La 54° edición de los Premios Martín Fierro dejó, fuera de foco, una noche paralela a la de los discursos y las estatuillas. Bloopers, cruces inesperados, reacciones virales y gestos que escaparon al libreto oficial compusieron otra historia dentro del Hotel Hilton de Puerto Madero.
Uno de los primeros en llegar fue también uno de los que más llamó la atención. Darío Lopilato apareció temprano en el Hilton en muletas y con una bota ortopédica en el pie izquierdo. “Me rompí la patita jugando al fútbol. Tenía que estar presente de todas maneras. Le dije a mi novia que me ayude y venga conmigo”, comentó en la alfombra roja.
Otro de los momentos de la noche lo protagonizó La Barby, que se cayó al piso en plena gala, justo antes de subir al escenario para recibir el galardón por LAM (América TV). Mariano Iúdica, que estaba cerca, se acercó de inmediato para ayudarla a levantarse. La panelista reveló luego que estaba bien, aunque caminó con bastón durante toda la noche, incluso desde antes de la caída.

El saludo que nadie esperaba llegó cuando Santiago del Moro convocó al escenario a Moria Casán, Georgina Barbarossa y Carmen Barbieri para una foto conjunta. Las tres subieron, se abrazaron, posaron e incluso se dieron un pico de a cuatro. El gesto fue llamativo especialmente entre Moria y Georgina, cuyo conflicto lleva más de dos décadas y tiene un origen muy doloroso: las declaraciones públicas de La One sobre Miguel “El Vasco” Lecuna, el fallecido marido de Barbarossa, mientras él atravesaba un tratamiento de rehabilitación por adicciones, una situación que Georgina le había confiado en privado.
En la previa, Barbarossa había sido clara sobre sus límites: “Obvio que nos vamos a saludar, somos dos mujeres grandes y educadas. Pero no veo reconciliarnos porque está involucrado el Vasco”. Moria, en la misma sintonía, había dicho: “No le digamos nada a esto, es una cosa social”. La foto ocurrió igual, y el salón aplaudió. Georgina lo resumió con una sola frase mientras bajaba las escaleras, en voz baja: “Solo nos saludamos”, sentenció.
Uno de los reencuentros más emotivos fue el de Ángela Torres y Adrián Suar. Los dos se dieron un abrazo cálido dentro del salón y ella contó a Teleshow que la última vez que había estado en una gala de los Martín Fierro fue cuando estuvo nominada por Solamente Vos, la ficción en la que el productor hacía de su padre.

Después de los rumores que indicaban que Ian Lucas habría pedido sentarse en una mesa diferente a la de Evangelina Anderson, muchos esperaban ver la reacción de ambos en la gala. Aunque sí estaban sentados a varios metros de distancia, el propio ganador de MasterChef Celebrity confirmó a Teleshow que con ella “está todo bien” y que incluso tuvieron un breve intercambio durante la noche. “De hecho, yo no estaba en el país cuando dijeron eso”, aclaró el youtuber.
La terna de Labor en Conducción Femenina generó reacciones que no pasaron inadvertidas. Cuando Santiago del Moro anunció el nombre de Wanda Nara como ganadora, Nancy Pazos se mostró abiertamente indignada: “Me voy”, dijo en tono de broma al escuchar el nombre de la vencedora. A pocos metros, en la misma mesa, Yanina Latorre sonrió con ironía cuando la mediática mencionó en su discurso su diagnóstico de leucemia, dejando en claro que no le creía una palabra.
Moria Casán, en cambio, tuvo una reacción que sorprendió a más de uno: aplaudió con ganas, pese a estar ternada ella misma en la categoría. Había dicho en su programa que sentía que Wanda sería la ganadora, y al ver cumplida su predicción, se limitó a celebrarlo.

Cuando se anunció a Alejandro Guatti como ganador de la terna Cronista/Movilero, donde también estaba nominada Cecilia Insinga, su marido Diego Brancatelli reaccionó con el labio mordido y las cejas levantadas, mientras ella aplaudía al ganador.
También hubo una postal familiar inesperada: Moria Casán llegó a la alfombra roja acompañada por su nieto Dante Della Paolera, de 11 años, hijo de Sofía Gala y Julián Della Paolera, con esmoquin negro y lentes de sol. “Este es mi hombre que me acompaña”, dijo la diva ante las cámaras. El niño posó simpático y acompañó a su abuela durante toda la noche, sentado a su lado.
El Hilton tiene esa particularidad: entre mesa y mesa, entre un aplauso y el siguiente, ocurre siempre otra ceremonia. Una más chica, más ruidosa y bastante menos protocolar. La de esta noche no fue la excepción.














