
Lucio Garzón Maceda, reconocido abogado laboralista y figura central en la vida sindical y política de Córdoba durante más de 70 años, murió este lunes por causas naturales.
Con 95 años, su nombre permanecía asociado a los episodios más relevantes del movimiento obrero argentino, especialmente al Cordobazo, la emblemática movilización estudiantil y sindical del 29 de mayo de 1969. La noche previa, participó de una reunión clave con dirigentes gremiales en una parrilla céntrica de Córdoba, donde se analizaron las posibles derivaciones de la movilización prevista para el día siguiente. Su aporte resultó decisivo en la estrategia que permitió al movimiento obrero y estudiantil coordinar sus acciones.
La noticia de la muerte de Garzón Maceda marca el final de una época en la historia reciente de Córdoba. Considerado uno de los últimos protagonistas vivos del Cordobazo, su legado atraviesa generaciones de militantes y trabajadores. Por decisión familiar y en consonancia con su voluntad, no se realizará velorio ni funeral público: la despedida será íntima, reservada a su círculo cercano.
Quién fue Lucio Garzón Maceda
De acuerdo con el Archivo Nacional de la Memoria, el abogado nació el 30 de octubre de 1930 y, desde joven, se vinculó con las luchas sindicales y políticas que atravesaron la provincia y el país. Su vida profesional quedó ligada a los hitos del movimiento obrero argentino y a la defensa de los derechos laborales.

Cursó la escuela primaria en la Escuela Superior de Niños Varones —conocida como Escuela Olmos— y la secundaria en el Colegio Nacional Monserrat, el más antiguo del país y el más tradicional de Córdoba. Fue allí donde, junto a su hermano Félix, estrechó el vínculo con Gustavo Roca, hijo de otra familia de la burguesía reformista con la que los Garzón Maceda se frecuentaban en los planos amistoso, social y político. Esa amistad sería, a lo largo de décadas, el eje relacional y profesional más duradero de su vida.
Su intención original fue estudiar Ingeniería Química en Santa Fe, pero finalmente optó por la carrera de Derecho en la Facultad de Derecho de la UNC. Durante esos años universitarios militó en agrupaciones ligadas al ideario reformista y en el Partido Reformista, espacio que congregaba a liberales, socialistas, comunistas, anarquistas y tendencias de la izquierda independiente, todos opuestos al gobierno de Juan Domingo Perón.
Todavía en la universidad, pasó a militar en el Partido Socialista (PS) y fue uno de los miembros fundadores de la corriente estudiantil Acción Socialista (AS), que sentó las bases de la Agrupación de Estudiantes Reformistas (ADER). Esta última buscó la confluencia entre los ideales universitarios reformistas y los principios sociales y laborales del peronismo, una postura que le costaría cara dentro de su propio partido.
En 1951 fue arrestado y encarcelado durante dos meses en la Cárcel de Encausados de Pueblo Güemes por sus actividades contrarias al gobierno peronista. Recuperada la libertad, marchó a su primer exilio en Chile, donde permaneció seis meses militando en el Partido Socialista Popular, liderado por el abogado Raúl Ampuero, que tendía puentes entre la clase obrera y el gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo. A su regreso continuó en Acción Socialista con el mismo objetivo de confluencia con el peronismo, lo que le valió la expulsión del PS. A mediados de 1955 formó parte del Grupo de los “41 Pelandrunes”, un conjunto de independientes cercanos a la izquierda que denunció públicamente al movimiento golpista e intentó, sin éxito, evitar el derrocamiento de Perón.
La construcción de un referente sindical en Córdoba
Recibido de abogado en 1955, Garzón Maceda se inclinó por el derecho laboral y la defensa de los trabajadores. Desde 1956 colaboró de manera ad honorem en el diario Orientación, cuya alma máter era Roca. Su labor como laboralista y su pasado en la ADER le abrieron vínculos con los gremialistas Atilio López —compañero suyo de escuela primaria—, Agustín Tosco y Elpidio Torres, relaciones que trascendieron lo profesional para adquirir también dimensión política y personal.
Esos vínculos lo llevaron, en 1957, a participar de manera orgánica en la normalización de la Confederación General del Trabajo (CGT) Regional Córdoba, realizada el 1 de julio de ese año: la primera normalización gremial regional concretada desde el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955. Garzón Maceda ocupó el cargo de Secretario de Prensa del Comité Ejecutivo, mientras López ejercía como Secretario General. El 29 de noviembre participó del plenario nacional de regionales de la CGT en La Falda, provincia de Córdoba, que produjo el Programa de La Falda, documento con peso considerable en la vida gremial argentina de los años siguientes.
Consolidado como el principal abogado laboralista de Córdoba, sumó a su rol en la CGT la asesoría de al menos una docena de gremios, entre ellos el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) Seccional Córdoba, la Unión Tranviarios Automotores (UTA) Seccional Córdoba y Luz y Fuerza Seccional Córdoba. En 1960 se asoció con Roca en un estudio jurídico que se convirtió en punto de encuentro de las fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles progresistas, de izquierda, peronistas revolucionarias y clasistas de la ciudad.
El Cordobazo y sus consecuencias judiciales
En mayo de 1969 Garzón Maceda tuvo participación activa en la organización de la protesta obrero-estudiantil conocida como El Cordobazo, junto a Roca, López, Tosco y Torres. Considerado por las autoridades como el ideólogo e autor intelectual de la pueblada, fue arrestado en junio de ese año y permaneció un día en la Jefatura de Policía de Córdoba antes de ser liberado. Desde la semiclandestinidad ejerció la defensa legal de Tosco y Torres, sometidos a Consejos de Guerra por tribunales militares y condenados a penas de prisión.
Entre octubre y noviembre de 1969 viajó a Madrid y se entrevistó con Perón para solicitarle apoyo en favor de los gremialistas detenidos. En enero de 1970 fue arrestado nuevamente en el centro de Córdoba, puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) y enviado como preso político —con escala de un día en la cárcel de Villa Devoto— a una prisión de Esquel, donde permaneció siete meses. Su defensa fue ejercida por Roca y los abogados Raúl Faure y Fermín Berria.
El 4 de noviembre de 1970, ya en libertad, fue invitado de honor junto a Roca en la asunción de Salvador Allende como primer presidente socialista de Chile, en Santiago. En marzo de 1971 volvió a tener participación activa en el “Víborazo”, otra pueblada cordobesa que derivó en la renuncia del interventor militar José Camilo Uriburu. Al estudio jurídico se habían sumado por entonces Faure, los hermanos Oscar “Coco” y Luis Guillermo Arias, y Carlos Altamira Yofre.
Entre la democracia peronista y la violencia parapolicial
Entre 1973 y 1974, durante el gobierno provincial de Ricardo Obregón Cano, Garzón Maceda ejerció influencia en la asesoría de asuntos gremiales y sindicales. Tras el golpe policial conocido como El Navarrazo, se intentó arrestarlo y ponerlo a disposición del PEN en dos ocasiones, sin resultado. En agosto de 1975 se ocupó, junto a Roca, de la defensa legal de los dirigentes montoneros Marcos Osatinsky y Horacio Mendizábal, detenidos en las oficinas del Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba (D2). A pesar de la intermediación de ambos abogados ante la Justicia Federal y la intervención provincial a cargo del brigadier Raúl Lacabanne, Osatinsky fue asesinado el 21 de agosto mediante la llamada “Ley de fugas”. Mendizábal logró escapar.
El 28 de octubre de 1975 el Comando Libertadores de América —versión cordobesa de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) o Triple A— incendió el domicilio de fin de semana de Garzón Maceda en Villa Allende mientras él asistía con su familia a un partido del Club Atlético Belgrano de Córdoba. Los comandos realizaron un simulacro de fusilamiento de los caseros; el objetivo era el secuestro o el asesinato del abogado. Dejó a su familia en Córdoba con instrucciones de preparar la partida al exilio en París y viajó a Buenos Aires, donde vivió compartimentado en distintos domicilios mientras buscaba apoyo logístico en familiares vinculados al peronismo revolucionario.
El golpe de 1976 y el camino al exilio
El 24 de marzo de 1976, y nuevamente el 13 de abril y noches subsiguientes, el estudio jurídico que compartía con Roca, Altamira Yofre y los hermanos Arias fue allanado de manera ilegal, saqueado e incendiado en reiteradas ocasiones. Su domicilio particular en el barrio de Nueva Córdoba también fue allanado y saqueado por un grupo armado de más de 15 personas. El 27 de mayo Altamira Yofre fue secuestrado y desaparecido en Córdoba.
Garzón Maceda y Roca huyeron juntos a Buenos Aires, donde mantuvieron reuniones regulares con Eduardo Luis Duhalde y otros abogados de la ex Gremial de Abogados de Capital Federal, y participaron de los primeros pasos de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU). En agosto de 1976, por vía terrestre a través del paso fronterizo Paso de los Libres-Uruguaiana, inició el camino del exilio junto a Roca y un abogado y familiar lejano cuyo pasaporte adulterado utilizó para salir del país. Desde Río de Janeiro continuó hacia París.
La denuncia ante el Congreso de Estados Unidos
En la capital francesa contactó al poeta Juan Gelman, quien le ofreció —en conjunto con Amnistía Internacional— la posibilidad de viajar a Estados Unidos para profundizar la denuncia ante el Congreso. Los días 27 y 28 de septiembre de 1976, en Washington, Garzón Maceda y Roca prestaron testimonio ante el Subcomité de Organizaciones Internacionales del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, presidido por el representante de Minnesota Donald Fraser, sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas y de Seguridad argentinas.
En su presentación, Garzón Maceda trazó un informe sobre la represión ejercida contra la clase trabajadora, sus representantes y sus organizaciones gremiales, el desmantelamiento de derechos laborales en el marco del plan económico del ministro José Alfredo Martínez de Hoz y la resistencia organizada a esas medidas. Denunció además la coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur y la existencia de centros clandestinos de detención en la provincia de Córdoba, entre ellos La Perla y Campo de la Ribera. Los abogados permanecieron seis días en Washington y se reunieron con actores de la vida política, sindical, cultural y de lobby para ampliar el alcance de sus denuncias.
Durante el primer año en París, Garzón Maceda fue, junto a Rodolfo Mattarollo, el referente principal de la Sede Francia de la CADHU, organización a la que dejó de pertenecer en el transcurso de 1977. En ese período realizó frecuentes viajes a Londres para reunirse con miembros de Amnistía Internacional. Para subsistir en los primeros tiempos del exilio desempeñó trabajos variados —entre ellos pintor de brocha gorda y profesor de español—, hasta que obtuvo contratos temporales con la UNESCO y pudo cursar estudios de doctorado en derecho laboral.
Con la recuperación de la democracia y la asunción de Raúl Alfonsín como presidente, Garzón Maceda regresó a Argentina y fue designado asesor especial y vice-ministro de Trabajo de la Nación, cargo que ocupó entre el 18 de septiembre de 1987 y el 7 de julio de 1989, durante el mandato de Ideler Tonelli como ministro del área. En 1994, durante la presidencia de Carlos Menem, se desempeñó como ministro de Gobierno y Justicia de la provincia de Corrientes en el marco de la intervención federal a esa provincia, también conducida por Tonelli.
A finales de la década de 1990 instaló una consultoría de derecho laboral colectivo desde la cual asesoró a distintos sindicatos y asociaciones gremiales, y continuó como asesor jurídico de la CGT hasta su retiro, producido en la primera década del siglo XXI.













