No sé qué clase de alcalde de la ciudad de Nueva York será Zohran Mamdani, pero ya ha demostrado ser una verdadera decepción como estadista. Nueva York es la única ciudad en el mundo en la que al menos 750.000 judíos y 750.000 musulmanes viven lado a lado. En lugar de ser un constructor de puentes entre ellos, Mamdani, el primer alcalde musulmán de la ciudad, ha elegido ser un destructor de puentes —usando el conflicto israelí-palestino como su hacha. Es un verdadero desperdicio de un talento político carismático.
Considere la reciente maniobra de Mamdani: amenazar con arrestar al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, cuando venga a la ciudad de Nueva York para la reunión de las Naciones Unidas en septiembre. La Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Netanyahu en 2024, alegando que cometió crímenes de lesa humanidad en la Franja de Gaza. Aunque finalmente Mamdani reconoció que la ciudad no tenía tal autoridad legal —y, en su lugar, instó al gobierno federal a ejecutar la orden días antes de la visita del líder israelí a Washington—, fue precisamente el tipo de gesto que Netanyahu utilizará en su campaña para ser reelegido el 27 de octubre. Yo mismo podría escribir el anuncio de campaña de Bibi: “El único lugar seguro para los judíos es Israel. Solo hay que ver lo que está sucediendo en Nueva York. El único líder que puede proteger a los israelíes soy yo: Bibi”.
En mi opinión, los puntos de vista extremos de Mamdani y de Netanyahu son dos caras de la misma moneda: Bibi no reconoce el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación en su patria nacional y cree que solo Israel debe gobernar el territorio que se extiende desde el mar Mediterráneo hasta el río Jordán. Pero los palestinos son un pueblo —más de 7 millones de ellos viven en ese espacio— y no van a desaparecer ni a renunciar a su derecho a un Estado, sin importar la fantasía que propaguen Bibi y sus seguidores. Lo que realmente vende Bibi es una guerra perpetua entre israelíes y palestinos. Hoy permite que los colonos en Cisjordania destruyan aldeas palestinas, y cuando estos se resisten, su gobierno lo llama terrorismo.
Mamdani tampoco aboga por una solución de dos Estados. Sostiene que los judíos no tienen derecho a la autodeterminación en un Estado propio —un Estado judío en su patria bíblica, en esa misma región que va del mar Mediterráneo al río Jordán—. Pero más de 7 millones de judíos también viven en ese espacio, y ellos tampoco van a desaparecer ni a renunciar a su derecho a un Estado judío, sin importar lo que digan Mamdani y otros socialistas democráticos. Así que, en la práctica, también promueven una guerra perpetua.
¿Qué pasaría si Mamdani realmente quisiera ser un constructor de puentes entre israelíes y palestinos, un papel para el que tiene una capacidad y un talento únicos? Si así fuera, declararía su intención de que, el día en que Bibi llegue a la ciudad de Nueva York para la Asamblea General de la ONU, convocaría un seminario en su oficina e invitaría a expertos israelíes, palestinos, árabes, musulmanes y judíos para discutir la única solución justa y estable: cómo forjar dos Estados separados para dos pueblos que viven en esa zona entre el río y el mar.
Invitaría a representantes saudíes para discutir la Iniciativa de Paz Árabe, que fue lanzada en esta columna en 2002 por el príncipe heredero saudí Abdullah bin Abdul Aziz al-Saud. Invitaría a Bill Clinton, Barack Obama y George W. Bush para que cada uno hable sobre sus respectivos planes de dos Estados para dos pueblos. Invitaría a líderes palestinos como Salam Fayyad, el ex primer ministro de la Autoridad Palestina, quien hizo tanto en su mandato para construir instituciones palestinas para un Estado palestino junto a Israel, para debatir cómo revivirían ese esfuerzo hoy en día.
Lo más importante es que invitaría a representantes de organizaciones judeo-árabes que intentan forjar dos Estados para dos pueblos, como Abraham Initiatives. No debe confundirse con los Acuerdos de Abraham; esta es una organización en Israel que trabaja en la reconciliación entre ciudadanos palestinos y judíos de Israel. (He donado dinero al grupo.) Invitaría a representantes de EcoPeace Middle East, una organización israelí-palestina-jordana dedicada a impulsar la reconciliación a través de proyectos medioambientales compartidos. (También he donado dinero a ella.) E invitaría al nuevo partido israelí Un Lugar para Todos Nosotros, creado antes de las próximas elecciones con una lista conjunta de palestinos israelíes y judíos israelíes, liderado por Rula Daoud y Alon-Lee Green.
En un ensayo publicado en Haaretz, Green explicó que el nuevo partido “no es un partido judío (con una representación árabe simbólica) ni un partido árabe (con una representación judía simbólica), sino un partido conjunto árabe-judío”. Propone construir “una paz que pondrá fin a la ocupación y permitirá el establecimiento de un Estado palestino independiente, junto al Estado de Israel”.
Por último, para añadir un poco de brillo, podría invitar a la actriz Natalie Portman. Me impresionó mucho el discurso que pronunció en una reciente recaudación de fondos online para Un Lugar para Todos Nosotros. Según un informe en Haaretz, Portman “enfatizó su identidad como mujer judía y ciudadana israelí, destacando que su padre nació y creció en Israel y que ella tiene ‘un profundo amor, como muchos de ustedes también, por los pueblos de esta región —todos los pueblos de esta región— y por la tierra, y por el futuro’”.

Como les dijo Portman a los partidarios del partido: “Lucharon por el regreso de los rehenes. Se opusieron a la guerra de aniquilación y lucharon por los niños de Gaza. Exigieron calles más seguras, salarios más justos… El ‘establishment’ quiere decirnos que esto es imposible, que la verdadera asociación es imposible. Quieren minimizar lo que estos increíbles líderes están haciendo aquí ahora mismo, y tienen miedo de lo que representa este movimiento”.
Eso es lo que suena como un liderazgo constructivo. Un Lugar para Todos Nosotros sigue apareciendo en las encuestas muy por debajo del umbral necesario para ganar un escaño en la Knéset. Pero también está comenzando. Si prefiere una versión más pragmática de ese mensaje, consulte el sitio web de Commanders for Israel’s Security, que reúne a casi 600 coroneles y generales retirados del ejército israelí, así como a veteranos del Mossad, del Shin Bet (Seguridad Interna), de la policía y del cuerpo diplomático, que están comprometidos a oponerse a la anexión israelí de Cisjordania y a trabajar por una solución de dos Estados.
Imagine si Mamdani, en vez de participar en una maniobra inútil de considerar públicamente el arresto de Netanyahu, convocara a todos estos defensores israelíes, palestinos, árabes y estadounidenses de los dos Estados para dos pueblos, y luego invitara a Netanyahu a dirigirse a ellos. Que sea Bibi quien diga: “No, no quiero tener nada que ver con defensores israelíes, palestinos, árabes y estadounidenses de dos Estados para dos pueblos”.
Al menos enviaría el mensaje a los votantes israelíes de centro-derecha, centro e izquierda de que el mundo no los odia, que el alcalde de la ciudad de Nueva York no va tras ellos y que lo único que quiere toda la comunidad internacional es que israelíes y palestinos sean socios constructivos, dispuestos a explorar la única alternativa realista a una guerra perpetua.
No tengo idea de si eso ayudaría. Pero sé con certeza que lo que está haciendo Mamdani solo está generando más votantes para Netanyahu entre los israelíes que creen que Bibi es su único protector, y que su actitud intransigente es su única salvación.
Si eso es lo que Mamdani quiere hacer ahora con su plataforma —echar más leña a un fuego que ya arde por sí solo—, es un desperdicio de su talento, un desperdicio de su cargo, un desperdicio de su aliento y un desperdicio de nuestro tiempo.
© The New York Times 2026.












