Una motosierra cubierta por rosas rojas. Esa fue la imagen con la que el Partido Socialista (PS) eligió celebrar su 130° aniversario: un gesto visual que condensa, en un solo plano, la tensión entre el proyecto político que el partido atribuye al gobierno actual y la respuesta que propone desde su tradición histórica. El acto central del 28 de junio reunió a más de 500 afiliados, dirigentes, militantes y simpatizantes en el Museo Histórico de La Boca, en la Ciudad de Buenos Aires, donde también se formalizó la asunción de las nuevas autoridades de la organización.
El video difundido en redes sociales por el PS describe a la motosierra como “el símbolo cruel de este gobierno y de su proyecto político” y enumera los efectos que el partido le atribuye: “Destruir, herir, desgarrar, desangrar, cortar a la sociedad en pos del objetivo de que Argentina sea un país para pocos, un país amputado”.
Frente a esa imagen, el PS ofrece su propio emblema —la rosa roja— como símbolo de una convocatoria amplia: “Aplastar esta motosierra con el peso de las convicciones y las verdades. Con justicia, con participación y en paz”.
El mensaje cierra con una frase de resonancia histórica: “Hoy, más que nunca, socialismo o barbarie“.
La elección del Museo Histórico de La Boca como sede del acto no fue casual. El barrio porteño guarda una relación estrecha con los orígenes del movimiento obrero y la tradición de izquierda democrática en la Argentina. Ante ese telón de fondo, el PS buscó anclar su aniversario en una narrativa que conecta el pasado fundacional con las urgencias del presente político.

El presidente del Partido Socialista de la Ciudad de Buenos Aires, Roy Cortina, fue la voz central de la jornada. En su discurso, convocó a abrir “una nueva etapa de reflexión, autocrítica y reconstrucción de una alternativa socialdemócrata capaz de responder a los desafíos de la Argentina contemporánea”.
Roy Cortina advirtió sobre los riesgos de un país “cada vez más condicionado por intereses económicos concentrados” y sostuvo que las fuerzas democráticas deben construir una propuesta capaz de “enfrentar la desigualdad, fortalecer las instituciones y recuperar la representación de las mayorías sociales».
El dirigente reivindicó el legado acumulado en 13 décadas de vida partidaria —la ampliación de derechos, la defensa de la educación pública y la democratización institucional—, pero fue categórico al advertir que ese capital histórico no alcanza por sí solo: “La historia, por sí sola, no alcanza”, afirmó.
Desde esa premisa, trazó un horizonte programático: “El socialismo tiene una enorme oportunidad: volver a ser una fuerza que piense el porvenir. Un partido capaz de combinar justicia social con eficiencia estatal, desarrollo productivo con sostenibilidad ambiental, crecimiento económico con distribución de oportunidades y libertad individual con cohesión social».
El cierre de su intervención apuntó directamente a la generación fundadora del partido como modelo de acción política: “Debemos hacer con el siglo XXI lo mismo que hicieron quienes fundaron nuestro partido hace 130 años: interpretar las demandas de nuestro tiempo y construir una propuesta que vuelva a entusiasmar a quienes esperan una Argentina más justa, democrática e igualitaria”.
El acto contó con la presencia de referentes de otras fuerzas del espacio democrático. Hernán Rossi, presidente de la Unión Cívica Radical (UCR) de la Ciudad de Buenos Aires, y Emiliano Yacobitti, vicerrector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), participaron de la celebración, lo que el PS interpretó como una señal de articulación posible entre distintos sectores del campo no peronista y no libertario.
La necesidad de una revisión crítica del propio recorrido fue otro de los ejes del discurso de Roy Cortina. El dirigente planteó que el socialismo debe revisar su experiencia para “volver a ofrecer horizontes de movilidad social, desarrollo y justicia”, sin resignar su identidad histórica, pero con la mirada puesta en la construcción de mayorías democráticas “frente al avance de la ultraderecha“. El desafío que el PS se impone a sí mismo en su 130° aniversario es, en sus propios términos, tan urgente como el que enfrentaron sus fundadores en 1896.













