La caravana apareció al borde del asfalto. No era un desfile ni una marcha. Era el camión de bomberos abriendo paso a un grupo de chicos con la malla todavía húmeda en las mochilas todavía húmedas. El pueblo se reunió en la entrada de Las Flores. Nadie preguntó por qué. Todos sabían que los campeones regionales volvían a casa.
En el centro de la provincia de Buenos Aires, la natación no siempre fue parte del paisaje. La pileta, inaugurada en 2014, cambió la rutina del pueblo. Allí empezaron a formarse los primeros equipos, pequeños en número, grandes en expectativas.
Todo fue por el trabajo de tres profesores, Katherine Hormaechea, Jonathan Grecco y Evangelina Iriarte. Esta fue la base de todo lo que llegó después.

Los números del campeón
El equipo juvenil de Las Flores ya es una realidad con medallas. Hace cinco años, las competencias regionales y nacionales dejaron de ser una rareza. Este año, 2025, el grupo se multiplicó. Unos 40 nadadores participaron en 18 torneos. Los pibes sumaron más de 500 de entrenamiento. Y los podios, en lugar de ser una excepción, se volvieron una costumbre. Superaron los 300.
Los chicos recorrieron 10.000 kilómetros en busca de marcas y rivales. No lo hicieron solos. En cada viaje, los profesores se repartieron roles y turnos. Hubo planificación, acompañamiento y correcciones técnicas en cada etapa. El nombre de Las Flores empezó a sonar seguido en los resultados oficiales.
Los tres profesores son nacidos en La Flores. Evangelina Iriarte volvió a su tierra en busca de tranquilidad. Su hija se apasionó por la natación. “Siempre le gustó el agua”. Y entonces ella se sumó al equipo en el inicio del camino con los niños y niñas de 6 años. “Ahi ya te das cuenta algunos que les encanta competir y llegar primero en cualquier carrera”, sostiene Evangelina.

Los profesores que bancan el proyecto
Katherine y Jonathan estudiaron el profesorado de educación física y también volvieron a su pueblo. Surgió la chance de sumarse al equipo y no lo dudaron. “Venía del fútbol, pero apenas llegué a la pileta me enamoré de este deporte”, explica el joven.
Katherine se dedicaba al básquet y también apenas recibió la propuesta del equipo no lo dudó. El objetivo de los profes es convertir un deporte individual en un equipo. “Tratamos de fomentar la solidaridad entre los chicos – explica Katherine-. Cuando uno compite, el resto alienta desde el borde de la pileta. Eso es importante”.
Este año, el equipo agregó para los chicos unas charlas de neurociencia para estar tranquilos y sin presiones a la hora de competir. Katherine relata que en los torneos se ven familias que ejercen presiones sobre los chicos, pero aclara que eso no sucede con el equipo de Las Flores.
Jonathan agrega que se les plantea a los chicos objetivos propios y se les explica cómo lograrlo. “Por ejemplo, puede ser que puedan hacer la vuelta americana o mejorar algo de sus tiempos sin presión extra”, sostiene el joven.

La Flores, de fiesta
Los videos del equipo muestran los festejos del año pasado, tras obtener el campeonato regional. Levantar la copa con la misma ceremonia que tienen los equipos de fútbol y la entrada al pueblo acompañados por el camión de bomberos. Otra tradición clásica de todos los deportes. Los chicos vivieron momentos que van a recordar toda su vida, aunque no todos se dediquen a la natación en el futuro. A fin de año, los campeones eran reconocidos en los negocios de Las Flores y saludados como estrellas del deporte.
Este año, Las Flores está otra ve en la punta del campeonato regional. Pelea la punta contra otras ciudades cercanas como Tandil, por ejemplo. Siguen los viajes y todo el sacrificio de los nadadores es acompañada por la comisión de padres.
Joaquín Perazzo es miembro de esa comisión y colabora para solventar los viajes y la compra de elementos para mejorar el entrenamiento del equipo.
“Hacemos rifas y toda la gente de Las Flores la verdad que apoya mucho cuando sabe que es para el equipo de natación – explica Perazzo-. Después con ese dinero financiamos los viajes que son muchos durante el año y algunos elementos, como patas de rana o manoplas, para que los chicos puedan entrenar mejor.”

Los chicos por ahora realizan un solo turno de entrenamiento. Es que comparten las piletas con otras actividades como aquagym u otras clases de natación. También trabajan en charlas sobre nutrición para que los nadadores puedan entender qué comer antes y después de cada competencia.
La pileta construida en 2014 fue el punto de partida para un proceso sostenido. El entusiasmo de los chicos contagió a las familias y el municipio garantizó el apoyo logístico.
El impacto se extiende más allá de los límites del natatorio. Varios jóvenes del equipo comenzaron a destacarse en certámenes nacionales. El registro de más de 300 podios en un solo año consolidó la reputación del grupo y atrajo a nuevos interesados, que ven en la disciplina una oportunidad de crecimiento personal y deportivo.
El trabajo coordinado de Katherine Hormaechea, Jonathan Grecco y Evangelina Iriarte sostiene la estructura. Diseñan los entrenamientos y acompañan a los nadadores en cada instancia, desde la preparación hasta el viaje de regreso. En Las Flores, la natación ya dejó de ser una novedad para convertirse en una parte estable de la vida cotidiana.
En cada viaje, los chicos llevan su bandera y la mochila con la malla, las antiparras y las ilusiones de bajar una marca o de poder hacer la complicada vuelta americana contra el borde de la piscina. En la Ciudad lo despiden con una sonrisa y esperan a fin de año volver a levantar la copa del regional de natación. Ya que en la actualidad,, Las Flores es reconocido en la zona por su equipo de natación juvenil.













