El canciller de Irán aseguró que “nunca habían estado tan cerca”, en forma similar el primer ministro de Pakistán hablo del “texto definitivo”, toda vez que el Memorándum de Islamabad contemplaba 14 puntos fijándose un plazo de 60 días para la negociación del programa nuclear iraní, lo que confirma que Trump decía la verdad cuando aludía a una negociación, a pesar de los desmentidos que salían de la Guardia Revolucionaria (GR).
Por su parte, un alto funcionario, con la debida autorización de Trump revelaba detalles a medios de comunicación escogidos que incluían a INFOBAE, donde se cifraba en un 85% la probabilidad de firmar un acuerdo “en los próximos días” y donde la Casa Blanca resaltaba cinco ejes: primero, la reapertura de Ormuz y el levantamiento del bloqueo estadounidense a los puertos iranies, segundo, el desmantelamiento del programa nuclear, tercero, la destrucción y posterior retiro del uranio enriquecido por parte de Washington, cuarto, el compromiso que Irán cesaría el apoyo a milicias proxis, y quinto, un régimen de inspección que garantizara el cumplimiento.
Este desenlace confirma cuánta razón tenía el más destacado teórico de la guerra, Carl von Clausewitz (1780-1831) cuando definía a la guerra como “la continuación de la politica por otros medios”. De concretarse la firma. por ahora se va a poner fin a una rotativa de declaraciones confusas, donde Trump un día hablaba de tomar miliarmente la isla de Jark y al siguiente dejaba sin efecto la amenaza, situación que se repitió más de una vez, dándole la razón al bengalí Premio Nobel de Literatura Rabindranath Tagore (1861-1941) cuando escribía que “cambiar constantemente de opinión no es decisión, sino que se transforma en indecisión”.
El problema es que lo acordado no es un tratado como tampoco un acuerdo definitivo, sino que solo es un Memorándum que fija los temas y criterios a ser discutidos durante 60 días, un paso aplaudible hacia la paz, pero por lo mismo podría conducir a error sobre la base de falsas esperanzas. La verdad es que se ingresó a un nuevo terreno, donde lo seguro, es que en todo escenario que no sea el bélico, sobrevive la República Islámica (RI).
Contrario a lo que se cree, antes de llegar a la Casa Blanca, Trump siempre se opuso a que los problemas políticos se solucionaran vía ocupación militar y así hizo su primera campaña sobre la base de extraer a EEUU de guerras interminables, prefiriendo ataques focalizados que no comprometieran tropas en el terreno. Sin embargo, se hace difícil de explicar que haya iniciado un bombardeo el 28 de febrero sin que ello se prolongara hasta derrotar a la República Islámica cuando el predominio estadounidense era total como lo era la debilidad de Irán, en su peor momento en 47 años. Entonces la duda es ¿por qué y paraqué EEUU bombardeó a partir del 28-II, si no estaba dispuesto a terminar lo que fue iniciado con el objetivo declarado de terminar con la RI?
Ese fue el principal error, haber detenido el avance militar, posiblemente por pensar que la RI era un actor racional, en el sentido occidental del término, con el que era posible negociar, cuando en realidad ni siquiera así se hizo con la Alemania nazi o el Japón militarista, sino que se buscó doblegarlos hasta rendirlos. Hubo una incomprensión de lo que decía hace dos milenios y medio en China Sun Tzu, que las guerras solo se acaban cuando se termina la voluntad de lucha del rival, parecido al error cometido por Israel con Hamas, que hoy busca compensarlo buscando la derrota final de Hezbollah en el Líbano. Tampoco se entendió que victoria y derrota tienen un sentido distinto en el Medio Oriente, y que para la RI su triunfo era sobrevivir en el poder, ya que para su versión fundamentalista de islamismo revolucionario, a lo único que no podía renunciar era al control total de Irán, como la base real que disponía.

Del mismo modo, también ha sido un error que Trump no disponga para la guerra de un portavoz, por lo que con frecuencia ha estado haciendo declaraciones cambiantes, ya que no controla -y quizás nadie lo hace- lo que transcurre en Irán, divididos como están entre un sector político disponible para negociar y el verdadero poder, la Guardia Revolucionaria (GR) dispuesta a combatir hasta el final, sobre la base de ideas de fin del mundo conocido.
Es hoy entendible que con encuestas desfavorables, se necesita abrir Ormuz para lo cual se necesita un acuerdo, toda vez que las amenazas no han surtido efecto, y que el control de Irán tiene una base que no es reflejo de un poder militar que hoy no posee, sino de algo automático que ha paralizado todo tránsito, cual lo es el funcionamiento de los seguros marítimos, donde basta cualquier ataque con un barco liviano o la simple amenaza, para que se paralice inmediatamente la entrega de seguros a barcos que allí transitan, lo que los obliga a detenerse de inmediato.
Aunque EEUU casi no adquiere petróleo desde allá y que la situación de Ormuz lo ha convertido hoy en no solo el principal productor sino también el principal exportador, la realidad interna de EEUU obliga a Trump a bajar el precio del petróleo y la inflación como requisito de victoria electoral. Sin embargo, aunque exista el Memorando ¿Cómo se confía en lo firmado cuando todos concuerdan en una cosa, que la RI nunca ha respetado nada de lo comprometido?, exactamente el lenguaje utilizado para renunciar al acuerdo nuclear firmado por Obama.
No hay claridad en cuanto ha influido el hecho que se le dijo al Congreso que habían terminado las grandes acciones bélicas como también que se había acabado el plazo donde se puede estar en guerra sin consultar al poder legislativo, aunque siempre hubo dudas sobre la constitucionalidad de esa ley que limita lo que puede hacer el poder ejecutivo y que tanto Clinton como Obama no la respetaron.
En la negociación, Irán siempre actuó con gran paciencia, ya que estaban convencidos que el tiempo operaba a su favor. En el fondo se enfrentaron dos estilos, la adquisición hostil que ha caracterizado al capitalismo estadounidense y al propio Trump en temas como Groenlandia, pero la verdad es que Trump había actuado con gran coraje, al ser el primero de ocho presidentes estadounidenses que decidió enfrentar el desafío que ha significado la República Islámica y su Yihad que desde 1979 canta “muerte a América” y que definió a EEUU como el “gran Satán” desde el primer día, ya que la destrucción de Israel era solo la del “pequeño Satán”.
Es llamativo lo que pasó, ya que Trump lo había hecho todo bien hasta que empezó a hacerlo mal, y llama doblemente la atención que con esta decisión haya perdido algo tan importante como lo es la disuasión, similar a lo que le ocurrió a Israel con la invasión del 7-X. Por otra parte, en lo personal menciono el hecho que por escasa oportunidad no se ve a Trump siguiendo las recomendaciones de su libro “El Arte de la Negociación”, ya que por rara vez perdió el control de la narrativa, y al empantanarse en la negociación, fue Irán el que controló el discurso y los tiempos, por el simple expediente de demorar las respuestas y no saber su interlocutor quien tomaba realmente las decisiones, aunque todo indicaba que ante la eliminación del ayatola Ali Jamenei y las heridas de su hijo y sucesor, fue la GR la que llenó ese vacío.

Un error que también es difícil de entender desde el momento que en lo bélico a Trump le había ido bien o mejor de lo esperable en su guerra con Irán, que no fue una guerra elegida por su persona, sino desarrollada desde Teherán desde 1979. Trump cometió un gran error al no explicarle adecuadamente a la opinión pública estadounidense porque estaba atacando a Irán, a diferencia de Israel donde la mayoría entendía la necesidad de hacerlo, con el resultado que fue desde el principio una guerra muy impopular, lo que no ha logrado revertir.
En todo caso, Trump parecía haber entendido la gran lección de Vietnam, que no se puede ir a la guerra si no se estaba dispuesto a ganarla con todo el poder del que se dispone, por lo que con paciencia construyó un poder bélico superior, efectividad que se demostró en los resultados. No solo con un bloqueo total de los puertos que no dejó entrar ni salir barcos con el objetivo único de provocar tal deterioro económico que obligara al régimen a negociar, sino también en lo estrictamente bélico, ya que, aunque no lo reconociera la muy numerosa prensa opositora a Trump y el partido demócrata, es sin duda la guerra más exitosa desarrollada por EE. UU. en los últimos tiempos, no solo en comparación a Afganistán, sino también las dos Guerras del Golfo en 1991 y 2003, no solo en relación con guerras similares, sino también usando el precio del petróleo como referencia, ya que aun en situaciones de crisis menores, en marzo del 2012 cuando Obama buscaba su reelección, el precio del crudo Brent subió a un equivalente a 175 dólares por barril de hoy.
No solo en duración de la guerra que en Afganistán fue de dos décadas, sino que en la oportunidad actual, las pérdidas de vidas humanas como también de aviones y otras armas han sido muy escasas en comparación por ejemplo a 1991, donde la Operación Tormenta del Desierto fue considerada casi en forma unánime un “brillante éxito militar” en palabras del New York Times, a pesar que la coalición liderada por EEUU “perdió 75 aeronaves, 42 de ellas en combate”, y donde la operación aérea y terrestre duró 6 semanas, a pesar de lo cual Google la sigue recordando como “guerra relámpago”. Sin ir más lejos, la invasión de Panamá, cuya fase de combate solo transcurrió durante pocos días en 1989, a pesar de lo cual EE. UU. perdió 23 efectivos, además de 325 soldados que resultaron heridos.
La primera Guerra del Golfo fue diferente, en el sentido que no hubo protestas en las calles o en el extranjero que si las hubo en la invasión del 2003. La de 1991 fue también diferente en el sentido, de tener mucho apoyo para su justificación, lo que consiguió muchos aliados en Europa y en el Medio Oriente.
Sigue perjudicando a EEUU no entender todavía que la yihad y el fundamentalismo huelen debilidad y confusión cuando comienza a dudar de sus propios objetivos, y es eso lo que se presenció en las negociaciones, a pesar de que en esta guerra Irán también perdió a sus proxis y hoy no tiene capacidad para ser una amenaza permanente para Israel y los países árabes del Golfo, como lo fue a partir de 1979. Además, asusta cada vez menos, toda vez que mucho ha disminuido la cantidad de drones y misiles que posee, toda vez que le es cada vez más difícil reemplazar a los destruidos. Hoy, la capacidad del régimen es solo para aterrorizar a su propio pueblo, y así seguir sumando a la cantidad que fueron asesinadas en las calles solo por protestar pacíficamente. En ese sentido, no hay duda de que la figura de Trump se deteriora en la región al aceptar la supervivencia de la RI, toda vez que algunos de sus partidarios más entusiastas (al igual que los de Netanyahu) se encontraban en las multitudes de iraníes que salieron con valentía a protestar, entre otras razones, motivados por declaraciones suyas que los invitaban a hacerlo, y que hoy se sienten nuevamente indefensos. Al respecto, hoy en las RR.SS. en los países donde han emigrado los exiliados, han empezado a manifestar su desilusión.
¿Qué le pasó a Trump? ¿En qué momento empezó a equivocarse? Yo creo que cuando sacó el pie del acelerador y puso en el congelador la acción militar, toda vez que necesitaba seguir presionando, tanto para la victoria final como para obtener concesiones, hoy inseguras, ya que el acuerdo solo anuncia una etapa negociadora, donde el régimen no se siente derrotado sino victorioso, a pesar de toda la evidencia en contra, y con cierta probabilidad tiene deseos de maniatar a su interlocutor en una negociación que va a apostar a la derrota electoral de Trump en noviembre.
¿Cuánto influyeron los errores personales y los de la Administración Trump en la supervivencia de la República Islámica (RI)? No sabemos todo lo que pasó para llegar a este resultado, pero en EE. UU. lo único seguro es que siempre, tarde o temprano, todo termina sabiéndose. Por ahora, en la supervivencia de la RI (República Islámica) si sabemos que fundamental fue el fracaso en anticipar que Irán cerraría Ormuz. Doblemente inexplicable, por su importancia en la comercialización del petróleo y del gas, también por su relevancia para Irán y los países árabes del Golfo, que al ser aliados de Washington sirven de sede para importantes bases militares.
EE. UU. fue sorprendido y no supo cómo reaccionar adecuadamente, ya que sus anuncios de toma del estrecho o de bombardeo de la isla de Jark nunca se concretaron, lo que disminuyó su disuasión. Por lo demás, lo que ocurrió con Ormuz, demuestra una disminución de la importancia politica del ecologismo radical, como también que el mundo ha aumentado su dependencia del petróleo y del gas.
Quizás puede haberse cometido otro error, ya que parte importante de esta decisión estadounidense es el impacto que va a tener en lo que parecía ser una relación especial con Israel, que seguramente ya debe estar empezando a pensar en la posibilidad de tener que seguir enfrentando solo a Irán, tal como en el pasado lo tuvo que hacer con la amenaza de los programas nucleares de Irak y Siria, éxitos militares por los cuales fue duramente criticado. Por ahora, solo ha figurado en forma prominente la crítica a Netanyahu, pero esté o no en el gobierno, los intereses estratégicos de Israel son los mismos, cualquiera sea el primer ministro, un error grande que se comete en el extranjero, al atribuirle solo a Netanyahu políticas que son de Estado, como, por ejemplo, lo es el fortalecimiento de su industria militar. ¿Habrá un distanciamiento entre Israel y EEUU debido a estos anuncios relacionados con Irán o se generará un nuevo acomodo en la alianza?
No lo sabemos todavía, ya que mucho dependerá de los resultados electorales en ambas democracias, materia probable de una futura columna. Por ahora, por urgencias del momento electoral, EEUU fue arrastrado por Irán a “su” negociación, es decir, la mentalidad de bazar capturó a la “adquisición hostil” buscada en algún momento, que también pretendía controlar el suministro del petróleo iraní.
En todo caso, el régimen no solo sobrevivió por insuficiencias de EEUU, ya que fundamentalmente lo hizo por decisiones propias, toda vez que también en ello influyó la carencia de una alternativa a la dictadura, ya que, por su pasado dictatorial, la monarquía no lo es. El régimen también tuvo éxito en posicionar la narrativa de resistencia, gracias a la descentralización de los misiles, hecha después de la guerra de los 12 días, derrota que condujo a Irán a plantear una guerra híbrida asimétrica frente a un poder de fuego muy superior. En todo caso, esa narrativa encontró eco en la gran prensa estadounidense, y como resultado en el resto del mundo, tal como le había pasado a Israel al abanderizarse esos mismos medios a favor de la versión de Hamás.
El éxito mayor iraní fue haber creado una crisis económica global, a pesar de que, considerando las circunstancias, el precio del petróleo ha sido más bajo que lo que se podía haber esperado, probablemente porque no ha faltado, a diferencia de lo que ocurrió en la crisis del siglo pasado. A nivel interno, la supervivencia de la RI en el poder se debe principalmente a tres motivos, por un lado, la existencia del sistema secreto conocido como Bayt que controla todo lo que se hace en Irán, creado por el ayatola Ali Jamenei, y por cuyas manos pasa parte importante del PIB. Un segundo elemento donde ha tenido éxito fue en llevar la guerra a los países árabes del Golfo, que salvo los Emiratos parecen no haber estado preparados para ello como tampoco fueron defendidos adecuadamente por EEUU Tercero, la utilización de la milicia Basij para asesinar en las calles a quienes protestaban, masificándose así el miedo y el terror.
¿Qué escenario podría aparecer en los próximos 60 días de negociación?
Mi opinión es que lo que tenemos por delante es una repetición probable de lo vivido con el cese del fuego en Gaza y la creación de la Junta de Paz, que consiguió lo que nadie había logrado con el retorno de los rehenes israelíes que seguían vivos en los túneles, pero que hasta ahora no puede conseguir el desarme de Hamás, y por lo tanto, a pesar de los aplausos, todavía no logra iniciar la reconstrucción de la Franja de Gaza como tampoco los países comprometidos han enviado ni tropas ni dinero, por lo que probablemente los 14 puntos del bienintencionado Memorando de Entendimiento seguirán la suerte de los 20 puntos del hoy olvidado Acuerdo Marco para la Paz en Gaza, por lo que al final JD Vance podría haber profetizado que “el acuerdo con Irán para poner fin a la guerra podría tardar una semana o varios meses”, quizás con la mirada puesta en las difíciles elecciones.
@israelzipper
Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013).













