
Un estudio elaborado por la Carrera de Ciencias Policiales de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) reveló que algunas mujeres vinculadas al crimen organizado en Costa Rica han logrado asumir roles de liderazgo dentro de estructuras criminales relacionadas con el narcotráfico, aunque con estilos de mando distintos a los tradicionalmente asociados con los hombres.
La investigación concluye que las mujeres que alcanzan posiciones de poder dentro de estas organizaciones suelen utilizar estrategias menos violentas y más enfocadas en la negociación, la planificación y el control operativo.
El informe surge en medio del aumento sostenido de la violencia ligada al crimen organizado en Costa Rica, fenómeno que durante los últimos años ha impactado directamente las cifras de homicidios y la seguridad pública del país.
De acuerdo con los datos citados en el estudio, solo en 2023 Costa Rica registró 905 homicidios dolosos, la cifra más alta de su historia reciente, con una tasa de 17.2 asesinatos por cada 10,000 habitantes. Aunque durante 2024 y 2025 la cantidad disminuyó levemente, las autoridades contabilizaron más de 800 homicidios anuales.
Dentro de ese contexto, las mujeres también comenzaron a figurar cada vez más como víctimas de la violencia asociada al narcotráfico y a las disputas entre organizaciones criminales.
Según datos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) incluidos en la investigación, durante el 2025 se registraron 85 homicidios de mujeres en el país. De ese total, 43 casos estuvieron relacionados con ajustes de cuentas o venganzas vinculadas directamente al crimen organizado.

La investigadora de la Carrera de Ciencias Policiales de la UNED, Karla Salazar Sánchez, explicó que los hallazgos cuestionan la percepción tradicional de que el liderazgo dentro de las estructuras criminales es exclusivamente masculino.
“Si bien la mayoría de mujeres vinculadas al crimen organizado ejercen funciones operativas y con poco poder, algunas alcanzan cierto nivel de liderazgo en estructuras familiares y de mediana escala con estrategias más calculadas y menos violentas”, señaló la investigadora.
El estudio se basó en casos cualitativos y en la reconstrucción de trayectorias de vida de mujeres relacionadas con organizaciones criminales dedicadas principalmente al narcotráfico.
La investigación concluyó que muchas de estas mujeres provienen de contextos marcados por exclusión social, pobreza, violencia estructural, maternidad temprana y limitadas oportunidades educativas, factores que terminan influyendo en su incorporación a actividades ilícitas.
Salazar indicó que las mujeres no solo ocupan posiciones subordinadas dentro de las estructuras criminales, sino que en algunos casos llegan a tomar decisiones, organizar operaciones y ejercer autoridad.

“Reconocer esta realidad es clave para comprender cómo se configuran las dinámicas de poder y género en contextos de crimen organizado y para diseñar respuestas institucionales más efectivas”, agregó.
La investigación también incorpora datos del sistema penitenciario nacional. Según las estadísticas citadas por la UNED, durante el 2024 había 1,351 mujeres en conflicto con la ley en Costa Rica. De ese total, el 40.5% enfrentaba procesos relacionados con delitos contemplados en la Ley de Psicotrópicos.
Además, el informe señala que la mayoría de estas mujeres tienen entre 25 y 44 años y que el 79% no concluyó la educación secundaria, lo que refleja un perfil asociado con la exclusión social y la falta de oportunidades laborales y educativas.
El estudio detalla que las mujeres desempeñan funciones similares a las de los hombres dentro de las organizaciones criminales. Entre los principales roles identificados aparecen puestos como “campanas”, vendedoras terminales, administradoras y gerentes de zona.
Sin embargo, la principal diferencia detectada por los investigadores es que las mujeres que alcanzan posiciones de liderazgo tienden a ejercer el control mediante estrategias menos violentas y más orientadas a la negociación y la organización interna.













