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La ayuda humanitaria de Estados Unidos se reparte a cuentagotas por Cuba ante la falta de combustible en la isla

La ayuda humanitaria de Estados Unidos se reparte a cuentagotas por Cuba ante la falta de combustible (Europa Press)

La ayuda humanitaria estadounidense llega a Cuba a través de Cáritas, organización sin fines de lucro católica que actúa como vínculo entre Washington y La Habana, en respuesta al paso del huracán Melissa en 2025 y que, hasta el día de hoy, representa un alivio tangible en un contexto de escasez que afecta a los cubanos.

Después de recibir un paquete con arroz, frijoles y productos de higiene, Teodardo Debardet cruza lentamente el barrio de Hongolosongo en su bicicleta adaptada. El paquete de suministros que recibió Debardet es parte de la distribución de casi la totalidad de los USD 3 millones enviados a principios de año, una fracción de los USD 9 millones prometidos.

En esta pequeña comunidad de Santiago de Cuba, muchos habitantes aún no han conseguido reparar los techos destruidos por el ciclón. Menos de la mitad de las casas tienen electricidad y el acceso al agua corriente es un privilegio para unos pocos.

El huracán Melissa golpeó la isla con vientos de 195 km/h en octubre de 2025, y dejó a su paso a muchas familias sin techo y destruyó servicios básicos. La situación se agrava por el bloqueo petrolero y el endurecimiento de las sanciones económicas.

Washington propuso recientemente una ayuda adicional de USD 100 millones para Cuba: USD 60 millones serían canalizados a través de Cáritas, y el resto por otras organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, el régimen cubano aún no ha confirmado si aceptará esta nueva oferta.

En respuesta a la propuesta, el dictador Miguel Díaz-Canel expresó que levantar el embargo estadounidense sería, en sus palabras, “más útil que el envío de ayuda humanitaria”.

El dictador Miguel Díaz-Canel (Europa Press)

La distribución de los paquetes enfrenta retos logísticos importantes. “Se nos hace un poquito difícil porque tenemos que buscar transporte, conseguir combustible, ver quién nos puede acercar hasta allá”, explica Katia Simón, responsable de Cáritas en El Cobre.

Cuando escasean la gasolina y el diésel, los envíos se realizan en carretas de bueyes. La llegada de los lotes, acompañados en ocasiones por consultas médicas, sesiones de peluquería y actividades recreativas para niños, es recibida con gratitud.

Las dificultades para transportar y entregar la ayuda humanitaria persisten en toda la región oeste de Cuba. El desabastecimiento de combustible obliga a buscar alternativas rudimentarias y ralentiza la llegada de insumos básicos para los damnificados. A pesar de las carencias, la asistencia internacional permite paliar algunas necesidades esenciales de las comunidades más aisladas.

Recibimos muy bien esta ayuda venga de donde venga (…) si es del pueblo de Estados Unidos, está bien”, afirmó Osmany Vedey, de 63 años, reflejando el sentir de muchos vecinos, en diálogo con AFP. Tras el desastre natural, la ayuda internacional llegó también desde organismos como la ONU, la Unión Europea, China, México y Venezuela. Naciones Unicdas continúa su programa de asistencia, aunque enfrenta los mismos obstáculos logísticos para alcanzar a los damnificados.

La falta de combustible también afecta al transporte en la isla. Cuba enfrenta una parálisis casi total del transporte interprovincial tras la entrada en vigor de restricciones severas el jueves. Millones de personas se ven obligadas a depender de los limitados asientos disponibles en trenes y autobuses estatales, reservados únicamente para emergencias médicas, funerales u otras situaciones críticas.

Un autobús circula por una calle a oscuras de La Habana, Cuba, el 22 de marzo de 2026 (REUTERS/Norlys Pérez)

A partir de ahora, los trenes que enlazan La Habana con ciudades del este solo circularán cada 16 días, cuando antes ofrecían tres frecuencias semanales. El servicio de autobuses estatales, que anteriormente realizaba viajes diarios entre la capital y otras provincias, quedará reducido a entre una y tres salidas semanales.

La escasez dejó vacías las estaciones de servicio y convirtió la movilidad cotidiana en un desafío para la población de 9,6 millones de habitantes. Muchos recurren al uso de bicicletas ante la disminución del transporte público.

Los pasajeros que necesiten viajar deberán solicitar sus pasajes con al menos una semana de antelación y se aplicará un sistema de prioridades. El viceministro de Transporte, Luis Ladrón de Guevara, precisó que no será necesario gestionar permisos especiales para realizar estos desplazamientos.

(Con información de AFP)