El dolor de perder a un hijo representa un abismo que muy pocos logran nombrar o sobrellevar, pero para Tatiana Beltrán y el reconocido creador de contenido salvadoreño Óscar Sandoval —más conocido en redes sociales como “Gordo Soyacity”— esa pérdida devastadora se convirtió en la semilla de un proyecto de amor incondicional.
Tras el fallecimiento de su pequeño Mateo a los dos meses de nacido, la pareja tomó la decisión de canalizar su luto en un faro de esperanza. Así nació la Casa de Mateo, un espacio diseñado para abrazar a cientos de familias que enfrentan la angustia y el desgaste en el Hospital Nacional Especializado de Niños Benjamín Bloom.
Aperturada oficialmente el 27 de abril de 2025, la fundación se ha establecido como un puerto seguro donde la empatía y la dignidad humana alivian el peso de la enfermedad infantil.
El camino para transformar el luto en servicio no fue sencillo. Para Tatiana, regresar de forma constante a los alrededores del centro médico representaba una prueba desgarradora.
“Mi principal reto fue tener que estar tan cerca del lugar donde vi a mi hijo partir”, confesó Beltrán, a Infobae, recordando los duros momentos del proceso.
Sin embargo, la urgencia de acompañar a otros padres que atravesaban por circunstancias similares cobró más fuerza que la propia tristeza. El Hospital Benjamín Bloom es un punto de referencia no solo para El Salvador, sino para toda la región centroamericana, al recibir de forma continua a familias de países como Guatemala, Honduras y Nicaragua.
Aunque el personal médico brilla por su excelencia profesional en el cuidado de los niños, las madres y padres que acompañan a sus hijos suelen quedar en un segundo plano. Muchos de ellos pasan semanas durmiendo en el suelo de los pasillos, sin acceso a una ducha caliente, con la ropa acumulada y con limitadas posibilidades de alimentarse adecuadamente.
La Casa de Mateo nació precisamente para dignificar ese rol de cuidador. De lunes a viernes, en un horario de 9:00 a.m. a 1:00 p.m., las instalaciones abren sus puertas para recibir entre 30 y 40 madres diariamente.
El lugar les ofrece un espacio adecuado para el aseo personal, área de lavandería equipada con cuatro lavadoras y tres secadoras, insumos de limpieza, refrigerios, apoyo espiritual y sillones confortables donde descansar de las largas noches en vela.
Voces de gratitud: El impacto directo en la vida de las madres
Para quienes viven día a día entre las paredes del hospital, la Casa de Mateo no es simplemente un centro de asistencia física, sino un refugio emocional que renueva sus fuerzas. Las madres que frecuentan el lugar destacan el alivio que representa encontrar puertas abiertas y rostros amables en medio de momentos de profunda incertidumbre.
Karla Morales, proveniente de Guazapa, ha tenido que acampar de forma constante en el hospital debido a la insuficiencia renal crónica de su hijo de 11 años, quien actualmente recibe tratamiento de diálisis a la espera de un trasplante de riñón.
Una experiencia similar vive Clarice Morán, originaria del departamento de Ahuachapán, quien viajó a la capital tras sufrir su hijo de 9 años una recaída por leucemia, ambas comentaron para Infobae la gratitud hacia los fundadores.
Fe, sostenibilidad y la misión de sanar vidas
El impacto de la fundación se percibe en la vida diaria de quienes llegan al hospital Bloom. Desde su apertura hasta diciembre de 2025, más de 2.500 madres y padres utilizaron los servicios de la Casa de Mateo, según datos compartidos por los fundadores.
Por lo que, mantener en marcha este refugio implica un desafío financiero cotidiano. La fundación opera sin el patrocinio permanente de grandes corporaciones para sus servicios básicos, sosteniéndose principalmente gracias a los ingresos generados por Óscar Sandoval a través de su proyecto Gordo Soyacity, sumado a alianzas estratégicas con marcas de detergentes, además de donaciones esporádicas de ciudadanos particulares.
A pesar de las incertidumbres presupuestarias y de infraestructura, la pareja mantiene una postura fundada en la fe y el servicio desinteresado. “Una de las enseñanzas de Jesucristo es vivir el día a día. Hoy por hoy estamos aquí para ayudar y, si es la voluntad de Dios, las puertas se seguirán abriendo”, reflexiona Sandoval.
En su constante búsqueda por mejorar la atención a los cuidadores, los fundadores planean sumar servicios de fisioterapia para ofrecer masajes relajantes a las madres abrumadas por el estrés físico.
Para Tatiana y Óscar, la Casa de Mateo no es una empresa ni un proyecto de expansión, sino un testimonio vivo de que el dolor familiar puede transformarse en un abrazo reconfortante para quienes más lo necesitan en El Salvador.












