
El clima es la principal causa de demoras en la aviación. Fenómenos como tormentas eléctricas, niebla, vientos fuertes y bajas temperaturas afectan de manera directa la puntualidad de los vuelos. El meteorólogo Eric Bott informó que cerca del 30% de los retrasos aéreos registrados el año pasado se debieron a condiciones meteorológicas adversas, según datos de la Oficina de Estadísticas de Transporte.
Travel + Leisure señaló que muchos pasajeros suelen atribuir las demoras a otras razones, aunque los factores climáticos son los que más inciden en la operación aérea. En ese sentido, Bott explicó que, si bien muchos viajeros temen a la turbulencia, ese fenómeno no representa la principal causa de retrasos entre ciudades.
Cómo impacta el clima en la operación aérea
Travel + Leisure explicó que los retrasos por cuestiones climáticas responden a razones de seguridad y de operación aeroportuaria, ya que en esas condiciones se reducen los movimientos en pista y aumenta la distancia entre aviones, lo que termina afectando también a los vuelos posteriores.
Bott señaló que las tormentas eléctricas son la principal causa de demoras dentro del sistema nacional de espacio aéreo, debido a que, ante ese riesgo, no es posible despegar ni aterrizar con normalidad.
El especialista agregó que una escala no prevista o una demora prolongada puede generar desajustes en los horarios y en los límites de trabajo de las tripulaciones, lo que a su vez puede impedir que una aeronave complete los tramos siguientes en tiempo y forma, incluso si luego mejoran las condiciones meteorológicas.
Asimismo, el reporte de Travel + Leisure indicó que los pasajeros pueden reducir riesgos mediante una mejor planificación del viaje. Entre las recomendaciones principales, mencionó reservar vuelos tempranos, que suelen ser más puntuales, y prever más de dos horas para las conexiones en aeropuertos de alto movimiento.

Los 4 tipos de clima que más retrasan los vuelos
Tormentas eléctricas
Las tormentas eléctricas encabezan la lista de factores con mayor capacidad de alterar la operación aérea, según Eric Bott. El motivo principal es que pueden bloquear despegues y aterrizajes y, al mismo tiempo, alterar rutas dentro del espacio aéreo. Cuando ese escenario se presenta en centros de conexión o en áreas con tráfico intenso, el impacto se amplifica en cadena sobre múltiples aeropuertos.
El meteorólogo señaló a Travel + Leisure que el “efecto dominó” resulta determinante. Si una aeronave no llega a su destino a tiempo, la demora se proyecta sobre la siguiente salida asignada a ese equipo y sobre la tripulación prevista para operarlo. Una interrupción puntual puede extenderse al resto de la jornada y afectar vuelos sin relación directa con la tormenta original.
Niebla y nubes bajas
La niebla y las nubes bajas también ocupan un lugar central entre los factores que más afectan la puntualidad. Según explicó Bott a Travel + Leisure, estas condiciones pueden obligar a los aeropuertos a aceptar menos llegadas por hora, una decisión que ralentiza toda la operación y genera acumulación de vuelos en espera o en tierra.
El especialista indicó que, en determinadas circunstancias, la capacidad de recepción de aeronaves puede caer hasta la mitad del ritmo habitual. Esa situación adquiere mayor relevancia en el corredor noreste de Estados Unidos, donde la densidad de tráfico vuelve más sensibles los ajustes operativos. Cuanto menor es la capacidad de un aeropuerto para absorber arribos, mayor es la presión sobre el sistema que lo rodea.

Vientos fuertes
Los vientos fuertes representan otro riesgo operativo, en especial durante las maniobras de aproximación y aterrizaje. Bott explicó a Travel + Leisure que la presencia de viento cruzado o ráfagas intensas eleva la posibilidad de una maniobra frustrada, lo que obliga a extremar la separación entre aeronaves y a ordenar con más cautela la secuencia de arribos.
Ese margen adicional reduce la cantidad de aviones que pueden utilizar una pista en un mismo período. El resultado es una llegada más espaciada de vuelos, con demoras que pueden trasladarse a salidas posteriores. En aeropuertos con alto volumen de tráfico, una baja moderada en la capacidad ya alcanza para modificar la programación del resto del día.
Temperaturas bajo cero y lluvia helada
Las temperaturas bajo cero y la lluvia helada no siempre implican una paralización total, pero sí agregan tiempo a los procesos previos al despegue. De acuerdo con Bott, estas condiciones exigen procedimientos de descongelamiento de las aeronaves, una tarea indispensable para preservar la seguridad operativa antes de autorizar la salida.
Ese proceso introduce demoras propias incluso cuando el aeropuerto sigue abierto y las pistas permanecen operativas. Bott resumió esa situación en declaraciones recogidas por Travel + Leisure: “Siempre habrá retrasos inherentes a este tipo de situaciones”. En ese contexto, la turbulencia queda en un plano distinto: puede resultar incómoda para los pasajeros, pero no suele ser el factor que más condiciona la llegada del avión a destino.













