Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron este jueves que establecieron el “control operativo” del sector norte del valle de Wadi Saluki, un corredor natural en el sur del Líbano que Hezbollah había utilizado para lanzar drones explosivos y proyectiles contra las tropas israelíes en la zona. La operación, ejecutada por la 7ª Brigada Acorazada y la unidad de comandos Egoz, incluyó la destrucción de cientos de infraestructuras militares, la muerte de más de 50 combatientes y la incautación de misiles antitanque y plataformas de lanzamiento, según informó el portavoz árabe del Ejército, Avichai Adraí.
El Wadi Saluki es una garganta fluvial ubicada a unos diez kilómetros de la frontera israelí, enclavada entre localidades de los distritos de Marjayún y Bint Jbeil. Su relieve quebrado y la densa vegetación lo convirtieron en un punto propicio para emboscadas y en un nudo central de la red de infraestructuras que Hezbollah construyó con apoyo iraní. El centro de estudios Alma documentó antes del conflicto que el valle albergaba docenas de posiciones de lanzamiento, depósitos de armas y búnkeres distribuidos por su topografía.
La toma del corredor se inscribe en una ofensiva terrestre que ha expandido su radio de acción desde que los combates se reanudaron el 2 de marzo, cuando Hezbollah atacó Israel en respuesta a la ofensiva conjunta israelí-estadounidense contra Irán. Ese impulso llevó también a capturar a finales de mayo el castillo de Beaufort, fortaleza medieval que domina el flanco norte del Litani. Según Times of Israel, un oficial superior indicó este jueves que las tropas operan ya en los flancos sur de Nabatieh y que el Ejército “está preparado para expandir la ofensiva si es necesario”. Nabatieh es la ciudad más importante al norte del Litani y un bastión histórico de Hezbollah; su eventual toma representaría la incursión israelí más profunda en territorio libanés desde 2006.
El mismo Wadi Saluki fue escenario, en aquel conflicto, de una de las batallas más cruentas: una emboscada en la que Hezbollah destruyó varios vehículos blindados y mató a once soldados israelíes en los últimos días antes del alto el fuego que derivó en la Resolución 1701 de la ONU. Que Israel retome ese corredor veinte años después subraya la continuidad de la pugna territorial en el sur del Líbano y el fracaso reiterado de los acuerdos de cese de hostilidades para consolidar una línea estable.
Mientras la maniobra avanza, los bombardeos sobre localidades civiles continuaron este jueves. Al menos seis personas murieron en ataques israelíes sobre Abasiya y Deir Qanun al Nahr, ambas en el distrito de Tiro, según la Agencia Nacional de Noticias de Líbano. El Ministerio de Sanidad libanés elevó a 3.711 el total de muertos y a 11.483 el de heridos desde el 2 de marzo.
La situación se produce en un contexto diplomático bloqueado. La semana pasada, Israel y el Líbano acordaron un mecanismo para aplicar un alto el fuego, condicionado a que Hezbollah cesara sus ataques y se replegara al norte del Litani. La organización terrorista rechazó los términos porque el pacto no contempla la retirada israelí ni garantías verificables. Desde la entrada en vigor del alto el fuego de abril, el Gobierno libanés contabilizó más de 3.400 violaciones aéreas israelíes hasta el 7 de junio. La toma del Wadi Saluki no es un episodio táctico menor: consolida una cuña en el corazón del sur del Líbano que, de mantenerse, rediseñaría el mapa de fuerzas con independencia de lo que acuerden las mesas de negociación.














