
Según las proyecciones de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), El Salvador enfrentará para el ciclo agrícola 2026-2027 un déficit de 4.4 millones de quintales en la producción de granos básicos.
Este dato representa una alerta temprana: la organización advierte sobre una brecha significativa entre la producción nacional estimada y el consumo requerido, lo que acentúa la dependencia de importaciones para cubrir la demanda alimentaria esencial.
CAMPO estima que la producción total de cereales alcanzará 20.6 millones de quintales, mientras que el consumo nacional proyectado para el periodo será de 25 millones de quintales.
El maíz, componente esencial de la dieta salvadoreña, es el cultivo con mayor déficit: la proyección alcanza 15.96 millones de quintales frente a los 18.8 millones requeridos. El sorgo representa un déficit de 660,000 quintales, el frijol de 450,000 y el arroz de 450,000 quintales.
Esta situación plantea un escenario de riesgo para la seguridad alimentaria. Según el informe, los cultivos de maíz y frijol se distribuyen a lo largo del año en diferentes etapas: primavera, postrera y en algunos casos riego o apante.
El arroz se siembra principalmente entre mayo y junio. A pesar de la diversificación de ciclos y métodos de siembra, la producción no logra cubrir la demanda nacional, lo que obliga a reforzar la planificación y la inversión en el sector.

El costo de sostener la producción agrícola para el ciclo 2026-2027 es significativo. CAMPO calcula una inversión total de USD 682.7 millones para mantener la producción nacional de cereales.
El maíz absorbe la mayor parte de estos recursos, con USD 494 millones. En términos individuales, la inversión para sembrar una manzana de maíz se estima en USD 1,300, lo que representa una carga importante para los pequeños y medianos productores. Esta cifra ilustra el desafío económico que enfrentan, en un contexto de altos precios de insumos y tasas de interés elevadas que afectan la rentabilidad y dificultan el acceso a financiamiento.
La producción agrícola nacional enfrenta obstáculos estructurales que limitan sus resultados. CAMPO identifica factores como la erosión de los suelos, el déficit hídrico, la presencia de malezas, la baja fertilización y el uso de semillas poco adaptadas como las principales causas de la baja productividad. Además, la reducción de la población rural dedicada al campo agrava la problemática y compromete el relevo generacional.
Por el lado de la rentabilidad, el informe señala que los bajos precios de venta, la falta de valor agregado, la poca diversidad de cultivos, la planificación inadecuada y los altos costos de insumos y financiamiento disminuyen los márgenes para los productores, especialmente para quienes dependen de créditos para mantener sus operaciones.

Frente a este panorama, el análisis de CAMPO advierte sobre el riesgo de una hambruna nacional si no se toman medidas urgentes. La organización llama a la creación de una comisión técnica para buscar soluciones viables y desarrollar estrategias de adaptación de la agricultura al cambio climático.
El informe enfatiza que la profundización de la crisis agrícola, junto al impacto de fenómenos naturales y la dependencia de importaciones, amenaza la soberanía alimentaria.
La actividad agropecuaria, destaca CAMPO, sigue siendo un sector clave para la generación de empleo rural en El Salvador. Sin embargo, el contexto actual obliga a repensar el modelo de desarrollo del campo y a fortalecer el apoyo institucional al sector. La implementación de políticas públicas orientadas a mejorar la productividad, la rentabilidad y la resiliencia frente a riesgos climáticos es vista como una prioridad para garantizar la seguridad alimentaria en el corto y mediano plazo.
La crisis agroalimentaria proyectada para el ciclo 2026-2027 trasciende las cifras y adquiere un carácter social y económico de primer orden. El desafío, según CAMPO, requiere respuestas integrales que incluyan inversión, innovación, asistencia técnica y una visión estratégica para asegurar el futuro del sector agrícola y la alimentación de la población salvadoreña.













