. Y en la parte personal, en familia, siendo mamá.
—¿Qué edad tienen tus hijos?
—Tengo a Alma Mia, de cinco años y Thomás, de tres años.
—¿Y cómo convive tu carrera -me contabas que tuviste varios shows el finde- con la maternidad?
—Trato de los fines de semana hacer nuestro trabajo y los días de semana dedicarme a ser mamá. Llevar a Alma al jardín, estar con ella, y estar con Thomy, que siendo el más chiquito es terrible. Es una etapa nueva en mi vida, aprendiendo también muchas cosas. Hoy entiendo el significado de cuando mamá te retaba o te decía “esto va por acá” y vos decías “no, por ahí no”… Mamá tenía razón
—¿Alma y Thomás entienden a qué se dedica la madre?
—Sí, Alma ahora lo entiende. Al principio no. Cuando llegaba el fin de semana me tenía que escapar por la ventana para que ella no me vea, ¿viste? La distraían un poco y yo me tenía que ir. Pero hoy sabe que mamá se va a trabajar. El que todavía no entiende es Thomy, es muy chiquito. Entonces como que… bueno, lo engañan un poquito, lo llevan a la pieza y ahí es donde yo me escapo.
—Y te escapás.
—Me escapo. Pero bueno, después creo que un poco va entendiendo porque me mandan audios, me hacen videollamada todo el tiempo y también espera la llegada de mamá a la casa de nuevo.
—¿Es el momento más lindo para vos después del show?
—Sí, es el momento más hermoso, que tus hijos salgan corriendo a darte un beso, un abrazo y preguntarte cómo te fue, cómo estás. Y yo lo mismo con ellos, ¿no? Encima soy una mamá intensa que está todo el tiempo llamando, preguntando, haciendo videollamadas.
—¿En algún momento proyectás llevarlos a los shows, a las giras?
—Sí, cuando me voy muchos días viajan conmigo. Se quedan en el hotel mientras yo voy a trabajar. Por ahí me voy en auto y van conmigo los dos. Si no, tratamos de que se queden en casa con la abuela y con un amigo, que son los que me los cuidan cuando yo no estoy.
—Vos sos la más chica de diez hermanos, ¿cómo es eso?
—Es una locura porque encima soy la única que se dedicó a la música. Yo canto desde los seis años, pero nunca imaginé poder llegar a donde estoy hoy. Lo veía muy difícil, muy complicado, pero tuve la posibilidad de cumplir ese sueño.
—¿Tu papá se dedicaba a la venta ambulante?
—Sí, es más, hasta el día de hoy.
—¿Todavía?
—Él no quiere saber nada con dejar de trabajar.
—¿Y dónde vende?
—Por el barrio. Ellos son de San Miguel, zona norte, yo nací en San Miguel. Ahora estoy viviendo en Chascomús, pero el barrio siempre llama. Y la verdad, para mí es un orgullo mi familia. Es un orgullo tener el padre que tengo y la madre que tengo, que me enseñaron lo que es venir desde abajo y a ser feliz con tan poco.
—¿Cómo es ese día a día de un vendedor ambulante y cómo lo veías vos siendo chica?

—Yo lo vivía como que era su trabajo, es su trabajo, que no tiene nada de malo. A él le gusta estar en la calle, compartir con la gente. Vende fruta y verdura, en el verano vende sandía, melón y uno lo acompaña. Yo de chica he salido a trabajar con él.
—¿A qué edad?
—Más o menos a los siete años, ocho, yo me iba atrás de mi papá. O sea, aunque mi mamá me diga que no, yo iba igual. Encima las nenas somos del papá, ¿viste? Mi papá se iba y yo iba atrás, en la camioneta. De grande también lo he hecho y la verdad que no… ¿Viste que por ahí a veces como que te malinterpretan por salir a trabajar en la calle y todo eso? Pero yo lo hacía con orgullo, dedicación, porque sé que mi papá trabaja de los ocho años en la calle. La humildad que manejamos es algo increíble, que mucha gente me pregunta: “¿Y por qué sos así?”, ¿viste? Yo digo: “Porque tengo la crianza de mis viejos, que no teníamos nada y éramos felices”. Y a veces teniendo todo uno no es feliz.
—Cómo hacés para que tus hijos sepan eso que vos viviste o transmitirles eso también?
—Y… hay que enseñarle que no es fácil, que no tienen todo como ellos quieren, sino que a lo que ellos piden hay que darle tiempo… Por ahí decirle hoy no puedo, pero mañana puede ser. Nada… que ellos sepan que no es fácil tampoco. Y también el laburo que uno tiene tampoco es fácil.
—Contaste que tuviste una relación complicada, sufriste violencia de género, y después también lo reflejaste en canciones como Cicatrices, por ejemplo…
—Sí, cuando yo arranqué, estaba en pareja y bueno… sufrí violencia de género. ¿Y qué me pasaba? Yo nunca había contado nada. Claro, tenía dieciséis, diecisiete, por ahí… A nadie literalmente: ni mis viejos ni mis hermanos sabían. Ellos se enteraron por un canal.
—Cuando diste una nota…
—Claro, hice una nota en Pasión, donde tengo la confianza con Donato, que me conoce de toda la vida. Empezamos a charlar así como acá con vos y él me empezó a entrar un poquito a fondo y empecé a contar lo que había vivido. Y él se quedó sorprendido de mi historia.
—¿Y por qué a tus hermanos no les habías contado nada?
—Imaginate, soy la más chica. Casi todos son varones, es como cuidarlos un poco a ellos y que no hagan ninguna locura.
—¿Tenías miedo de que ellos reaccionen?
—Claro, que reaccionen y que lo vayan a buscar. Entonces no quería que tengan problemas, ni ellos nimi papá. Pero en un momento mi papá me vio y yo le pedí por favor que no cuente nada… Y esperé unas tres semanas para volver a salir a la calle porque yo estaba golpeada. Me había pegado en el ojo y quiso clavarme un cuchillo. Entonces me quedó la marca.
—Perdón, para entender, porque capaz que hay gente chica del otro lado que vive en esa situación. ¿Cómo es vivir eso, pasa un día para el otro? ¿Viene acumulándose la violencia hasta que llega ese límite?
—Se viene acumulando… como que te manipulan, ¿viste? Te dicen qué estás haciendo, qué en dónde estás, a qué hora venís y por qué te juntás con este y por qué con el otro y quién es… Es como una manipulación que viene hasta que pasa lo que pasó. Nunca imaginé que iba a pasar por esa situación. A una mujer nunca se le falta el respeto ni se le levanta la mano, ¿viste? Yo siempre trato de decirles a las mujeres que no se queden calladas. Por ahí yo en ese momento me quedé callada por el miedo de que hagan algo a mis hermanos, pero hoy ya no, ¿viste? Hay personas que ya no están por no haber hablado y hoy creo que nos escuchan más que antes.
—¿Cómo fue la situación que te hizo dar el click?
—Él me pega una piña, se pone encima mío, o sea con las piernas me traba las manos y me pega la piña y se va a la cocina. Cuando se va… yo tenía mi pieza en la casa de mi viejo, pero mi viejo tiene la casa grande, entonces él estaba adelante y no escuchaba nada y mi mamá estaba durmiendo. Entonces va a la cocina, agarra un cuchillo y cuando viene me dice que si yo no estaba con él no iba a estar con nadie y me quiso clavar el cuchillo. Yo le pedía por favor que no me haga nada, que por favor que se vaya.
—Vos paralizada por el miedo, me imagino.
—¡Del terror! Porque, ¿cómo te voy a explicar? Nunca salía de mi casa. Siempre estaba con él. Siempre respeté, siempre valoré, siempre cuidé. Y que de repente te pase eso… que no se lo deseo ni a mi peor enemigo, a nadie en el mundo. Bueno, de repente tira el cuchillo y se va.
A todo esto mi papá viene para mi pieza y yo estaba llorando y yo no lo quería mirar a la cara. Miraba para el piso y no quería que me vea así. Y cuando levanto la mirada, lo miro y dice: “¡Noooooo, ¿qué te hizo?!”. Y mi papá le pegó dos piñas a la pared.
Y ahí es una etapa horrible que tuve que pasar. Momentos que uno no se olvida.
A todo esto, pasó un tiempito y yo cantaba un tema que me habían dado: Cicatrices. ¿Y qué me pasaba? Yo lo cantaba para mí y lo cantaba para la gente sin que sepan lo que yo había vivido. Entonces, cuando me subí al escenario y decía: “A vos, he venido a hablarte a vos. Disculpá que te lo diga, pero lo tengo que hacer…”. Yo decía: lo estoy cantando también para mí y para muchas mujeres. Y así conozco muchísimas historias.
—¿Fue distinto cantar el tema después de que exteriorizaste tu historia?

—Sí, porque me transmitía mucha tranquilidad. La tranquilidad de llevar una mochila muchos años y de repente salir a contar mi historia. Y también escuchaba muchas historias de muchas mujeres que están y otras que ya no están. Llegaba a los boliches y me decían: “Tengo una amiga que estaba con tal persona y no puede salir de ahí. ¿Qué le aconsejo? ¿Qué le dirías vos?“.
—Y después de eso tan oscuro, ¿hoy estás bien?
—Sí, hoy estoy casada, tengo familia, tengo mi marido que me acompaña en esto de la música y que entiende. Entiende que no es fácil estar en la gira, porque él encima lo vive conmigo, como mi mánager.
—¿Y cómo es trabajar con tu marido?
—Y… tenemos nuestros arranques, ¿viste? ¿Viste cómo son las parejas? Ponele, ese vaso está bien, dice él, yo digo está mal. Siempre las mujeres tenemos razón.
—¿Pero hay momentos que discuten tipo artista-mánager?
—No, yo no me meto en su trabajo y él no se mete en el mío. Y cuando me tengo que meter, obviamente, me meto y chau, ya está. Pero tratamos de que cada uno tenga su momento de trabajar.
—Y cuando siendo tan chica te pasó lo que te pasó, ¿pensabas que ibas a poder formar una familia?
—Lo dudaba un poco. Dudaba encontrar a alguien que entienda lo que viví y lo que pasé. Contarle mi historia también. Más allá de que uno pueda salir en la tele a hablar todo lo que vivió, no es lo mismo tener una charla así mutuamente y contarle lo que yo realmente viví, porque no te sentás en un canal y contás todo lo que te pasó, contás una parte.
—Siendo la movida tropical un ambiente predominante de varones, quería que me cuentes tu experiencia. ¿Le cuesta más a una mujer?
—Y, un poquito más. Pero siento que ahora cambió. Ahora hay un montón de mujeres cantando y un montón de mujeres haciendo cuarteto, cumbia santafesina… lo que vos quieras escuchar. Siento que ahora está un poco más fácil, está un poco distinto que antes.
Yo quería ser alguien en la movida. No quería ser la número uno ni nada; yo quería ser “la voz de los barrios”. Yo llevo mi esencia, mi forma de ser en mis temas, en todo. Yo no me quiero parecer a nadie, nunca intenté parecerme a nadie. Es más, me ves y tengo las trenzas raras, todo raro, porque es una personalidad mía que ya la tengo hace muchos años.
Hay gente que te quiere y gente que no te quiere también. Por ahí subís una foto con un conjunto deportivo y te dicen: “Uh, sos una villera”. Subís una foto con una campera medio tranquilita y saltan: “Uh, ahora ya cambió porque usa campera”. A tenés que entender y que a veces no es fácil. A veces te dan ganas de contestar: “Che, ¿pero vos cómo te vestís en tu casa?”.
-¿Te pasó muchas veces que te digan “villera”?
Un montón, hasta el día de hoy. Y les contesto: “Soy negra y villera, con orgullo”.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna













