Marta Fort recordó a Gustavo Martínez en el día de su cumpleaños con una story en sus redes sociales. El padrino de Marta y de su hermano Felipe, se convirtió en tutor legal de ambos niños tras la muerte de Ricardo Fort. Su vida terminó cuando cayó desde el piso 21 de la torre donde vivía junto a los mellizos. Cada año, en esta fecha, la empresaria lo recuerda públicamente y este año no fue la excepción.
La imagen que eligió para acompañar el mensaje no fue una foto solemne sino todo lo contrario: una captura de Gustavo con un filtro de realidad aumentada que le dibuja cejas verdes y una malla de puntos sobre el rostro, con el texto en portugués “Quão sexy você é?” —“¿Qué tan sexy sos?“— superpuesto en la imagen. La elección habla por sí sola sobre el tipo de vínculo que los unía.
El texto que acompañó la imagen fue directo y sin filtros emocionales. “Como muestro cuando me siento bien también quiero mostrar cuando no lo estoy”, arrancó Marta. Y siguió: “Entre ayer y hoy me sentí muy mal porque este no deja de ser un día de recuerdo y melancolía para mí siendo la fecha de cumpleaños de una de las personas de mi crianza que tanto quise y querré.”
La descripción del vínculo fue concreta: “La persona que compartí tantas risas y tanto afecto.” Y la elección de esa foto en particular tuvo su explicación: “Con este recuerdo gracioso de nosotros cuando yo tenía 15 años, se deja entrever un poquito de lo bien que la pasábamos antes de tu enfermedad.”

El cierre del mensaje fue breve y cargado: “Feliz cumple a mi padrino, Gustavo.” Al pie de la story, Marta agregó una línea más que amplió el destinatario del posteo más allá del recuerdo personal: “Lo subo temprano para recordarle al resto de su ‘familia’ el día que es.” Hasta el momento, Felipe, el mellizo de Martita, todavía no se expresó en las redes acerca de este nuevo cumpleaños de su padrino.
Nacido el 4 de junio de 1959, el oriundo de San Isidro construyó su vida alrededor de su físico. Tras sufrir una dura infancia forjó una personalidad introvertida y solitaria, la cual trabajó con el ejercicio físico. Lo que empezó como un pasatiempo pasó a ser un estilo de vida y luego, una profesión. A principios de los ‘80, el fisicoculturismo era una novedad en el país. Gustavo llegó a desarrollar una incipiente carrera con su hermano Claudio, que se destacó a nivel competitivo, consagrándose campeón argentino y sudamericano y convirtiéndose en una leyenda en la disciplina.
Mientras lidiaba con los problemas familiares, también tuvo que hacer frente a otro tabú de la época: su homosexualidad. Así fue como un día conoció a un joven millonario, Ricardo Fort. En ese primer encuentro solo charlaron un rato y no mucho más que eso, pero de esa charla derivó un lugar, un boliche. Ricardo tomó nota y se volvieron a encontrar. Bailaron un rato con amigos y la pasaron tan bien que la noche se hizo día en un café. Allí sucedió el gesto que terminó de rubricar el flechazo. Pidieron la cuenta y Gustavo se adelantó, sacando su tarjeta de crédito.
A partir de entonces, su romance sería historia. En total fueron 6 años de amor. “Nunca le duraron demasiado las parejas a Ricardo”, admitió el entrenador tiempo después. Mientras seguía con su trabajo de personal trainer, veía que su novio quería ser famoso, que levantaba demasiado su perfil, que él no podía, o no quería, seguirle el paso. Con ese objetivo Ricky viajó primero a Los Ángeles y después a Miami. Gustavo lo siguió amando en silencio y nunca perdió el contacto, pero se mantuvo al margen del torbellino que en cualquier momento podía estallar.













