
Antes de una crisis epiléptica, algunos perros de asistencia pueden detectar cambios que su usuario todavía no percibe. En Parque de Milo, hay ejemplares preparados para dar la alerta con hasta 20 minutos de anticipación, de modo que la persona pueda sentarse en el piso o buscar un lugar seguro.
Larisa Granados, directora de Parque de Milo, explicó a El Observador que el animal permanece junto al usuario cuando comienza el episodio. Puede apoyarse sobre sus piernas y, cuando deja de sentir el abrazo, ubicarse debajo de la cabeza para reducir el riesgo de golpes.
“El perro te avisa, te sentás en el piso”, relató Granados al diario. Esa secuencia forma parte de un entrenamiento especializado para asistir a una sola persona ante una necesidad determinada.
Los perros de asistencia son animales de trabajo preparados para mitigar una discapacidad concreta. Pueden guiar a personas ciegas, alertar sobre variaciones vinculadas con la diabetes, anticipar crisis de epilepsia o responder frente a episodios de ansiedad, pánico y estrés intenso.
Su tarea va más allá de la compañía porque incluye acciones de orientación, protección y aviso. Cada entrenamiento se ajusta a los riesgos que enfrenta el usuario en su vida cotidiana.
Los perros de aviso intervienen antes de una crisis y emiten un ladrido u otra señal aprendida para que la persona adopte medidas de resguardo. Los perros de respuesta actúan una vez iniciado el episodio y permanecen cerca del usuario para protegerlo.

Granados definió a estos animales como perros de trabajo entrenados para una persona en situación de discapacidad. Los centros que los forman seleccionan candidatos sociables, confiables y previsibles antes de asignarles una tarea específica.
El olfato permite detectar cambios relacionados con la diabetes y la epilepsia
Los perros de asistencia médica pueden acompañar a personas con diabetes o epilepsia, aunque estas condiciones no necesariamente constituyen una discapacidad. Su capacidad se basa en un olfato diferente del humano, apto para percibir moléculas líquidas e identificar variaciones bioquímicas en el organismo.
María José Rodríguez, adiestradora canina del Instituto Fogaus, indicó que los animales pueden recibir entrenamiento para advertir cuadros de hiperglucemia, hipoglucemia y epilepsia. La preparación también puede orientarse a diferenciar características de células cancerígenas frente a células sanas a partir de tejidos específicos.
En el caso de una persona con diabetes, el perro puede alertar sobre una baja de azúcar antes de que el propio usuario advierta el cambio. La señal permite que tome medidas antes de que la situación avance.
La diferencia entre los perros de aviso y los de respuesta depende del momento en que intervienen. Unos anticipan el episodio mediante una conducta entrenada y los otros acompañan a la persona cuando la crisis ya se inició.

El apoyo emocional no equivale a una tarea de asistencia psiquiátrica
Un animal puede acercarse a una persona cuando llora y brindarle afecto. Esa conducta puede representar compañía o apoyo emocional, aunque no alcanza por sí sola para definirlo como perro de asistencia psiquiátrica.
Para cumplir esa función, el animal debe ejecutar una acción entrenada que contribuya a proteger al usuario durante una situación de riesgo. Puede advertir sobre un ataque de ansiedad o pánico, o actuar ante un episodio de estrés intenso que la persona no logra identificar.
Granados señaló a El Observador que Parque de Milo prepara perros para personas con ansiedad cuando cuentan con el carné del Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (Conapdis). El diagnóstico no siempre supone una limitación en la vida diaria.
“Una persona puede tener un diagnóstico de ansiedad pero no ser una discapacidad”, advirtió Rodríguez ante la publicación. La adiestradora indicó que debe considerarse si esa condición limita la vida cotidiana de la persona.

El centro verifica que el usuario tenga una discapacidad reconocida por Conapdis antes de iniciar la preparación del perro. Esa acreditación se considera al momento de determinar si el caso requiere asistencia especializada.
Los perros guía trabajan con recorridos conocidos y los perros señal con sonidos cotidianos
Los perros guía acompañan a personas con discapacidad visual durante sus desplazamientos. Pueden conducirlas entre distintos espacios y hasta destinos que el animal ya conoce.
Cuando la persona circula por una zona desconocida, el perro cumple una tarea similar a la de un bastón. Por esa razón, Parque de Milo exige que el usuario aprenda a utilizar ese elemento antes de recibir al ejemplar.
Los perros señal se destinan a personas que no oyen. Pueden reconocer sonidos habituales, como el timbre, una alarma, el microondas o una llamada dentro de la vivienda.
Laura Navarro, instructora de Intervenciones Asistidas con Animales Corica, explicó que estos animales también pueden llevar al usuario hasta el lugar de donde procede el sonido. De ese modo, cumplen una función de aviso durante las actividades cotidianas.
La asistencia para personas con autismo se adapta a niños y adultos
En los niños con autismo, el entrenamiento se orienta a las conductas de escape. Para esas situaciones se requieren perros grandes, capaces de actuar como anclaje.
Los padres son quienes manejan al animal durante la intervención. Los niños no tienen a cargo el control del perro.

En los adultos, las tareas pueden ser diferentes. Los ejemplares pueden interrumpir conductas de autolesión, ayudar a regular el sueño o formar una barrera alrededor del usuario cuando se siente abrumado.
Navarro entrega un carné a los tutores para que lo presenten junto con la acreditación de discapacidad emitida por Conapdis. Esa documentación respalda la condición del usuario y la función para la que fue preparado el animal.
Costa Rica permite su ingreso, pero no cuenta con una identificación uniforme
La legislación de Costa Rica permite que los perros de asistencia ingresen a lugares públicos y privados. El material no menciona una identificación oficial uniforme que permita reconocer a los ejemplares que recibieron entrenamiento profesional.
Esa situación puede facilitar que algunos animales sean presentados como perros de asistencia sin contar con la formación necesaria. También puede generar inconvenientes para las personas que requieren estos apoyos.
El proceso de entrenamiento no se limita a enseñar obediencia. La preparación debe responder a la necesidad del usuario y a la tarea que el animal cumplirá en su vida diaria.
Granados relató que algunos establecimientos rechazaron perros de servicio después de episodios en los que animales atacaron a personas u orinaron en los pasillos. Según indicó, esas conductas no deberían presentarse en ejemplares con entrenamiento legítimo de asistencia.













