
Si la vida fuera una comedia de enredos, una de las primeras imágenes podría mostrar a una dupla de actores con dos periodistas de espectáculos. “Ah, ¿son dos?, nunca hice algo así”, se asombra Adrián Suar al entrar al escenario del Teatro Nacional y ver a los editores de Teleshow. Ya sentada a su lado está Carla Peterson, su compañera de elenco, quien junto a Lorena Vega y Fernán Mirás el jueves estrenaron Sottovoce, nadie puede guardar un secreto. La sorpresa da paso a las risas, donde más adelante repasarán, entre muchos otros detalles, el avance de la inteligencia artificial en todos los ámbitos. “Si le doy la consigna y le digo: ‘vinieron dos periodistas con dos actores, ¿qué podría pasar? ¿qué punto de giro podría haber si hay un asesinato?’ ¡Y la IA me hace una historia con eso…!”, relata Suar con la permeabilidad y la creatividad que lo caracterizan al interpretar las nuevas tecnologías.
Durante más de media hora, los protagonistas de esta comedia hablarán sobre esta nueva aventura teatral que los encuentra, después de más de una década, juntos otra vez sobre las tablas. También habrá tiempo para los proyectos, para el análisis profundo de la actualidad de las producciones artísticas, de sus vidas y de sus sueños.
La escenografía, que proyecta un Puerto Madero nocturno y cinematográfico, es la fábrica textil Sottovoce, que da título a la obra y también al argumento. Esos secretos que las familias se empeñan en esconder bajo la alfombra, y que afloran cuando menos se los esperan para desatar una hecatombe en una sola noche. En el caso de ellos, la venta o no de la empresa familiar que desnuda miserias y pone en tela de juicio las convicciones y los afectos.

Suar y Peterson vuelven a trabajar juntos sobre el escenario a 15 años de La guerra de los Roses, y la convocatoria no podría haber sido de otra manera que no sea una comedia. Es un proyecto que Adrián maquinó no bien terminó Felicidades y, acorde a su personalidad inquieta, ya pensaba en el siguiente paso. Enseguida visualizó a Carla como la protagonista. “Quería volver a trabajar con ella”, dice sobre el germen de Sottovoce, que en su rol de productor dibujó con el director Mariano Pensotti.
“La obra es un traje a medida”, agrega el actor para ayudar a comprender la arqueología de una puesta en escena de esta magnitud. “Y si no había Carla no había obra”, sigue mientras ella dibuja una sonrisa.
La obra apela una vez más al humor como antídoto ante los golpes y zancadillas que ofrece la realidad. De la misma manera que lo hacen en la vida real, tan parecida y tan diferente a la del escenario. “Para mí, es una linda vía de escape para estar bien en la vida”, asegura Suar. “Y también encontrarle a los momentos complicados esa cosa que a veces, en el medio de la tragedia, descubrís algo lindo o alegre para no pasarla tan mal, ¿no? Siempre hay algo que te sorprende”, suma Peterson.

Carla escucha y su recuerdo viaja en el tiempo al momento en que le llegó la propuesta de Adrián. “Estaba en un motorhome haciendo no sé qué serie cuando recibo un llamado.’¿Estás para hacer una obra de teatro para el 2026?´, relata como quien está frente a un ofrecimiento de un futuro lejano. “Si vos actuás, sí, pero falta tanto…”, fue su respuesta en aquel momento, lo más espontánea que pudo. “Como ya había trabajado con él, sabía lo divertido que es y lo bien que la pasé haciendo Los Roses”, evoca. El teatro, y en esto también coinciden, pone a prueba otras vibras actorales para las que el compañero correcto se hace todavía más importante. “Yo necesito por lo menos que haya otra confianza, otra disposición frente al trabajo, porque yo también me lo exijo”, explica.
Sottovoce terminó de cobrar forma con Fernán Mirás quien, con su recorrido de amistad y compañerismo junto a Adrián desde la época de La banda del Golden Rocket en 1991, se sumó a la acotada y exclusiva lista. Finalmente, Lorena Vega, la actriz más buscada del momento a partir de su revelación en Envidiosa, a quien conocían del off y tanto Adrián como Carla querían a su lado. Cuatro nombres convocantes por sí mismos, lo que presenta un desafío extra: “Hay un recorrido ganado, pero ahora arrancamos de cero”, dice Suar, y explica por qué siente cada paso como una validación.
“Tenemos que subir al escenario, la gente paga su entrada con el esfuerzo que genera venir y elegirnos. Por eso para mí la ceremonia del teatro tiene algo de tanto cariño, de tanto amor y de tanta responsabilidad, porque yo quiero que te vayas bien a tu casa, y las reglas para que te vayas bien tienen que ser más o menos acorde a lo que ideológicamente sentimos cada uno, cómo hacemos reír. Porque a veces la manera de hacer reír, en algunos casos, que es válido, no es la que yo comulgo, no vale todo en función de hacer reír. Y para mí es el antiteatro eso. Pero la comedia bien entendida, como nos gusta a los comediantes, es con el texto y hacer reír con lo que pasa en la situación. Y eso es más difícil que el drama. Los que hacen drama van a decir: ‘Callate, enano de mierda’”, afirma Suar entre risas. “Pero lo digo en serio porque es muy difícil hacer reír”, asegura convencido.

—Son dos actores que se ve que apelan al humor en su vida cotidiana, por más que no estén catalogados como comediantes. ¿Comparten los mismos códigos del humor?
Peterson:— Sí, compartimos y creemos en el humor del otro. Yo sé que si se me ocurre algo que está bueno, él lo va a agarrar. Si hay algo que no está tan bueno, porque a veces no conviene para el tiempo o el momento, él sabe dónde ponerlo y también cómo decir que no. A veces hay remates que vemos que tienen humor, pero no lo encontramos de una manera y probamos de otra. Confío mucho en el criterio de mis compañeros, y eso te da una tranquilidad de que lo vamos a encontrar, que va a salir, que le vamos a encontrar el tono.
—Los dos son directores de teatro, ¿les ayuda a mejorar el texto?
Peterson: —Sí, pero ese es un trabajo que hacen todos los actores.
Suar:— A veces la dirección es una mezcla. El director ordena, pero como productor, a veces cuando me toca dirigir, confío mucho en el instrumento. Digo: “Por algo te llamé, ¿qué traés? ¿Qué vas a proponer?”. Confío en el GPS propio que trae el actor para ir para allá, para acá. Eso es lindo también.
—El teatro se convirtió en un refugio en este momento que no hay ficción en pantalla
Suar: —Y tampoco cine.
—Tampoco. Pero sí hay ficción en las plataformas. ¿Cuál es la diferencia?
Suar:—Y las plataformas no hacen tanto. Antes hacías ficción y había dos canales que hacían, ponele, dos ficciones cada uno de cada canal, con 250 horas al año. Son 500 horas contra a lo mejor veinte ficciones de treinta minutos. Es decir, entre las dos plataformas hacen diez ficciones de, aproximadamente, ochenta o cien horas al año contra 500 que se hacían antes.
Peterson: —Pero también antes se filmaban tal vez algunas películas que no eran tan grandes. Y ahora cuesta más para alguien que está empezando, para el mundo independiente.
Suar: —Está difícil ahora, pero va a volver a tener una dinámica la tele, a lo mejor con la combinación de la plataforma con canal de aire. Los dos compartimos el costo – un costo más barato-, pero que a la plataforma le sirva para tener algo, porque necesita tener contenido. Todo esto es muy nuevo, la plataforma fuerte lleva como mucho diez años.

—¿Adrián, en la tele te gustaría hacer ficción? ¿Tenés algún proyecto?
Suar: —Sí, estamos hablando para hacer algo en colaboración con una plataforma, ojalá se dé.
—Si la ficción es buena, la gente ve ficción
Suar: —Yo en ese sentido soy más realista. Entiendo la arenga de la ficción, que somos los mejores haciendo ficción… Sí, hay muy buena ficción, buenos actores, pero es muy difícil hacer una buena ficción. De cien, con toda la furia, para mí 20 son buenas y 80 normales. Es difícil hacer una ficción que te atrape, y no solo en Argentina, en el mundo.
—Y cómo se viven los éxitos en las plataformas? Antes las tiras parecía durar más tiempo, un año mínimo. Hoy es un furor de un par de días.
Peterson: —Con las tiras también pasaba lo mismo. Vos entrabas todos los días en pantalla, pero después nadie se acordaba. Los chicos no saben quién sos. Y de golpe los padres sí, o las abuelas, porque yo ya tengo edad para ser abuela. Ahora con las series también. Las series de plataforma llevan mucho tiempo de producción, mucha anticipación, tienen otro tiempo de edición y salen cuando la plataforma dispone. De golpe, pasaron dos años y vos ya estás en otro proyecto. Y todo ese trabajo la gente lo consume en uno o dos días. Todos esos tiempos cambiaron y de golpe la gente ve los seis capítulos en un segundo, en vez de aguantar a que salga mañana el próximo y después el otro. Entonces también cambió la manera de la gente de esperar.
Suar: —Son explosiones. El Eternauta, veinte días, Envidiosa también veinte días. Explota cuando explota, pero después queda. Vos vas por la calle: “Te vi en El Eternauta”, es conversación. Pero lo que dice Carla es cierto, antes tardabas seis meses en ver una serie, pero también terminaba y andá corriendo a pedir fiado porque ya no te querían más. No se acuerdan. Pero en la vida también es así, con los amores, imaginate en la vida real… Pero lo que queda a través de los años es el recuerdo emocional, de haberte visto en tal o cual novela. Eso es lo bueno que te deja la tele, y nosotros agarramos una buena camada entre los 90 y entre 2010 y 2015.

—¿Tenés en cuenta la opinión del público?
Suar:—Me ha pasado de subir a un taxi, a un colectivo y alguien me decía: “Te vi ayer. Flojo el capítulo de ayer, el actor que entró es malo. Ojo que es bueno aquel pibe”. Y ahí decís, tiene una mirada, porque el rango de estrato de la clase media, media-baja sobre todo, tiene un olfato para detectar lo que funciona. Y en un ochenta por ciento acertaban. Había algo del olor, de la intuición, que me decían: “Floja la novela” en el lenguaje que podían, porque no saben de ficción pero sí saben de mirar. Es muy interesante ese fenómeno. Y después están los dramaturgos, los autores, que te explican, te explican…, y alguien, un plomero o un panadero, te decía: “Lo vi, no me atrapó”. Y vos decías: “Tiene razón el hijo de remil puta” (risas).
—Hoy la devolución y la interacción con el público también se da en las redes. ¿Cómo se llevan con eso?
Peterson: —No sé, porque yo estaría retirándome ya de las redes [ríen]. No de la televisión, pero me agota.
Suar: —Yo no tengo ninguna red social. No lo sé hacer, soy un inútil. El Instagram para laburar, pero me lo manejan.
Peterson: —Claro, para mi trabajo lo uso, pero cada vez menos, porque también me doy cuenta que si lo tengo en la mano puedo estar horas y no quiero perder tiempo en eso. Es una gran herramienta si la sabés usar, que no es mi caso. Y se nota que no sé usarla.
—¿Y con la inteligencia artificial? ¿La ven como una posibilidad para incorporar en el trabajo?
Suar: —Para mí es un avance tremendo. Para algunas cosas la inteligencia artificial es buena y para otras cuando dice que puede reemplazar te da miedo. ¿Qué va a reemplazar? ¿Cuántas cosas va a reemplazar? Te da miedo. Pero algunas cosas no va a poder reemplazar nunca, y otros trabajo mutarán, como mutaron en 1902.

—¿Qué opinión tienen de las ficciones verticales? Casi lo opuesto a lo que hablábamos de aquellas tiras que duraban un año o más…
Suar: —Si para gente es una vía de ingresos económicos y de dar trabajo, no lo veo mal. No sé si lo haría, a lo mejor como servicio de producción. Nosotros lo hacíamos, cuando en los capítulos teníamos un sobrante de escenas lo hemos hecho… En definitiva, son veinte capítulos de un minuto, lo juntás todo y se puede armar una minificción.
—Para cerrar, y volviendo a Sottovoce. ¿Cuánto se parece la familia que integran en la ficción a sus propias historias?
Suar: —Cada familia es un mundo y hay particularidades en todas, pero acá en la comedia lo que se divide es la locura, la avaricia, la compulsión que uno tiene a raíz de una venta de una empresa familiar, no hecha por nosotros, sino por nuestros padres. Y a ver cómo nos vamos a repartir los porcentajes de la venta.
Peterson:—Y al ser una comedia, la obra también permite un juego de poder decirnos cualquier cosa y seguir adelante, porque es un chiste. Y también como en la familia, con la gente que uno más quiere, se anima a ser un poco más, no sé si es o malo, verdadero, o decir cosas que tal vez con alguien que no conocés tanto no lo harías y acá eso pasa. Son personajes que se exceden por distintas cosas, que también son juegos que nos facilitan para hacerlo más divertido, más extremo, por no decir exagerado, porque el teatro es exagerado. El teatro no es real, es un recorte y nos permite divertirnos mucho.













