
La dependencia de Costa Rica de las importaciones de frijol ha alcanzado niveles inéditos, dejando a la producción nacional en una situación de vulnerabilidad sin precedentes, según detalla un análisis publicado en el periódico costarricense El Observador.
De acuerdo a los datos publicados en la nota, la Universidad Nacional (UNA) advirtió que el país solo logra abastecer el 20% de su demanda interna, mientras el resto proviene principalmente de Argentina, Brasil y Estados Unidos.
El fenómeno no se limita a una cifra. Según la UNA, la producción local actual apenas cubre dos meses del consumo nacional antes de requerir la llegada de frijol importado.
Esta brecha en el abastecimiento deja expuesta a la población frente a factores externos que el país no puede controlar, convirtiendo lo que era un asunto agrícola en un tema estratégico de seguridad alimentaria.
Caída abrupta en la siembra y abandono de productores
Entre 2018 y 2025, el área destinada al cultivo de frijol disminuyó de 16,000 a tan solo 9,000 hectáreas.
Según Rafael Evelio Granados Carvajal, académico de la Escuela de Ciencias Agrarias de la UNA, miles de productores abandonaron la actividad, sobre todo en las regiones Huetar Norte, Brunca y Chorotega, áreas históricamente ligadas al cultivo del grano.

El deterioro del sector se explica por una combinación de factores. En la conferencia de prensa “Poca venta de frijol activa alarmas sobre inseguridad alimentaria”, la universidad señaló que el debilitamiento de las políticas públicas y la reducción de la investigación desde los años noventa marcaron el inicio de la crisis.
Vulnerabilidad ante el mercado internacional y pérdida de biodiversidad
La dependencia de importaciones, que supera el 80%, coloca a Costa Rica en una posición frágil. Cualquier alteración en los mercados internacionales, como subidas de precios o restricciones de exportación, podría afectar el acceso a este alimento básico.
La UNA también alertó sobre otro riesgo: la pérdida de biodiversidad genética. “La desaparición de variedades locales de frijol implica perder la capacidad de adaptación a condiciones propias del país”, explicó Granados.
Además, subrayó que desarrollar una nueva semilla requiere seis años de investigación, pero después de cinco años de uso, los patógenos pueden limitar su aprovechamiento, lo que complica aún más la sostenibilidad productiva.

Impacto del cambio climático y propuestas de solución
El cambio climático ha exacerbado la crisis. Desde la década de 2010, las lluvias extremas han destruido cosechas y material genético local, según la evaluación de la UNA. Este fenómeno incrementa la dependencia de semillas importadas y reduce la resiliencia nacional ante los desafíos ambientales.

Para revertir la tendencia, la UNA propone diversificar las fuentes de abastecimiento y fortalecer la investigación en semillas resistentes.
Recomiendan también revalorizar el frijol costarricense, destacando su valor nutricional, su menor huella de carbono cuando es producido localmente y su aporte al empleo rural.
La situación del frijol en Costa Rica, según la universidad, es un claro ejemplo de cómo la seguridad alimentaria depende tanto de las decisiones internas como de la capacidad de respuesta ante factores globales y ambientales.













