
“No voy a volver a la cárcel porque el universo no quiere”. Con esa convicción, expresada hace apenas unos días en un extenso reportaje para la revista Rolling Stone, Cristian “Pity” Álvarez se sentará este lunes a las 10.30 en el banquillo de los acusados. Ocho años después del homicidio de Cristian Maximiliano Díaz, el ex líder de Viejas Locas e Intoxicados comenzará a ser juzgado por un crimen que siempre admitió haber cometido: “Lo maté porque era entre él o yo”, sostuvo.
El debate comienza tres días después de que el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 29 rechazó un nuevo intento de la defensa para frenar el juicio, que ya había sido postergado en 2021 y suspendido en 2023 por el estado de salud mental del músico. En esta ocasión, los jueces desestimaron el planteo, recordaron que el Cuerpo Médico Forense concluyó que Álvarez posee una “reserva cognitiva” suficiente para afrontar el proceso y remarcaron que su intensa actividad pública en los últimos meses —con recitales, videos, entrevistas y otras apariciones— va en contra de la supuesta imposibilidad de enfrentar un juicio. Volver a suspender el debate, sostuvieron, resultaba “decididamente insostenible”.
En ese contexto, los magistrados Gustavo Goerner, Juan María Ramos Padilla y Hugo Navarro fijaron once audiencias de tres horas para adecuarse a la situación del imputado. En la primera está previsto que Pity declare. Además, se esperan unos 70 testigos, entre ellos, Agustina Inbernoz, quien acompañaba al músico la noche del crimen; Carlos Ulises Stiempcich, amigo de la víctima, que presenció el hecho; y el padre César Scicchitano Tagle, quien acompañó a Álvarez durante su tratamiento y su regreso a la vida en libertad.
El fiscal general Sandro Abraldes estará a cargo de la acusación pública, el abogado Fernando Burlando representa a la querella y el músico será defendido por el defensor oficial Javier Aldo Marino.

El crimen
De acuerdo con el requerimiento de elevación a juicio, el crimen ocurrió en la madrugada del 12 de julio de 2018 en el barrio Samoré, de Villa Lugano. Cristian Maximiliano Díaz, conocido como “Gringo”, se cruzó con Pity Álvarez y le recriminó que lo acusara de haberle robado pertenencias de una mochila. La discusión escaló rápidamente hasta que el músico extrajo del bolsillo de su campera una pistola calibre .25 y efectuó cuatro disparos en la cabeza.
Según la acusación, el primer proyectil impactó en el rostro de Díaz. Cuando la víctima ya se encontraba gravemente herida, Álvarez efectuó otros tres disparos que terminaron provocándole la muerte. Para la fiscalía, se trató de un ataque sorpresivo que dejó a Díaz sin posibilidades reales de defenderse. Además, sostiene que el músico ya portaba ilegalmente el arma antes del encuentro, motivo por el cual también llega a juicio acusado por el delito de portación ilegítima de arma de uso civil.

La reconstrucción judicial indica que, tras el crimen, Pity escapó del lugar junto a una amiga a bordo de un Volkswagen Polo. Durante la huida, descartó la pistola en una alcantarilla ubicada frente a la parada de la línea de colectivos 36, sobre la colectora Dellepiane Sur, y luego se dirigió al boliche Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, para presenciar un recital de Ulises Bueno.
Recién al día siguiente, el 13 de julio, se presentó en la Comisaría N° 52 de Villa Lugano acompañado por su entonces abogado. Antes de ingresar, habló con la prensa y justificó el homicidio con una frase que quedó asociada para siempre a la causa: “Lo maté porque era entre él o yo. Cualquier animal hubiera hecho lo mismo”.

El fiscal también descartó la hipótesis de la legítima defensa planteada por la defensa. Entre otros elementos, valoró la secuencia reconstruida con las declaraciones de los testigos presenciales, el informe de autopsia, las pericias balísticas y la conducta posterior del músico, quien se deshizo del arma y permaneció prófugo hasta entregarse casi 24 horas después. Para la acusación, ese comportamiento demuestra que comprendía la criminalidad de sus actos al momento del hecho.
Aunque durante la instrucción Álvarez optó por no declarar ante el juez, sí presentó un escrito que quedó incorporado al expediente. En ese documento sostuvo que aquella madrugada actuó en medio de una situación de “confusión, locura y miedo”, negó haber tenido intención de matar a Díaz y aseguró que reaccionó convencido de que su vida corría peligro.

“Yo ya pagué”
Pity Álvarez llega al juicio luego de pasar casi cuatro años privado de su libertad por el crimen. Tras ser detenido en julio de 2018, fue alojado en el Programa Integral de Salud Mental Argentino (PRISMA), el pabellón psiquiátrico del penal de Ezeiza. En junio de 2022 obtuvo el arresto domiciliario y, meses más tarde, el Tribunal le retiró la tobillera electrónica al suspender el proceso por considerar que no estaba en condiciones psíquicas de afrontar el debate.
Desde fines de 2025, el músico volvió paulatinamente a los escenarios con una serie de recitales multitudinarios en diferentes provincias. Incluso tenía previsto presentarse este sábado en Tucumán, pero finalmente suspendió el show. “Decidí bajarla porque muchos amigos, mucha gente cercana a mí me dijo que a los jueces y al fiscal podría parecerles como que me estoy burlando de ellos, tocando dos días antes. Yo no creo lo mismo, pero tanta gente me lo dijo que, bueno, la gente manda y decidí eso. La vamos a pasar para septiembre”, contó él mismo en un video que publicó en su cuenta de Instagram.
En la entrevista que concedió al periodista Sebastián Ramos de la revista Rolling Stone, Pity Álvarez aseguró que en este momento se siente “equilibrado”, dijo que disfruta de haber recuperado el contacto con el público y que hoy atraviesa una etapa distinta, lejos de los excesos que marcaron buena parte de su carrera. Consultado sobre la posibilidad de volver a prisión, aseguró: “No voy a volver a ese lugar, porque el universo no quiere… Yo ya pagué”.
En caso de ser condenado, Álvarez podría enfrentar una pena de entre 8 y 25 años de prisión, según está previsto por el Código Penal para el delito de homicidio.













