
Panamá busca cambiar el mapa de su turismo internacional con una estrategia que apunta directamente al interior del país, comenzando por el Aeropuerto Internacional Scarlett Martínez de Río Hato, una terminal que, hasta ahora, ha operado principalmente con vuelos estacionales provenientes de Canadá.
La meta es clara: convertir esta infraestructura en la puerta de entrada a la llamada Riviera Pacífica panameña, donde se concentra la mayor oferta de hoteles de playa del país.
El plan, impulsado por el Fondo de Promoción Turística de Panamá (Promtur), intenta corregir una de las principales debilidades del destino: la dependencia de la Ciudad de Panamá como punto de entrada y distribución de turistas.
Según explicó a Infobae su director general, Salomón Shamah, trasladar visitantes desde Tocumen hacia el interior resulta costoso y poco eficiente, lo que ha limitado el desarrollo de zonas como Río Hato, Pedasí y el Golfo de Chiriquí.

Para revertir esa situación, el Gobierno ha aprobado un presupuesto de $4 millones, al que se suma un $1 millón adicional aportado por el Aeropuerto Internacional de Tocumen, con el objetivo de incentivar vuelos internacionales directos hacia aeropuertos regionales como Río Hato y David.
La estrategia busca reducir costos logísticos y hacer más atractivos los paquetes turísticos al eliminar traslados internos. En el caso de David, se tiene pensado explotar el turismo de compras, combinado con destinos de playa en el Golfo de Chiriquí, explicó Shamah.
El enfoque inicial está puesto en lograr vuelos no estacionales, es decir, operaciones durante todo el año y no solo en temporadas altas. En ese sentido, las primeras negociaciones apuntan a rutas desde Bogotá, Medellín y Quito, con el interés de atraer turistas de mercados cercanos que puedan viajar con mayor frecuencia.
Las aerolíneas en evaluación incluyen a Wingo y Air Panamá, además de otros operadores que aún se mantienen en conversaciones.
El modelo que se está construyendo contempla la participación de turoperadores, hoteles y aerolíneas, mediante esquemas de precompra de asientos que permitan asegurar la ocupación inicial de los vuelos mientras se consolida la demanda.
Sin embargo, el reto no es menor. A pesar de que el flujo de visitantes internacionales hacia la zona de Río Hato ha mostrado mejoras en los últimos años, el destino aún está lejos de alcanzar el nivel de desarrollo de regiones como Guanacaste en Costa Rica o Punta Cana en República Dominicana, que han logrado posicionarse como polos turísticos globales con alta conectividad aérea y una oferta consolidada.

Parte del desafío radica en factores operativos. Las aerolíneas han planteado horarios de llegada fuera de los rangos tradicionales, incluso en horas de madrugada, lo que obliga a coordinar servicios de migración, aduanas y logística hotelera en horarios poco convencionales.
Esto implica ajustes tanto del sector público como del privado, desde la disponibilidad de personal hasta la forma en que se gestionan las noches de hospedaje.
A nivel de oferta, Panamá cuenta con una ventaja clara: la concentración de hoteles de playa en la Riviera Pacífica, especialmente en áreas como Río Hato y Pedasí, donde se ubican resorts, villas y proyectos turísticos con potencial de crecimiento.
No obstante, la falta de conectividad directa ha limitado su aprovechamiento frente a destinos competidores.
El objetivo de fondo es lograr que el turista internacional llegue directamente al destino final, evitando escalas innecesarias en la capital. Esto no solo reduce costos, sino que mejora la experiencia del visitante y aumenta la competitividad del país en el mercado regional.

En 2025, Panamá recibió más de 3 millones de visitantes internacionales, y la meta para 2026 es superar esa cifra mediante estrategias como esta, enfocadas en diversificar la oferta y descentralizar el turismo. La apuesta por el interior forma parte de un cambio de enfoque que busca distribuir mejor el impacto económico del sector.
A pesar de los avances, el éxito del plan dependerá de múltiples factores: la disposición de las aerolíneas a asumir riesgos, la coordinación entre actores del sector turístico y la capacidad del país para posicionar estos destinos en mercados internacionales.
Como reconocen las propias autoridades, el objetivo no es inmediato, sino construir una ruta sostenible que permita que más visitantes descubran el potencial turístico más allá de la capital.
Según explicó Salomón Shamah, el esquema que se negocia para abrir esas rutas contempla una distribución compartida del riesgo comercial entre varios actores del sector.
Los turoperadores asumirían una parte de los asientos mediante precompra, las aerolíneas colocarían otra porción en sus propios sistemas de reservación y los hoteles también reservarían cupos para sus clientes.

El resto quedaría disponible para venta abierta al público. Bajo ese modelo, Promtur cubriría la diferencia necesaria para alcanzar una tarifa que permita madurar la ruta y hacer viable la operación mientras el destino gana tracción entre los viajeros.
En ese contexto, el Aeropuerto de Río Hato se convierte en una pieza clave de una estrategia más amplia que intenta redefinir el turismo en Panamá. La pregunta ya no es si el país tiene el potencial, sino si logrará traducirlo en una oferta competitiva frente a destinos que llevan décadas de ventaja.













