Pronto viajará, si es que ya no va en camino. En cierto modo, nunca ha dejado de estar presente, ya que todo lo que ha hecho en el exterior ha tenido a Venezuela como objetivo, pero ahora se trata de su regreso físico, oportuno y necesario, además. Todo indica que ya era muy poco lo que podía obtener de su estadía en el extranjero, mientras que en su país la oposición necesita articular una presencia de masas de la cual hoy carece y que probablemente solo ella puede lograr, en un contexto donde Delcy Rodríguez ya habla y toma decisiones como candidata, toda vez que el tipo de transición que Venezuela vive tiene como hecho distintivo que el chavismo sobrevivió, y va a ser un factor (casi) permanente, sin duda durante la transición, por lo que sigue siendo el rival a vencer.
María Corina Machado (MCM) ya ha anunciado varias veces el regreso, y como es lógico ha dicho que lo va a coordinar con EE. UU., seguramente Marco Rubio, y el momento tiene que ver no solo con ese hecho, sino también con entendibles motivos de seguridad, toda vez que, en este protectorado de Washington, el dictador se fue, pero todavía permanece la dictadura.
Entonces, ¿a cuál Venezuela regresa MCM? ¿A qué regresa?
El objetivo fundamental es empujar lo que está faltando en la transición venezolana, un itinerario que incluya un calendario hacia la democracia, partiendo por la fijación de una fecha para las elecciones. Aunque se desconocen los detalles, sin duda debe existir un plan, debatido y consensuado al interior de la dirigencia, además de informado a la Casa Blanca, por lo que lo único que debiera hacer este columnista, es recordar aquello que ha estado presente en toda transición exitosa.
El análisis de la transición venezolana debe partir por constatar el hecho que MCM cumple un rol especial, un respaldo y confianza de su pueblo, que quizás nadie lo había tenido a ese nivel desde Mandela, un liderazgo a ser canal y no dique. Aunque hay rasgos comunes en las transiciones exitosas, en general, todas son diferentes una a otra, y Venezuela está resultando serlo. Muchos cambios se han dado en el país desde el 3 de enero, además que sin duda no es el mismo país del 2024, donde MCM se convirtió en la lideresa de la transición democrática al encabezar su triunfo personal en las primarias y el de Edmundo González en las urnas.
Su desafío inicial va a ser mantener esa relación especial, ya que es posible que los cambios que ha tenido Venezuela también hayan cambiado a los venezolanos, que hoy podrían estar prefiriendo la estabilidad sobre el cambio, tal como ha ocurrido en otras transiciones. Sin duda, la presencia de MCM va a ser un revulsivo para la actual situación de arrinconamiento en la cual la dictadura mantiene a las fuerzas democráticas, al conservar la iniciativa, por lo que lo primero que tiene que lograr MCM es aumentar la relevancia opositora, que hoy no es considerada ni tiene peso en las decisiones que se están tomando, ya sea por el régimen chavista o impuestas desde Washington, claramente en el petróleo.
Por lo tanto, primero, para lograr una modificación de lo anterior, clave va a resultar que MCM sea recibida por una multitud en Caracas, de las más grandes que el país ha conocido, antes de iniciar su recorrido nacional, debido a que en las experiencias más exitosas de transición, siempre la relevancia de la oposición democrática aumentó en forma notoria al igual que su presencia en las calles, como elemento de convencimiento general que el futuro es de la democracia y que el régimen está en vías de entregar poder, para lo cual no basta con decirlo, sino que debe ser sentido como tal, incluyendo en Washington.
En segundo lugar, después de ese baño de masas, MCM debe tener un elemento movilizador que no puede ser otro que el calendario democratizador, incluyendo fecha para las elecciones, que aunque tentativa, pueda actuar como freno a la arbitrariedad gubernamental, recordando además, la importancia que adquirió en las primarias y en las elecciones del 28-7, el hecho que existían fechas, en relación a las cuales existió una movilización popular entusiasta, que no se ha vuelto a repetir.
En tercer lugar, y ojalá ya se tenga el respaldo y compromiso de EE. UU. para ello, algo que va a marcar un antes y después, que MCM sea recibida por Delcy en Miraflores y por su hermano en el Parlamento, con todo el respeto que ella merece, para iniciar en condiciones igualitarias un diálogo sobre la transición. Esas imágenes van a ser decisivas para convencer a Venezuela que la democracia va en serio como también el fin de la dictadura, donde es fundamental que MCM no se desgaste en una conversación sin resultados, por lo que esos encuentros debieran tener frutos inmediatos como la liberación de todos los presos políticos, incluyendo a los militares y policiales, como también la disolución de los organismos represivos y el fin de los colectivos armados.
En cuarto lugar, empezar a ser consultados en decisiones tan importantes como el petróleo y los cambios en el modelo económico y político del país, tanto por EE. UU. como por el gobierno chavista.
En quinto lugar, ganarse un lugar que hoy no se tiene, no solo con mayor movilización en las calles, sino que actuando como el gobierno legítimo que son, por lo que se debieran nombrar portavoces en cada área importante, una especie de gobierno en la sombra, tanto para difundir las propuestas democráticas como para reducir los abusos del gobierno. Ello también debe incluir un diálogo permanente con la embajada de EE. UU., incluyendo discrepar públicamente cuando corresponda, partiendo por temas tan trascendentes como el futuro del petróleo, un lujo que no tienen los siempre muy obedientes hermanos Rodríguez. Es en ese mismo sentido, que MCM debe abrir un canal de conversación y ser recibida con frecuencia por el poder judicial y las futuras autoridades electorales, acudir al Parlamento las veces que sea necesario, y como gobierno electo el 2024 a quien le robaron la elección, dialogar con China y Rusia, incluyendo el tema para ellos muy importante, de la deuda. También arroparse en la bandera nacional para denunciar la ocupación que el país sufrió con la dictadura cubana y agitar el tema del dinero que debe ser devuelto por La Habana. Por último, iniciar conversaciones con Guyana por el conflicto territorial que deja como herencia el chavismo.
Todo lo anterior no para perder protagonismo, sino todo lo contrario, para ganarlo, toda vez que en declaraciones de MCM se recoge lo mismo que surgió en el Manifiesto de Panamá de un sector opositor, en el sentido que regresa entre otros motivos, para negociar en Venezuela una transición “seria y responsable” con el gobierno y también con EE. UU.
No se entendería el regreso si otra persona encabeza la negociación con el régimen, y de ella se espera que postule condiciones de “libertad, transparencia y soberanía” como requisitos para tener por fin elecciones limpias. Este rol es insustituible al igual que su carácter público, toda vez que es necesario obtener además que EE. UU. se comprometa a ser garante de un itinerario, ya que el ámbito de posibilidades incluye también que las prioridades de Washington cambien, en definitiva, que EE. UU. efectivamente se comprometa a que el calendario, cualquiera este sea, va a ser respetado, por tratarse de un régimen que en el pasado no cumplió ningún compromiso, ninguno, ni siquiera aquel donde engañó en Barbados al gobierno de Biden el año 2023, sin que este reaccionara.
El discurso de MCM debe ser optimista a la vez que realista. Ponerle una fecha a la elección presidencial permite una meta, no solo recorrer el país, sino algo que es también lo suficientemente concreto para poder conectar con una ciudadanía leal, pero cansada de consignas vacías. Por cierto, todo acuerdo debe ser para la recuperación de las instituciones republicanas al ser el marco que posibilita una democracia de verdad.
Todo acuerdo puede contener las tres fases de estabilización, recuperación y transición propiamente tal de la propuesta Trump-Rubio, pero nunca, en ninguna transición exitosa fueron vistas como fases sucesivas, mecánicas, sino siempre se aceptó que a partir de algún momento pasaban a ser paralelas, por ejemplo, a partir de la fijación de un itinerario y de fechas de la elección en que el pueblo era consultado.
¿Qué más se necesita además de voluntad realista? No olvidar las esperanzas que han sido depositadas en MCM, como alguien que va a hacer que se respete el compromiso que toda ambición personal en la clase política, por legítima que sea, debe ser pospuesta en aras de Venezuela. Es decir, un compromiso ético, a lo cual la clase política debe aportar una autocrítica siempre necesaria, pero que no ha abundado en este doloroso Vía Crucis que ya dura demasiados años. También sería un aporte la incorporación de algo que también ha faltado, un mejor conocimiento de otras transiciones, al menos las más exitosas, no tanto para repetir lo allí hecho, sino para evitar errores dañinos.
Lo anterior es necesario, toda vez que una transición es un proceso donde se adquieren compromisos no siempre gratos y algunos renuncios, tal como lo saben en Chile negociando con Pinochet, o en España con quienes fueron parte del franquismo, como también pasó en Sudáfrica con quienes provenían del Apartheid.
El realismo es consustancial a todo proceso de transición, cuya característica es la mejor decisión dentro de lo posible, y donde son los principios los que sirven de brújula moral, toda vez que al ser pocos, pero grandes y visibles, orientan siempre hacia lo ético. Parte del realismo básico es que se reconozca el liderazgo de MCM como también que Delcy va a manipular el proceso político y económico a su favor, como la candidata que es.
De ahí la importancia que los principios orienten las propuestas, tal como lo han tenido que hacer otras transiciones en circunstancias parecidas, aunque no sean iguales. Es así como aunque en la mayoría de las transiciones exitosas hubo claridad que el sistema económico debía ser de mercado, siempre las fuerzas democráticas incorporaron preocupación distributiva a favor de los más débiles y un compromiso ético para reducir la pobreza, pero al mismo tiempo, el mercado debiera tener como propósito el crecimiento, ya que de otra manera en Venezuela se pondría trabas al regreso de tantos emigrados como también, si no crece la economía se dificulta una democracia sana, dadas las expectativas que se crean, y por lo tanto, una de las decisiones más difíciles para todo primer gobierno en el retorno de la democracia, es cómo reducir expectativas que no se pueden cumplir.
Acuerdos sobre principios básicos que sirvan de orientación en los múltiples niveles en los que se desarrolla una transición son necesarios no solo en lo económico sino también en lo político, toda vez que hay una merecida nostalgia hacia el pasado democrático de Venezuela, pero al mismo tiempo ha existido una insuficiente elaboración en cómo se avanza a una democracia mejor que la anterior, hacia una de calidad.
Cuando se compara con otros países, incluyendo a una España que solo ingresó por vez primera en su historia a la democracia recién en la década del 70, razón existe en sentir orgullo y nostalgia hacia la democracia del pasado, pero también deben existir más propuestas o al menos más acuerdos acerca de cómo se logra una democracia de calidad, al menos mejor que aquella que criticaba Uslar Petri atribuyéndole responsabilidad al Pacto de Punto Fijo (1958), ya que a pesar de los cambios de gobierno se dificultó “una verdadera alternativa de poder”, cayéndose en esa desviación de la democracia conocida como partidocracia. Hoy es posible y deseable aspirar a una, al menos mejor que aquella que eligió a Chávez, y que se proponga combatir la corrupción.
Se constata una justificada nostalgia celebratoria del pasado, tal como existe en sectores del exilio cubano, pero no ayuda a la transición, donde el recuerdo de lo logrado debe ir de la mano con que no se repita el hecho que una dictadura larga y cruel fue la consecuencia de la facilidad con la que Chávez engañó al país, incluyendo sectores empresariales e intelectuales.
Son demasiadas las cosas que han pasado en Venezuela desde el 3 de enero sin la participación de MCM. No son cosas que le han impactado o derribado, pero que sin embargo le han pasado por el lado. Y ese es el punto. MCM regresa no solo a ser parte de la transición, sino también a ganar las elecciones. En su regreso, todo puede hacer menos ser oposición testimonial, ya que es camino directo a la irrelevancia, un lujo que no debe permitirse, ya que se debe negociar y al mismo tiempo quitarle legitimidad a quien ocupa el poder sin haber sido electa.
MCM debe hacer lo anterior con Delcy, su rival, y presionar a Washington para que colabore, aunque ello pueda requerir saltárselos alguna vez y conversar directamente con las petroleras, las reglas que estas necesitan para poder invertir, y que en el futuro venezolano solo lo puede garantizar la legitimidad democrática, exactamente lo que a Trump esos ejecutivos CEO le dijeron en la Casa Blanca.
El realismo debe llevar a aceptar que es posible que Delcy se esté fortaleciendo y que el tiempo juegue a su favor, por lo que MCM debe pasar a la ofensiva. Sobre todo, debe desterrar algo que se ha dado en algunas transiciones, el exceso de confianza, dar por ganada una elección antes de tiempo. Pasa en democracia como también pasa en las transiciones. MCM regresa para cambiar la conversación en la que se desarrolla el proceso venezolano, aprovechar a su favor que Delcy se siente tan tranquila que empezó a viajar al extranjero, incluyendo el viaje a La Haya donde se arropó con la bandera nacionalista, otra evidencia que ya está en campaña electoral, por lo tanto, lo único razonable es no caer en el exceso de confianza y aceptar que las transiciones siempre dan nuevas sorpresas.
MCM tiene un rol especial, que nadie más podría hoy cumplir. De partida, vital va a ser conseguir que la nueva legislación electoral, sin trampa alguna, permita el voto de los millones que se vieron obligados a abandonar el país. Ese voto asegura hoy el triunfo, por ello sin duda el chavismo todavía en el poder va a hacer lo posible para que no tenga lugar. No sabemos mañana, por lo que las transiciones se pueden perder o ganar en el día a día, de ahí la necesidad que las fuerzas democráticas tengan el protagonismo del que hoy carecen, ya que además no se ve hoy en EE. UU. el mismo tipo de compromiso que por ejemplo también tuvo Europa, para la transición a la democracia de los países que eran comunistas, algunos sin la tradición que al respecto posee Venezuela.
De ahí la importancia de tener una idea clara de lo complejas que son las transiciones, ya que lo que ocurrió en la ex URSS y en Europa del Este ofrece muchas lecciones, de cómo a algunos países les fue mejor que otros en su proceso democratizador, y de cómo en algunos casos, como el de la propia Rusia, el Partido Comunista se mantuvo hasta hoy con representación electoral relevante, a pesar de su pasado.
Por otra parte, los deberes que esperan a MCM también incluyen estar preparados para ser gobierno, además, del problema de mantener a EE. UU. interesado en el país después de las elecciones presidenciales, en otros temas que no sean el petróleo.
La experiencia de otras transiciones muestra la dificultad del retorno de quienes se vieron obligados a emigrar, toda vez que es difícil el regreso masivo por el transcurso del tiempo, por hijos que han nacido en otros países, por el tema de la salud y la pensión, por el sacrificio de renunciar a posiciones legítimamente ganadas en el empleo, en la academia o por negocios instalados con éxito en el lugar de acogida. De lo anterior, desde ya surge la necesidad de preparar una legislación especial con los incentivos adecuados, considerando, además, que el exilio venezolano se ha establecido en buena parte del mundo, con notorias diferencias de desarrollo en los países donde fueron recibidos.
Es solo una muestra de los problemas que esperan al primer gobierno electo, además que pocos temas interesan tanto como este a las familias. MCM regresa para conducir a las fuerzas democráticas en Venezuela, liderazgo que debiera ser custodiado, porque no hay otro en el día de hoy. Con Maduro, EE. UU. dio un golpe de efecto contra la mafia. Ahora se necesita que la oposición democrática dé otro golpe de efecto sobre el proceso democratizador, que al fin convenza a militares, policías y jueces que continúan leales a la dictadura.
A todo ello regresa MCM, viaje que también tiene otra derivada. Por eso oportuno es recordar parte del conocido poema Ítaca del griego Constantino Kavafis (1863-1933), en el sentido de un viaje que también es emocional, al interior mismo, en este caso de ella:
“Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino”
@israelzipper
Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)












