Cuba inicia el nuevo ciclo escolar con un presupuesto educativo recortado, escasez de uniformes y miles de vacantes docentes sin cubrir.
Mientras el gasto estatal en educación cayó al 4.3% del PIB, el gobierno mantiene inversiones en la infraestructura hotelera, lo que profundiza las brechas entre el discurso oficial y la realidad de los estudiantes.
Las familias enfrentan apagones, inflación y falta de materiales escolares, con niños que llegan a clase tras noches sin electricidad y bajo síntomas de estrés.
El déficit de maestros obliga a recurrir a contratos temporales y estudiantes en formación, mientras muchos docentes denuncian retrasos salariales y escasez de recursos básicos para la enseñanza
















