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“Lo que Buenos Aires le debía al interior”: el sueño de Alfonsín y cómo la inflación destruyó el plan de trasladar la capital a Viedma

El presidente Raúl Alfonsín, en cadena nacional, anunciando el proyecto de traslado de la capital a Viedma

La gente que había dejado la ciudad en busca de mejores oportunidades, comenzó a regresar; los de otras provincias que no conocían el lugar se apuraron a viajar con lo que pudieron reunir; los desarrolladores inmobiliarios fueron en busca de tierras que calculaban aumentarían su valor en poco tiempo; a la ciudad llegaban empresarios de todos los rubros a empaparse de una realidad que desconocían y hubo trabajadores que la pasaban mal en Buenos Aires y en el conurbano que fueron a tentar fortuna a Viedma. Es que el gobierno había anunciado el traslado de la capital y nadie quería quedar afuera de lo que consideraban tanto un progreso económico para la región patagónica como la posibilidad de hacer negocios.

Es que iba a ser la nueva capital de Argentina.

Era el proyecto Patagonia y Capital, que el gobierno de Raúl Alfonsín –asumido el 10 de diciembre de 1983- venía trabajando en el mayor de los secretos y que por una indiscreción de un funcionario rionegrino se filtró a la prensa, salió en la tapa del diario Clarín y todo se aceleró. El ambicioso plan contemplaba levantar una capital federal en el eje en las localidades rionegrinas Viedma, y Guardia Mitre y en la bonaerense Carmen de Patagones, establecer la provincialización de Tierra del Fuego, la radicación de empresas en la Patagonia y transformar a la actual capital federal en una provincia más con parte del territorio del conurbano bonaerense.

Buenos Aires, en un plano de 1822. La ciudad experimentaría un importante crecimiento, mientras que la cuestión capital no se definía

Desde que la Patria nació, el tema de la ciudad capital fue un dolor de cabeza y un foco de conflicto. En 1777 Buenos Aires fue declarada capital del virreinato del Río de la Plata. Luego de 1810, había funcionado como capital y después de la batalla de Cepeda en 1820, Buenos Aires había adoptado la autonomía como provincia. El primer proyecto de capitalización surgió cuando Bernardino Rivadavia asumió la presidencia en 1826 y si bien en marzo de ese año fue sancionada, quedó sin efecto cuando al siguiente renunció.

Entre 1828 y 1852 el país careció de autoridades nacionales, y Buenos Aires fue una suerte de capital de hecho, ya que el gobernador, además, ejercía las facultades de las relaciones exteriores y manejaba los recursos de la aduana.

Tanto Mitre como Sarmiento, siendo presidentes, vetaron sendas leyes que declaraban capital del país a ciudades del interior, como fue el caso de Rosario

En el medio, por 1850, Domingo Faustino Sarmiento dio a conocer Argirópolis, una capital establecida en la isla Martín García, que fuera la cabeza administrativa de las provincias argentinas y de Uruguay.

Entre 1853 y 1861 el país estuvo partido al medio y la Confederación Argentina fijó la capital en la ciudad de Paraná. Nuevamente unificado, el país bajo la presidencia de Bartolomé Mitre, el centro del poder político volvió a Buenos Aires y la cuestión de federalización se colocó nuevamente en el tapete.

Hubo un proyecto de declarar capital a la ciudad cordobesa de Fraile Muerto y las diez leguas que la rodeaban y otro declarando a Rosario que terminó en ley pero que Mitre vetó.

Este proyecto volvería a ser presentado junto a otro que establecía la capital en Villa María, Córdoba, pero Sarmiento lo vetó porque sostenía que no era momento de quitarle importancia a Buenos aires, que cobraba cada vez más relevancia por la inmigración.

El titular que modificó los planes del gobierno. La primicia obligó a acelerar el proceso

Luego de sofocada la revolución de Carlos Tejedor, el presidente Nicolás Avellaneda presentó un proyecto de federalización de Buenos Aires, aprobado en septiembre de 1880.

Durante el gobierno de facto de Lanusse, su ministro del interior Arturo Mor Roig dio vía libre a un proyecto que debía estudiar tres puntos en el noroeste, otro en el noreste y en alguna ciudad patagónica, con el propósito de unir al país.

Viedma había sido fundada, junto a Carmen de Patagones, el 22 de abril de 1779 y en 1878, al trazarse los límites entre la provincia de Buenos Aires y la gobernación de la Patagonia, Carmen de Patagones fue su capital y se separó. Por su parte, Guardia Mitre fue fundada en 1862 para proteger a esa población de las incursiones indígenas. Esos territorios habían sido definitivamente incorporados luego de la campaña al desierto de 1879.

Raúl Alfonsín junto a Osvaldo Alvarez Guerrero, gobernador de Río Negro

Patagones fue escenario de un épico combate durante la guerra contra el Brasil, cuando el 7 de marzo de 1827 una fuerza naval brasileña resultó rechazada y derrotada cuando buscaba terminar con una base naval corsaria asentada en el río Negro.

El 15 de abril de 1986 Alfonsín presentó en la legislatura bonaerense el proyecto en cuestión, ya que además involucraba a tierras del conurbano, que se sumarían a la ciudad porteña. Esa noche habló por cadena nacional y al día siguiente voló a Viedma, donde fue recibido como toda una celebridad: “Crecer hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío”, destacó. Era lo que definió como el “Plan para una segunda República Argentina”. Aseguró que el proyecto no era una improvisación, sino que estaba dentro de los planes del gobierno.

El imponente escenario que aguardó, en vano, convertirse en la nueva capital del país

En su momento se dijo que el traslado era “una patriada que Buenos Aires le debía al interior”. La idea era que el poder político se estableciese en Viedma, mientras que el económico permaneciese en Buenos Aires.

El proyecto entró por el Senado, donde fue aprobado el 25 de marzo de 1987, y en diputados, donde el oficialismo era mayoría, lo hizo el 27 de mayo, transformando el traslado en la ley 23.512. Alfonsín la promulgó junto a las del divorcio y de obediencia debida.

No fue un debate sencillo, ya que hubo dictámenes de mayoría, de minoría y disidencias. Se había propuesto estudiar minuciosamente el traslado y sus consecuencias, que una comisión debía analizar si Viedma era adecuada y, por lo tanto, se debía proponer, por las dudas, cinco alternativas y someterlas a una consulta popular a hacerse junto a los comicios del 6 de septiembre de ese año. En el medio, legisladores elaboraron sus propias iniciativas, candidateando a ciudades como San Miguel de Tucumán y Río Cuarto.

En un plan calculado en ejecutarse en doce años, a través del ENTECAP (Ente para la Construcción de la Nueva Capital) se debía levantar una ciudad con edificios públicos, escuelas, hospitales, embajadas, viviendas, que contemplasen a unos 23 mil empleados públicos.

Alfonsín le entregó a Carlos Menem el poder, en forma anticipada. El nuevo gobierno desactivó el proyecto, aunque la ley que establecía el traslado nunca fue derogada

Para esa ciudad de treinta mil habitantes, a merced de los fuertes vientos provenientes del oeste, el anuncio fue toda una conmoción que generó diversas opiniones, a favor y en contra. Sus habitantes ansiaban el crecimiento pero estaban recelosos que todo quedase en un simple anuncio. Además proponían que los técnicos y los trabajadores a contratar fueran de la zona.

Se les vino el alma al piso cuando levantaron las primeras viviendas, destinadas a obreros. Eran los típicos monoblocks que les hacía acordar a los existentes en el conurbano.

Entonces se supo que Alfonsín había hecho varios viajes en secreto a la región y tuvieron explicación los helicópteros que sobrevolaban la zona y que los pobladores ignoraban a qué se debía.

Había un estudio de arquitectos que había diseñados planos y maquetas, para una ciudad que de pronto perdió la tranquilidad pueblerina en un ir y venir de funcionarios que recorrían la zona y que navegaban el río, proyectando una ciudad con edificios públicos y paseos.

En las elecciones de medio término del 6 de septiembre de 1987, al gobierno se le vino al mundo abajo. Perdió la mayoría en diputados y el justicialismo cosechó su primera victoria desde 1973. A partir de ahí comenzó una debacle económica que terminaría de la peor manera y el 8 de julio de 1989 Alfonsín no vio otra salida que una entrega anticipada del poder a Carlos Menem, quien habría triunfado en las elecciones del 14 de mayo.

El gobierno menemista suspendió el proyecto, las obras se paralizaron y cortó las políticas de promoción industrial. Tierra del Fuego sería declarada provincia en 1990 y Buenos Aires se transformaría en ciudad autónoma gracias a la reforma constitucional de 1994.

Viedma había crecido 68% en cinco años, volvía a ser un punto más en la extensa geografía patagónica y solo quedaría en un lejano sueño el transformarse en el ombligo del país.