El eco de los dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el Caribe venezolano el día de ayer 24 de junio, no solo dejó una estela de destrucción material y humana en Caracas y La Guaira. A más de mil kilómetros de distancia, en la República Dominicana, el sismo desató una dolorosa réplica de incertidumbre y angustia para varias familias que hoy aguardan, con el corazón en un hilo, noticias de sus seres queridos.
El Gobierno dominicano, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex), encendió las alarmas al confirmar que al menos cinco ciudadanos de su país se han visto directamente afectados por la catástrofe telúrica. El balance inicial entreteje la esperanza con el miedo más absoluto: tres de ellos han logrado burlar el colapso de las comunicaciones, reportándose con vida y logrando establecer contacto con sus allegados.
Sin embargo, el destino de otros dos dominicanos permanece envuelto en el misterio y los escombros, engrosando la lista de desaparecidos que mantiene en vilo a toda la región.
Por lo que, la Cancillería dominicana emitió un comunicado oficial en el que aseguró mantener canales de comunicación permanentes con las autoridades venezolanas. El objetivo es claro pero titánico: localizar a los compatriotas cuyo paradero sigue siendo desconocido, mientras 0se ofrece acompañamiento psicológico y asistencia consular a unas familias dominicanas desgarradas por la espera.

La situación logística en el terreno añade una capa extra de complejidad al drama. Debido a la ruptura de relaciones diplomáticas previas, el país caribeño no cuenta con una delegación operativa directa en suelo venezolano.
Desde el 30 de julio de 2024, España asumió la representación de los intereses dominicanos en Venezuela. Por ello, las autoridades de Quisqueya han instado de manera urgente a que cualquier ciudadano en situación de emergencia coordine su auxilio a través del Consulado General de España en Caracas.
Asimismo, el Mirex recomendó formalmente a la población abstenerse de viajar al territorio sudamericano hasta que las condiciones de seguridad estén plenamente garantizadas.
El panorama de una tragedia en ascenso
Lo que inicialmente se reportó como una tragedia mayúscula ha escalado de forma dramática en las últimas horas. La última actualización ofrecida por el Gobierno venezolano elevó la trágica contabilidad a 188 personas fallecidas, 1,520 heridos y al menos 157 ciudadanos declarados oficialmente como desaparecidos.
El doble sismo, ocurrido con una diferencia de apenas 39 segundos, derribó estructuras enteras en zonas densamente pobladas de la capital y en el estado costero de La Guaira.
En las calles caraqueñas, el panorama es desolador: el polvo de los edificios colapsados aún nubla el aire y los gritos de auxilio guían las palas de los equipos de emergencia. En el interior de Venezuela, donde el acceso a la energía y el internet ya era precario, el alcance real de la destrucción sigue siendo una incógnita que las autoridades intentan descifrar a cuentagotas.
La República Dominicana ha reiterado su “más profunda solidaridad” con el pueblo venezolano ante una de sus peores crisis naturales recientes. Pero más allá de los despachos oficiales y la diplomacia, la verdadera batalla se libra en los hogares dominicanos que hoy miran fijamente las pantallas de sus teléfonos, rezando por un mensaje de texto o una llamada que confirme que sus compatriotas ausentes siguen con vida en medio de la catástrofe.













