Estadio con historia. Templo del fútbol argentino y escenario de grandes Superclásicos. En esta recorrida vamos a detenernos en algunos momentos especiales, con nombres y apellidos que hacen a la historia de la número cinco con las dos camisetas. Y también a periodistas que dejaron su huella en algunos de ellos. Recuerdos, anécdotas y leyendas pintadas de rojo y blanco, y de azul y oro, con un marco Monumental
El domingo 7 de noviembre de 2004, River venció a Boca por 2-0 por la 14° fecha del torneo Apertura con goles de la Gata Fernández al comenzar el segundo tiempo y de Nelson Cuevas, sobre el pitazo final. Al terminar el partido, en los vestuarios, Miguel Ángel Brindisi anunció que dejaba de ser el entrenador xeneize, en una decisión que sorprendió al mundo del fútbol, sobre todo por el lugar y el momento en donde lo dijo. Llamó la atención, porque al iniciarse la fecha, su equipo estaba a cuatro puntos de la cima de la tabla y en carrera en la Copa Sudamericana, donde se iba a consagrar campeón un mes más tarde, con el Chino Benítez como DT. También fue un momento especial para el periodismo deportivo, porque esa tarde fue el último relato de Marcelo Araujo para “Fútbol de Primera”, cerrando así 15 años inolvidables, con una narración única y que cambió los esquemas. Quedaron para siempre sus frases, tonos y la dupla con Enrique Macaya Márquez, que había comenzado en 1989.

El Superclásico del torneo Apertura 1997 quedó en el recuerdo por variadas circunstancias. Primero, porque se disputó un sábado (25 de octubre), y el motivo fue que al día siguiente se llevaron a cabo las elecciones de medio término, donde hizo su presentación la Alianza entre la Unión Cívica Radical y el Frepaso, con un triunfo como antesala de su victoria en las presidenciales de 1999. Otro detalle curioso y no futbolero es que el primer tiempo se desarrolló con sol pleno y ya en el segundo cayó una lluvia torrencial. Momentos antes del comienzo, Diego Armando Maradona se acercó al banco de suplentes local y estrechó su mano con Ramón Díaz, otrora compañero, de grandes encuentros dentro de la cancha, pero con quien no se hablaba ni saludaba desde hacía más de 10 años. River se impuso con justicia en los 45 minutos iniciales con un gol de Sergio Berti, al tiempo que Boca no hacía pie y Diego era una sombra que deambulaba por el césped. En ese momento, nadie podía suponer que era el acto final. Jamás lo volveríamos a ver como futbolista en forma oficial. Se quedó en los vestuarios y por él ingresó un muchacho flaquito, que le dio otra dinámica al equipo: Juan Román Riquelme. Boca empató por intermedio de Julio Toresani y el triunfo llegó con un cabezazo de quien señaló allí el primero de los muchos goles que marcaría con esa camiseta ante el rival de todos los tiempos: Martín Palermo.
Luego del inolvidable 1986, donde River obtuvo las Copas Libertadores e Intercontinental, al concluir la temporada, no le renovaron el contrato al Bambino Veira. Su reemplazante fue Carlos Timoteo Griguol, quien dejaba atrás su labor en los mejores ocho años en la historia de Ferro Carril Oeste. Arrancó su labor, pero las presunciones se cumplieron más temprano que tarde: su estilo era complejo para sintonizar con el gusto del hincha y a eso se sumó cierta distancia con el plantel. En eso andaba River cuando, el 22 de noviembre recibió a un Boca que estaba muy mal con la conducción de Juan Carlos Lorenzo. A los tres minutos, los locales tuvieron un penal que Omar Palma ejecutó por sobre el travesaño. Entre el final del primer tiempo y el inicio del segundo, Jorge Rinaldi señaló dos goles que parecían pintar la tarde de azul y oro, pero fue apenas un destello. Sin embargo, una pronta reacción de los Millonarios los puso rápidamente 2-2 con goles de cabeza calcados de Corti y Da Silva. Cuando quedaban pocos minutos, Palma tuvo su desquite marcando el 3-2 de una remontada inolvidable. Aún quedaba algo más. En la última jugada, Juan Carlos Loustau cobró un penal para Boca. El ejecutor fue Jorge Comas, habitual verdugo de la banda roja. Pero dejó a un costado esa tradición: su remate salió desviado, por arriba, y muy lejos del arco de Nery Pumpido.
En la era contemporánea, se han enfrentado en muchas definiciones por torneos internacionales, una situación que antes no era tan común. Quizás por eso la semifinal de la Copa Libertadores 2004 tuvo tanta expectativa como repercusión. Boca se impuso en la Bombonera 1-0, dejando la serie abierta. El desquite fue en el Monumental y River se puso en ventaja con un golazo de Lucho González, igualó Carlos Tevez, con su polémico festejo que valió la tarjeta roja de Héctor Baldassi, mietras que Cristian Nasuti puso el 2-1 sobre la hora que depositó la definición en la siempre riesgosa zona de los penales. Y allí está el detalle más curioso, porque Carlos Bianchi eligió para las ejecuciones a elementos jóvenes, que no sintieron ninguna presión, como Pablo Álvarez, Pablo Ledesma o el caso de Javier Villarreal, que nunca había rematado uno en primera división y marcó el decisivo.
Marcelo Gallardo llevaba apenas unos meses como entrenador de River cuando llegó aquel enfrentamiento. Eran las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, nada menos que contra Boca. La ida en la Bombonera finalizó empatada en cero y apenas iban 15 segundos de la revancha en el Monumental, cuando Germán Delfino cobró penal para Boca por una infracción de Ariel Rojas contra Marcelo Meli. Estuvo casi tres minutos parado el juego por las protestas. Emmanuel Gigliotti tomó carrera y su disparo fue desviado por Marcelo Barovero, que se ganó definitivamente un lugar en el corazón de los hinchas y abrió el lugar para la historia contrafáctica: ¿Qué hubiese pasado si terminaba en gol y el resultado era otro? Sobre todo, teniendo en cuenta que River ganó 1-0 con gol de Pisculichi, pasando a la final donde se consagró campeón, como lo haría el año siguiente con la Copa Libertadores, iniciando el mega exitoso ciclo del Muñeco.
Nadie puede dudar que el fútbol tiene matices y es muy dinámico. Pero también está claro que, a lo largo de la historia, el buen juego ha sido patrimonio de River Plate y la garra ante la adversidad, propiedad de Boca Juniors. En el choque por el torneo Clausura 1997, ambos intercambiaron sus tradiciones en el césped del Monumental. Los Xeneizes tuvieron una media hora inicial de altísimo nivel, desmintiendo los altibajos de sus rendimientos anteriores, donde marcaron tres goles (dos de Sergio Manteca Martínez y uno de Gabriel Cedrés), que pudieron ser cuatro, porque con el marcador 2-0, Roberto Pompei convirtió un penal, que Javier Castrilli hizo ejecutar nuevamente por invasión de zona y en la repetición, su remate fue atajado por Bonano. El público local estaba inquieto, pero bastó que Sergio Berti marcara el descuento cuando finalizaban los primeros 45 minutos, para que ello sirviera de empuje para River. A partir de ese momento, se llevó por delante a su rival, acorralándolo contra su valla. Recién a los 75 logró el 2-3 por intermedio de Luigi Villalba y el heroico empate fue con un cabezazo de Celso Ayala a los 87. Y también pudo ser triunfo, porque en la última jugada, luego de un córner, la pelota le quedó picando a Leonel Gancedo al borde del área chica, y su remate salió apenas desviado por sobre el travesaño.
No hay dudas de que 1984 se va a inscribir entre los peores años en la historia de Boca. A los flojos rendimientos deportivos, se sumaron las crisis económicas e institucionales que llevaron al club al borde de la quiebra. La Bombonera estaba clausurada desde agosto de 1983 y por eso debió hacer de local en diferentes canchas, como Atlanta, Ferro, Vélez o Huracán. El domingo 24 de junio estaba pautado el Superclásico y los dirigentes xeneizes le plantearon una situación a sus pares de River, que fue aceptada de inmediato, aunque 37 años más tarde parezca una locura. Esa lluviosa tarde, Boca fue local ante su tradicional adversario en el estadio Monumental. La irregularidad de ambos en lo que se llevaba disputado del torneo y las malas condiciones climáticas, hicieron que poca gente fuera testigo de ese hecho inédito. El marcador final fue empate en uno con goles de Ariel Krasouski y Carlos Tapia, pero como pocas veces en este partido, el score fue apenas una anécdota.

El domingo 15 de octubre de 1978 se disputó un Superclásico especial. River llevaba apenas un mes jugando nuevamente en su cancha por el torneo local, luego de las refacciones por el Mundial ’78. Boca era el líder del torneo con ventaja sobre Quilmes y parecía encaminarse hacia el título, a pocas fechas del final. El destino quiso que los grandes adversarios de nuestro fútbol tuvieran que verse las caras nuevamente dos días más tarde, nuevamente en Núñez, por la decisiva semifinal de la Copa Libertadores. Fue por ello que pusieron formaciones alternativas en el cotejo del Metropolitano, con apellidos alejados de la habitual titularidad como Azzolini, Lonardi y Sosa en el local, o Tesare y dos Álvarez (Carlos y José Luis) en la visita. Para mantener la tradición, hubo gol de Labruna. No de Ángel, que era el DT, sino de Omar, su hijo, quien clavó un gran tiro libre y fue el único grito de la tarde. También se lució Luis Landaburu, el arquero local, al atajarle un penal a Carlos Squeo. A las 48 horas, Boca se impuso 2-0 y avanzó a la final de la Libertadores, donde sería el campeón, pero esos dos puntos perdidos ante River, fueron claves dos semanas más tarde, cuando Quilmes dio la vuelta olímpica, superándolo por apenas una unidad.
El 7 de marzo de 1982 se produjo una gran victoria de Boca en el estadio Monumental. Fue la única vez en la historia que le marcó 5 goles allí. Fue por 5-1, pero hay un atenuante para tener en cuenta: River estaba ampliamente diezmado porque una buena parte de su plantel se encontraba a las órdenes de Menotti en plena preparación para España ’82. Era casi un equipo entero: Fillol, Gordillo, Olarticoechea, Passarella, Tarantini, Búlleri, Gallego, Kempes y Ramón Díaz. Los chicos que salieron a la cancha tenían tantas ganas como inexperiencia y pese a ponerse en ventaja con gol de Jorge Tevez, fueron superados sin atenuantes por un rival con mayor recorrido y la espléndida labor de Ricardo Gareca, autor de dos goles y figura indiscutida de una tarde donde además se disputaron todos los otros clásicos al mismo tiempo por la 5° fecha del Nacional.

Un viejo anhelo del entonces presidente de River, Hugo Santilli, era poder contar con César Menotti como entrenador. Esto se concretó a mediados de 1988, generando una verdadera conmoción en el ambiente del fútbol, por la presencia del Flaco y por la cantidad de futbolistas destacados que arribaron al club, como Ángel Comizzo, Daniel Passarella, Jorge Higuaín, Carlos Enrique, Sergio Batista, Claudio Borghi y Abel Balbo, entre otros. Boca no se quedó atrás y contrató a Carlos Navarro Montoya, Juan Simón, Claudio Marangoni y Walter Perazzo. El fixture los enfrentó en el Monumental en la segunda fecha, luego de sendas y sorpresivas derrotas en el debut: River con Platense 2-1 en cancha de Vélez y Boca ante Deportivo Armenio 1-0 en la Bombonera, en el último partido oficial de Hugo Gatti. Fue un choque parejo y disputado, con una celebrada victoria boquense por 2-0 con tantos convertidos sobre el final por Walter Perazzo y Alfredo Graciani.
Hay dos Superclásicos en el estadio Monumental con similitudes, que son poco recordados y ambos pertenecen a la Copa Libertadores. La programación quiso que en las dos ocasiones, el partido sea el del cierre del grupo, con River ya clasificado, en tiempos en donde solo avanzaba uno por zona. Por ese motivo, Boca presentó alineaciones alternativas, con el detalle curioso de encontrar allí algunos apellidos de poco recorrido con esa camiseta. En 1982 atajó Oscar Vijande y actuaron Eduardo Bargas, Carlos Acevedo, Jorge Cechi y Julio Apariente, entre otros. En 1986, edición donde los Millonarios alzaron por primera vez el trofeo, para los Xeneizes jugaron Sergio Genaro, Juan Amador Sánchez, Héctor Monroig y Raúl Lalo Maradona, hermano de Diego.













