
El análisis realizado por la Fundación de Apoyo Integral (FUSAI) sobre la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2025 (EHPM 2025) revela que cada grado escolar completado se traduce en ingresos mensuales adicionales para los microempresarios en El Salvador, con un efecto especialmente contundente entre quienes operan en la informalidad y enfrentan mayor vulnerabilidad.
La investigación citada por FUSAI y publicada esta semana, demuestra que el incremento educativo genera un retorno económico directo: alcanzar seis años de escolaridad puede aportar cerca de USD 80 más al mes, una cantidad determinante para la subsistencia de los emprendimientos más precarios.
De acuerdo con el cruce de datos entre la EHPM 2025 y la segmentación de microempresas del Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI, el ingreso promedio de un microempresario de subsistencia con bajo nivel educativo es de USD 252.11 mensuales, mientras que aquellos con nueve años de escolaridad alcanzan USD 366.01. Esta diferencia de USD 113 al mes —superior a un salario mínimo diario— no se relaciona con acceso a financiamiento ni capacitaciones técnicas, sino estrictamente con el nivel educativo, según el informe difundido por FUSAI.
El mayor retorno educativo ocurre en los primeros años de escolaridad
El efecto económico de la educación resulta más palpable en el primer ciclo escolar. El estudio EHPM 2025 – Observatorio MYPE señala que cada grado aprobado en ese período puede significar hasta USD 16 adicionales al mes para los microempresarios de subsistencia, quienes representan el sector más expuesto a la vulnerabilidad.
FUSAI precisa que este segmento está compuesto por unas 613.509 microempresas, de las cuales más del 68,8 % son lideradas por mujeres y el 37,5 % de los propietarios solo ha completado hasta sexto grado.

Existe una relación clara entre educación formal e incremento de ingresos en el sector informal: la inversión pública en alfabetización y educación básica para adultos constituye una intervención con retorno económico medible en el mayor estrato del parque empresarial salvadoreño, detalla la Fundación de Apoyo Integral.
Esta evidencia responde al interrogante sobre el impacto de la educación en los ingresos y la subsistencia de la microempresa en el país: completar más años de educación básica incrementa de manera mesurable los ingresos de los microempresarios, especialmente los que se encuentran en condiciones de alta vulnerabilidad, y contribuye a estabilizar y sostener los pequeños negocios ante dificultades económicas.
La educación mejora la gestión y el acceso al crédito formal
La contribución de la escolaridad al desempeño empresarial no se reduce al ingreso mensual. La fundación observa que los emprendedores con mayor nivel educativo demuestran una mayor capacidad para analizar costos, comparar precios, negociar con proveedores y adoptar herramientas de gestión.
En contextos de márgenes reducidos y vulnerabilidad, esta competencia marca el límite entre la continuidad y el cierre del negocio.
El estudio establece, además, el nexo entre nivel educativo y acceso al crédito formal. El incremento de ingresos derivado de la escolaridad puede proporcionar el margen necesario para que una microempresa asuma un microcrédito sin afectar el consumo del hogar.
Así, la baja escolaridad y la exclusión financiera constituyen factores convergentes que se refuerzan mutuamente, según el análisis de FUSAI.

La tendencia observada en El Salvador se encuentra en línea con evidencia internacional. El Banco Mundial calcula que cada año adicional de educación incrementa los ingresos entre 8 % y 10 % en América Latina.
Investigaciones en países como Perú, México y Bangladesh demuestran que los microempresarios con educación básica completa no solo mantienen mejores tasas de supervivencia empresarial, sino que adoptan con mayor frecuencia prácticas financieras sólidas. El retorno de la educación no disminuye en la informalidad; cobra mayor relevancia para la sostenibilidad económica, de acuerdo con los estudios citados por FUSAI.
Políticas públicas fragmentadas limitan el impacto de la educación en el emprendimiento
FUSAI advierte que las políticas educativas y de fomento al emprendimiento en El Salvador siguen operando de manera separada, sin reconocer la estrecha relación entre ambas esferas. Los esquemas de apoyo a micro y pequeñas empresas ofrecen crédito o asistencia técnica a beneficiarios cuya capacidad para aprovechar esos recursos depende, en gran medida, de su nivel de escolaridad.
El informe recomienda formular iniciativas integradas: programas de alfabetización y educación para adultos ligados al emprendimiento, educación financiera desde los primeros ciclos escolares y esquemas de microcrédito que incluyan formación básica como requisito esencial. Además, la evaluación de las políticas públicas debería considerar métricas que reflejen el retorno educativo en la productividad sectorial y no limitarse a las tasas de matrícula escolar.











