
En 1736, un grupo de científicos europeos llegó a la Real Audiencia de Quito para medir la Tierra desde la línea ecuatorial. Casi tres siglos después, Ecuador y Francia volvieron a mirar esa historia desde París: la Embajada del Ecuador en Francia convocó, el 28 de mayo de 2026, una charla conmemorativa por los 290 años de la llegada de la Primera Misión Geodésica Francesa, en el marco de la Semana de América Latina y el Caribe.
La actividad se realizó en la sede diplomática ecuatoriana, en la rue Copernic, y estuvo dedicada a recordar una expedición que convirtió al actual Ecuador en escenario de una de las mediciones científicas más importantes del siglo XVIII.
La misión había sido organizada por la Academia de Ciencias de París, con autorización de la monarquía francesa, en un momento en que Europa discutía la forma real del planeta. La Tierra ya no era imaginada como plana, pero aún existía una disputa científica sobre si era alargada en los polos, como sostenían sectores cartesianos y cassinianos, o achatada en los polos y ensanchada en el ecuador, como planteaba Isaac Newton.

Para resolverlo, los científicos debían comparar la longitud de un grado del meridiano terrestre en dos zonas extremas: una cerca del Polo Norte y otra cerca de la línea ecuatorial. La expedición enviada a Laponia midió el arco polar; la que llegó a Quito debía medir el arco ecuatorial.
Los expedicionarios franceses fueron Louis Godin, Pierre Bouguer, Charles Marie de La Condamine, Joseph de Jussieu y otros técnicos y asistentes. Por exigencia de la Corona española, que controlaba esos territorios, también participaron los marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa. En territorio quiteño se sumó Pedro Vicente Maldonado, científico riobambeño que conocía la geografía local, había elaborado mapas y apoyó a la misión con recursos, contactos y conocimiento del terreno.

La tarea era compleja. No buscaban simplemente “marcar la mitad del mundo”, sino medir con precisión un arco del meridiano terrestre. Para hacerlo usaron triangulación geodésica: eligieron una línea base medida cuidadosamente en el terreno y, desde allí, construyeron una red de triángulos entre montañas y puntos visibles del callejón interandino.
Al conocer un lado inicial y medir los ángulos con instrumentos astronómicos y geodésicos, podían calcular distancias mayores sin recorrerlas directamente. Esa cadena de observaciones se extendió por la Sierra, desde zonas cercanas a Quito hacia el sur.
La “mitad del mundo” fue delimitada a partir de observaciones astronómicas y cálculos matemáticos. Los científicos determinaban la latitud de distintos puntos observando estrellas y cuerpos celestes, y luego comparaban esas mediciones con la red de triángulos levantada sobre el terreno.

Así pudieron establecer por dónde pasaba la línea equinoccial, es decir, el paralelo 0°, la línea imaginaria que divide el planeta en hemisferio norte y hemisferio sur. La marca actual de la Mitad del Mundo es una construcción posterior; la misión del siglo XVIII produjo la base científica que permitió ubicar esa zona con una precisión extraordinaria para su época.
El trabajo fue largo, costoso y difícil. Los integrantes de la expedición enfrentaron enfermedades, problemas de financiamiento, diferencias internas, accidentes, condiciones climáticas extremas y la complejidad de trabajar en alturas andinas. Lo que en principio debía tomar pocos años se extendió mucho más.
La expedición, iniciada en 1735 y llegada a Quito en 1736, mantuvo trabajos durante la década siguiente. Sus resultados confirmaron que Newton tenía razón: la Tierra no era una esfera perfecta, sino un cuerpo achatado en los polos y ensanchado en la zona ecuatorial.

El legado de la misión fue más allá de la geodesia. Sus integrantes produjeron observaciones astronómicas, mapas, registros sobre plantas, minerales, costumbres y rutas. Antonio de Ulloa identificó y describió el platino para la ciencia europea. La Condamine realizó luego observaciones sobre el Amazonas.
Pedro Vicente Maldonado consolidó su lugar como uno de los científicos más importantes de la Audiencia de Quito. La expedición también alimentó el desarrollo de la cartografía moderna y del sistema métrico decimal, cuya definición inicial estuvo vinculada a la medición del meridiano terrestre.
Por eso, 290 años después, la conmemoración en París no evocó solo una visita científica extranjera, sino un episodio en el que el territorio ecuatoriano quedó asociado a una pregunta universal: cómo medir el planeta. La Misión Geodésica convirtió montañas, valles y cielos de la actual Sierra ecuatoriana en instrumentos de cálculo. Desde allí, los científicos midieron ángulos, observaron estrellas y compararon distancias para responder una controversia que atravesaba academias, imperios y teorías físicas. Ecuador quedó unido desde entonces a una palabra que terminaría definiendo su nombre: la línea del ecuador.












