
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reafirmó que Cuba es un “Estado fallido” y sostuvo que la Administración de Donald Trump impedirá que la isla se transforme en una plataforma de operaciones contra la seguridad nacional estadounidense.
“Mientras Trump sea presidente, nunca permitiremos que Cuba se convierta en una base de operaciones contra Estados Unidos”, declaró Rubio en una entrevista con la cadena Fox News.
El jefe de la diplomacia estadounidense vinculó nuevamente la situación interna de Cuba con los intereses de seguridad de Washington. Fue al menos la tercera vez en lo que va del año que empleó la expresión “Estado fallido” para referirse a la isla.
Rubio no detalló qué medidas podría adoptar Estados Unidos ante esa amenaza, aunque sus declaraciones se suman a una secuencia de advertencias de la Casa Blanca y del Departamento de Estado contra el régimen cubano.

Trump también ya calificó a Cuba como un “Estado fallido” ante la ONU
Las palabras de Rubio llegaron pocos días después de la intervención de Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el 23 de septiembre. Durante su discurso en Nueva York, el presidente estadounidense sostuvo que Cuba “está fracasando como nunca antes y caerá”.
La administración republicana ha endurecido su discurso sobre La Habana, con críticas a la situación económica, política y social de la isla. La definición de “Estado fallido” busca presentar el deterioro cubano como un asunto que excede las fronteras nacionales y tiene implicancias para la seguridad de Estados Unidos.
Trump, sin embargo, introdujo un matiz el 26 de septiembre, cuando aseguró que confía en alcanzar un acuerdo con las autoridades cubanas. El mandatario afirmó entonces que probablemente no sería necesaria una operación militar.
La coexistencia de advertencias públicas y la posibilidad de una negociación mantiene abierta la incertidumbre sobre el próximo paso de Washington frente al régimen cubano.
Rubio condicionó cualquier cooperación a cambios políticos y económicos
En una advertencia previa, difundida el 23 de septiembre, Rubio planteó que las condiciones en Cuba no mejorarán sin transformaciones profundas. El secretario de Estado sostuvo que el sistema implantado tras la Revolución cubana fracasó luego de más de seis décadas y afirmó que cualquier recuperación requerirá apertura política y económica.
“Las cosas no van a mejorar en Cuba sin que hagan cambios muy sustanciales”, señaló el funcionario.
Rubio también diferenció entre integrantes del régimen. Dijo que Estados Unidos no podría trabajar con quienes, a su juicio, tienen responsabilidad en violaciones de derechos humanos, aunque dejó abierta la puerta a contactos con figuras dispuestas a impulsar una transición hacia la libertad política y económica.
El secretario de Estado consideró que los dirigentes cubanos enfrentan una oportunidad para alterar el rumbo del país, aunque expresó reservas sobre la posibilidad de que adopten esas decisiones. “Tengo esperanza de que lo hagan, pero no confianza”, afirmó.
El planteo de Rubio combina presión diplomática, cuestionamientos al régimen y una oferta condicional de cooperación para quienes promuevan reformas en la isla.

La situación de Cuba vuelve a ocupar un lugar en la agenda bilateral
Las declaraciones del secretario de Estado muestran que Cuba volvió a ocupar un lugar visible en la agenda exterior de Estados Unidos durante la semana de alto nivel de la ONU. La isla continúa bajo un sistema de partido único, con una economía afectada por la escasez, la inflación, los problemas energéticos y la salida de población.
La referencia de Rubio a una eventual base de operaciones contra Estados Unidos añade una dimensión de seguridad al discurso de Washington. Hasta ahora, la Administración Trump no precisó si esa evaluación está relacionada con la presencia de aliados externos de La Habana, con actividades de inteligencia o con otros factores.













