Andrés Bartlett fue atropellado por un patrullero la madrugada del 17 de noviembre de 2024 en la ciudad correntina de Goya. Las cámaras de seguridad fueron claves en el caso: las imágenes demostraron que el móvil policial lo arrolló, en varias oportunidades, al responder a un alerta porque el hombre estaba con un brote psicótico y armado con un cuchillo.
Este martes, el tribunal de revisión de la ciudad de Mercedes ratificó este martes la acusación por “homicidio agravado y torturas”, contra los dos policías, ante una impugnación presentada por las defensas del sargento Emiliano Molina y el cabo Sergio Matías Maciel.
La resolución de los jueces Eduardo Deniri, Jorge Esper y Carlos Martínez, a la que tuvo acceso Infobae, fue por unanimidad.
En la audiencia que confirmó el fallo del juez de Garantías de Goya Francisco Antonio Arrué estuvieron presentes María Eugenia Ballará como fiscal, Manuel Federico Sandoval Benetti por la querella, Jorge Eduardo Isetta como querellante por el Comité de Prevención de la Tortura de la provincia de Corrientes, Sergio Basiliano Blanco como abogado defensor de Maciel y Claudio Alejandro Núñez y Eduardo Mariano Gómes como defensores particulares de Molina.
De esta manera, el caso se dirige a juicio donde los efectivos enfrentan una condena a prisión perpetua si la acusación se sostiene.
El caso
Primero se creyó que Bartlett había muerto camino al hospital, esa fue la versión policial. El informe preliminar de la autopsia diría que el deceso fue un paro cardiorrespiratorio no traumático, pero la Justicia no estaba convencida; la familia tampoco. Tenían razón.
Una Junta Médica avaló las oscuras dudas de la fiscal Ballará y de la familia de Andrés, padre de cinco varones, con problemas de consumo problemático desde los 14 y que padecía un trastorno bipolar.
Los médicos coincidieron en que Bartlett murió asfixiado por los policías que lo arrestaron. No subió vivo a la ambulancia ni falleció camino al hospital, como intentaron hacer creer los policías.
Justamente, dos de los que quisieron instalar esa versión fueron el sargento primero Santiago Molina y el cabo Sergio Maciel; quienes gozan del beneficio de la prisión domiciliaria.

Esa madrugada trágica, un llamado al 911 alertó sobre un hombre en estado de excitación y armado con un cuchillo. La Policía de Corrientes, de la Comisaría 1ª, acudió al lugar. Luego, llegaron más móviles de otras tres dependencias. En el cruce de las calles Ferré y 9 de Julio de Goya, tal como lo captaron los videos de una cámara de seguridad, Bartlett fue embestido en varias oportunidades por un patrullero.
En ese móvil de la Comisaría 1ª iban el sargento primero Molina y el cabo Maciel. El de mayor rango fue quien se puso al volante. “Luego, por orden de una oficial, un agente le disparó balas de goma y él cayó al piso. Ahí, lo redujeron boca abajo, con los brazos hacia atrás. Él les pedía por favor, les decía que tenía cinco hijos. En esas circunstancias, lo asfixiaron”, le contaron fuentes del caso a Infobae.
Y agregaron: “El que se subió sobre el cuerpo de Andrés, Maciel, pesa más 100 kilos. Lo asfixió por compresión y después fue con el cuerpo en la ambulancia. El sargento fue el que lo atropelló”.

Los dos imputados desde el principio fueron pasados a disponibilidad por el ministro de Seguridad de Corrientes, Alfredo Vallejos. Eso aún cuando el informe preliminar de la autopsia, del que participó la Comisión Provincial de Prevención de la Tortura; determinó que el cuerpo de Bartlett “tiene escoriaciones y lesiones leves, pero que la muerte fue un paro cardiorrespiratorio no traumático”.
Andrés fue el tercero de los cinco hijos del primer matrimonio de Lilia (56) y Carlos Arturo Bartlett (65). Lo curioso es que todos los policías de Goya conocían a Andrés porque su familia es la proveedora de la comida de los presos de las comisarías de la ciudad y la víctima trabajaba en el emprendimiento familiar.













