
Fuera de las prácticas habituales en la relación con el Vaticano y con evidente mensaje para consumo local, el Gobierno dio prácticamente por hecho el viaje de León XIV a la Argentina, en noviembre, como parte de un recorrido regional. Es probable que así sea, aunque recién hacia fines de junio podría ser confirmada la gira del Papa. En cualquier caso, es llamativo el contexto y el sentido de la esperanza libertaria: supondría en ese imaginario una especie de aporte al esfuerzo oficialista para recrear expectativas, después de un arranque de año -en rigor, un cuatrimestre- complicado para Olivos. El problema asoma cuando se proyecta el mensaje de la Iglesia. Esta semana incluyó una muestra del impacto que provoca un señalamiento crítico. Y la reacción fue manejada en el caso de Javier Milei, pero sin límites en versión de “ideólogos” violetas y extrema en las redes sociales.
“Altamente probable”. El Presidente utilizó esa definición para exponer la expectativa libertaria por el viaje papal. Y de paso, elogió a Pablo Quirno por las gestiones para abrir la puerta a la visita. Un ex diplomático uruguayo había dejado trascender la posibilidad y el canciller lo había sugerido. Después, las fuentes del Gobierno lo difundieron con entusiasmo. Todo sucedía en paralelo con las consideraciones sobre el tedeum del 25 de Mayo. Esa celebración religiosa, y los movimientos previos del Gobierno, expusieron esta vez inquietud frente a las señales que viene emitiendo La Iglesia Católica, con foco social.
De hecho, existían prevenciones que le dieron mayor volumen y expectativa a la homilía en la Catedral metropolitana. Fue difundido el encuentro previo de Quirno y otros funcionarios con el titular de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo; el arzobispo Jorge García Cuerva, y otras autoridades eclesiásticas. Hasta ese momento, el tope de las preocupaciones del oficialismo era ocupado casi exclusivamente por las internas sin fin y el caso Adorni. Esa cita añadió a la lista un dato externo, fuerte. Una señal de lo que sucede fuera de los límites libertarios.
El mensaje de García Cuerva y la posible visita del Papa son dos elementos de muy desigual magnitud, pero que se combinan para colocar en el temario político la relación de Olivos con la Iglesia, marcada por una mala lectura política del Gobierno.
El señalamiento en el Tedeum fue significativo por las referencias explícitas y las reacciones del oficialismo. Y la probabilidad de una visita de León XIV, que ganó títulos en simultáneo con el impacto de su primera encíclica, asomó abordada con cierta liviandad de análisis, al menos por su presentación con tono de logro para consumo de política nacional. Vale ir por parte.
García Cuerva fue preciso, con los cuidados del caso, en la homilía que, como suele ocurrir, es interpretada como un mensaje a la dirigencia en general. Por supuesto, el foco principal apunta al poder político. Nada nuevo. Por eso mismo y frente a las autoridades nacionales, la traducción es repetida. El error básico, en este caso y en muchos anteriores, es analizarlo como un mensaje aislado, sin considerar el conjunto de declaraciones episcopales, es decir, la “línea”. En espejo, las expresiones de malestar y sobre todo las andanadas contra el arzobispo porteño -las descalificaciones ácidas sobre su trayectoria- podrían ser interpretadas como un aviso para un destinatario más amplio.

Era esperable lo que resonó en la Catedral de Buenos Aires. García Cuerva repitió el reclamo sobre la necesidad de diálogo, apuntó contra los “odiadores”, el “terrorismo” verbal en las redes y la polarización aguda. Fue quizás más fuerte cuando aludió a algunos efectos del ajuste -especialmente, en los sectores más vulnerables- y advirtió sobre un peligro de “desmembramiento social”. Milei evitó transmitir malestar. En cambio, el diputado Benegas Lynch y Nicolás Márquez -considerados exponentes más “ideológicos” del mileismo- no ahorraron en la descalificación: uno lo consideró militante “con sotana” del peronismo y el otro, directamente “hereje” y hombre del “apóstata Bergoglio”. En las redes, escalaron las cargas violetas.
Nadie, de todos modos, podría considerarse sorprendido si presta atención a mensajes en paralelo de otros obispos, y a los antecedentes inmediatos. Alcanzan un par de ejemplos del presidente de la Conferencia Episcopal. Hace poco más de dos semanas, Marcelo Colombo destacó el empobrecimiento de franjas de clase media y media/baja, y lo ilustró diciendo que gente que llevaba ayuda a las iglesias, ahora se acerca a pedir asistencia. Antes, había insistido con la necesidad de atender la situación en el área de discapacidad. Ese tema motorizó incluso una carta del episcopado al ministro Mario Lugones.
En conjunto, son datos significativos al momento de considerar los ingredientes de la relación con el episcopado argentino y su proyección hacia el Vaticano.
“De Roma viene lo que a Roma Va”: a esa vieja frase suelen recurrir quienes conocen el tema para explicar en parte cómo funciona la relación entre las autoridades locales de la Iglesia y el Vaticano. Eso no es mecánico ni disimula rispideces cuando existen, pero puede dar una pista sobre el mensaje a los gobiernos, es decir, cómo es atendida en Roma la mirada del episcopado de cada país. En el caso argentino, se produjo un cambio, de hecho, durante el pontificado de Francisco, porque la mirada política apuntaba casi sin escalas al Vaticano. Ya no es así.
Está claro, además, que León XIV recrea una concepción de mínima incómoda para la visión libertaria. En su primera encíclica, “Magnífica Humanitas”, el Papa coloca a la Iglesia frente a la etapa de la inteligencia artificial. Más allá de otras consideraciones, y mirado en términos políticos, es un señalamiento sobre los riesgos de la concentración de poder y riqueza. Por supuesto, el extenso texto abarca otros temas, desde doctrina religiosa hasta cuestiones sensibles de la agenda internacional: guerras, migrantes, multilateralismo.
Se trata de un trazo fuerte del cuadro. Otro, nada menor, exhibe la tensión entre el Papa y Donald Trump. Es la expresión de miradas enfrentadas sobre cuestiones geopolíticas, tema que expone el alineamiento internacional de la gestión Milei.
Pero todo eso, al menos por el momento, no entraría en la consideración del Gobierno. El posible viaje de León XIV es expuesto ahora con sentido de logro, para nada ajeno a los movimientos que se suceden en el intento de recrear expectativas sociales. Eso mismo habla de necesidades inmediatas del Gobierno, lejos de lo que podría plantear la visita del Papa. Falta mucho para noviembre.













