
“El actual escenario económico es el de un proceso de ajuste con oportunidades muy focalizadas. El desempeño laboral no responde a una expansión generalizada, sino a dinámicas sectoriales específicas, en general vinculadas a actividades exportadoras o con ventajas comparativas claras, cuyo ‘efecto derrame’ por ahora es limitado, condicionado por la estructura productiva de cada provincia”, dice un estudio del Ieral de Fundación Mediterránea sobre la situación del empleo en las provincias argentinas.
En base a datos de la Secretaría de Trabajo desagregados por provincia y por rubro, el informe precisa que del tercer trimestre de 2023 al tercero de 2025, el empleo privado formal cayó en promedio 2,7 por ciento.
Pero esa cifra agregada, subraya Jorge Day, autor del trabajo, “oculta diferencias significativas entre provincias, con un grupo reducido que logra expandir el empleo y una mayoría que presenta contracciones de distinta magnitud”. Entre las jurisdicciones de mejor desempeño destaca claramente Neuquén, con crecimiento del empleo impulsado por la actividad petrolera, seguido a distancia por Tucumán y Río Negro.
Las zonas de mejor desempeño se vinculan a tres grandes motores: Vaca Muerta, la minería y el complejo agropampeano (Day)
“En contraste, varias provincias muestran caídas pronunciadas, especialmente aquellas más dependientes de la obra pública o de transferencias nacionales, donde el ajuste fiscal impactó de manera directa sobre el nivel de actividad y el empleo”, dice un pasaje.
Las zonas de mejor desempeño se vinculan a tres grandes motores: Vaca Muerta (Neuquén), la minería (San Juan, Salta y Jujuy) y el complejo agropampeano.
En cambio, “presentan un desempeño más débil provincias petroleras tradicionales (como Santa Cruz y Chubut) y aquellas con mayor dependencia de fondos nacionales, especialmente en el Norte del país”, puntualiza Day.

De acuerdo al trabajo, “cabría esperar que las regiones con sectores dinámicos generen un ‘efecto derrame’ no solo en las actividades líderes, sino también en el resto, pero el análisis del empleo privado registrado muestra que, si bien hay algunos casos, como Neuquén, donde eso se verifica a nivel agregado, predomina la caída del empleo y una gran heterogeneidad entre provincias y sectores».
La actividad más afectada
Por lejos, la Construcción es el sector más castigado. “Su comportamiento responde fuertemente al ciclo económico y, en particular, a la disponibilidad de obra pública (…) las provincias más afectadas son las de mayor dependencia de fondos nacionales”, escribió Day.
La situación de la Construcción funciona como un termómetro adelantado del ciclo económico. Su contracción actual refleja el ajuste en curso, pero al mismo tiempo, ante un cambio en las condiciones macroeconómicas o fiscales, podría ser uno de los primeros en recuperarse. En este sentido, dice el trabajo, “combina riesgo elevado en el corto plazo con potencial de rebote en una fase expansiva”. En Santa Cruz, por caso, los datos -dado el inicio y principio del período considerado- reflejan la alta incidencia de la interrupción de la obra de represas sobre el río Santa Cruz, cuyo reinicio el gobierno anunció el mes pasado.
La contracción de la construcción refleja el ajuste en curso, pero al mismo tiempo anticipa que, ante un cambio en las condiciones macroeconómicas o fiscales, podría ser uno de los primeros en recuperarse (Day)
La caída del empleo privado formal alcanza tanto a rubros productores de bienes como a prestadores de servicios.
En el primer caso, las excepciones se asocian a ventajas comparativas específicas. “Neuquén y San Juan muestran incrementos vinculados a la actividad minera, Tucumán al sector agropecuario y Río Negro a la industria. También se destacan los casos de Jujuy y Formosa, con crecimiento del empleo agropecuario. Con signo negativo se observa la pérdida del impulso petrolero en provincias donde domina la extracción “convencional”, como Chubut y Santa Cruz), precisa el Ieral.

En servicios también prevalece la contracción, pero con matices importantes. Un dato destacado es que en cerca de la mitad de las provincias el empleo en el comercio crece y en la otra mitad disminuye. En otros sectores de servicios predomina la caída, con excepciones como Neuquén, donde el empleo crece en la mayoría de los rubros, y algunas provincias donde se observan mejoras en servicios profesionales.
El escenario, dice Jorge Day, combina contracción agregada con oportunidades selectivas, pero su rasgo distintivo es que los cambios en el empleo “responden principalmente a factores económicos estructurales más que a fluctuaciones coyunturales” y hay creciente divergencia entre sectores transables y exportadores y no transables, dependientes del mercado interno y del gasto público.
En cualquier caso, el potencial “efecto derrame” no es automático, sino condicionado. Para que los sectores dinámicos generen empleo en el resto de la economía se requiere un entorno favorable a los encadenamientos productivos. “En su ausencia, el crecimiento tiende a concentrarse en actividades específicas, con impactos acotados sobre el empleo total”, dice el estudio.
Advertencias de economistas
La dinámica descripta calza con recientes advertencias. Ricardo Arriazu, economista y consultor que simpatiza con la orientación oficial, advirtió que el principal problema político del gobierno es el conurbano bonaerense, donde la la falta de empleo privado formal es aguda. Y Roberto Frenkel, economista profesional más heterodoxo, dijo que aun si las cuentas externas permiten sostener el actual nivel del tipo de cambio, este seguirá siendo un problema pues, en un contexto de apertura, no habrá creación de empleo en sectores transables vinculados al mercado interno.
El Gobierno, sin embargo, difundió estadísticas positivas sobre el salario y el empleo, que pivotea sobre un aumento récord del número de monotributistas. Según el secretario de Trabajo, Julio Cordero, en 2025 aumentó la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, en un contexto de expansión del empleo y recuperación del salario real.
En 2025 aumentó la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, en un contexto de expansión del empleo y recuperación del salario real (Cordero)
”Vamos a una Argentina donde trabajar tiene que ser mucho más negocio que litigar y contratar a un trabajador tiene que ser mucho más rentable que no contratarlo. Esta es la realidad de lo que buscamos”, dijo el funcionario al comentar nuevas estadísticas oficiales.
Según datos elaborados por la Dirección Nacional de Estudios y Estadísticas Laborales sobre la base de las Cuentas Nacionales del Indec, la participación de los trabajadores en el ingreso total pasó del 45,1% en 2023 al 45,5% en 2025, alcanzando su nivel más alto desde 2020”, afirmó el Ministerio de Capital Humano, que encabeza Sandra Pettovello y del que depende Trabajo.
Cordero afirmó que esa evolución “se da en un escenario de crecimiento del empleo y de las horas trabajadas, junto con una mejora en el salario efectivamente percibido por los trabajadores”.
Cambios en la legislación: ¿nuevas empresas, nuevos empleos?
Aunque el estudio del Ieral y el documento oficial no abarcan los mismos lapsos, la discrepancia de datos es significativa y convoca al debate sobre la mejora que puede ofrecer (o no) la ley de modernización laboral, que superó esta semana un escollo judicial clave.
Según Juan Luis Bour, economista jefe y director de FIEL y experto en economía laboral, una primera cuestión es cuándo la nueva ley “pisará sobre firme”. Hasta que eso no ocurra, dijo a Infobae, “habrá que esperar para ver que efectivamente la ley rige y en qué parte es limitada”.
Para Bour, lo importante en términos de indemnización es si, conforme a la ley, se aplica también a los trabajadores actuales. Pero aclara que la ley no solo agiliza definiciones sobre la indemnización, sino que habilita a negociar convenios colectivos directamente con los trabajadores. Algo inviable en compañías con conflictos gremiales o convenios preexistentes. La ley, subraya, favorece principalmente a firmas de nueva radicación.
Bour plantea la posibilidad de que nuevos emprendimientos firmen convenios que no dependan de los acuerdos generales, facilitando la transición y la adecuación tecnológica en un proceso de apertura económica. Resalta la necesidad de reestructuración y anticipa el cierre de empresas incapaces de competir, junto al surgimiento de otras que negocian condiciones laborales por fuera de sindicatos o cámaras con sede en Buenos Aires, aunque se encuentren en otras provincias, como La Rioja.
Cuando los convenios colectivos se hagan por empresa, los sindicatos de cúpula y las cámaras empresarias tendrán que poner las barbas en remojo (Bour)
Al consultarle si se trata de una nueva etapa en las relaciones laborales, Bour responde: “Sí, porque es un cambio respecto de un modelo que se estableció hace muchas décadas. En Argentina tenemos sindicatos de cúpulas. Es un cambio que se tiene que producir. Cuando los convenios colectivos se hagan por empresa, los sindicatos de cúpula y las cámaras empresarias tendrán que poner las barbas en remojo”.
El especialista explicó que el pesimismo actual en torno al empleo está relacionado a que en los últimos 15 años solo creció el informal, de baja calidad.
“En los momentos de recuperación el empleo formal creció un poco y en la recesión siguiente se cayó. Si seguís igual, vas a tener lo mismo. Este cambio de la ley y otros que vendrán pueden permitir el despegue del empleo si la actividad económica también repunta. El pesimismo de hoy surge porque estás en una meseta de actividad económica, con algunos sectores en crecimiento y otros en caída, que no arrastran empleo, y aumento de la competencia externa. No habrá crecimiento del empleo en el corto plazo. Este año no creo que crezca más de 0,2% o 0,3 por ciento. Para que esto se revierta se necesita no solamente estas reformas sino también que la economía se mueva», concluyó.














