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Violaine Bérot, la escritora que cambió la IA por la montaña: “Tengo miedo en la ciudad pero no en mi casa, porque no hay humanos”

Ni dio una vuelta por Buenos Aires, ni caminó sus calles; no llegó a ver el Obelisco la escritora francesa Violaine Bérot y ya está sentada respondiendo entrevistas. No hay tiempo: la autora de Como bestias y Caída de las nubes llegó el viernes tarde y este domingo a las 17:30 se presenta en la Feria de Editores, donde será entrevistada por Valeria Tentoni.

Su nombre anduvo sonando en estas tierras, en particular a partir de que se estrenó la versión teatral de Como bestias, con dramaturgia a cargo de Claudia Piñeiro y Marcelo Moncarz, en la sala Hasta Trilce. Por exigencia de la autora, la obra tenía el texto completo de esa novela que habla de una niña criada por alguien a quien un pueblo de montaña considera un monstruo, aunque nunca le hizo mal a nadie. De cómo ese hombre raro “cura” a los animales. De cómo lo defiende su madre, Mariette, con desesperación, cuando lo quieren encerrar.

Supimos, entonces, que la propia Bérot tenía una historia inusual. Era investigadora en Inteligencia Artificial y lo dejó todo para irse a vivir a la montaña y criar cabras. Bien alto, en la montaña, sola con sus cabras. Aprendió de los vientos, cómo aprovechar la luz del sol, cómo ayudar a parir a un animal. Y el vínculo -eso contará ahora, en una oficina de Villa Crespo- entre los animales y los chicos “con problemas”.

Como bestias ganó visibilidad en Argentina por su versión teatral en Hasta Trilce, con dramaturgia de Claudia Piñeiro y Marcelo Moncarz.

En castellano, la editó la editorial catalana Las afueras, que también sacó Caída de las nubes, otra historia que ocurre en un pueblo de montaña. Ahora una mujer, Marion, tiene un hijo de pronto, sin haberse dado cuenta jamás de que estaba embarazada. En serio.

Su marido, Baptiste, tampoco notó nada y es un vecino, Dedé, quien encuentra al bebé en la bañadera, lo abriga contra su pecho y los lleva a todos al hospital. Cuenta Dedé su llegada: “Estaban en el cuarto de baño y, cómo decirlo, estaban allí los dos, ella desnuda del todo, piense que yo no la había visto nunca desnuda, no me atrevía ni a mirar, imagínese qué situación tan violenta, estaba apoyada en el borde de la bañera, no decía nada, no se movía, yo había aterrizado en su cuarto de baño en plena noche y ella estaba allí desnuda del todo y ni siquiera intentaba taparse, no parecía avergonzada, en absoluto, y qué pálida estaba Dios mío, qué pálida (…)”

Y, de pronto, encuentra “eso” en la bañadera: “Cogí una toalla, me dije necesita calor, me lo repetí varias veces, y entonces saqué aquella cosa de la bañera, tendría que haber ido con más cuidado, pero no había tiempo que perder, estaba con vida, pero a saber en qué estado (…)” Pronto, en pleno viaje, Dedé va a saber en qué estado está “aquello”: “y entonces aquello se puso a patalear dentro de mi chaqueta, joder si estaba vivo, ya le digo yo que no tenía ninguna intención de dejarse morir”.

Baptiste pronto se va a ir haciendo cargo de que tiene una hija, la va a alzar, la va a querer. El pueblo se va a organizar para conseguirles cosas, tejer batitas, hasta elegir un nombre. Marion, no. No cae. ¿No quiere?

—Aunque ocurren en pueblos lejanos, se sienten cercanos tus libros. Y da la sensación de que hablás de vos.

—Ah, eso me da gusto. Creo que es porque escribo sobre la emoción, sobre el ser humano, sobre las relaciones humanas. Y quiero escribir cosas simples de la vida cotidiana. Mis personajes son personas normales, están cerca. Eso hace que dé la impresión de que soy yo la que está cerca.—Pero es una mirada muy compleja.

—Hay un trabajo de escritura, de construcción, pero quiero que el resultado sea simple aunque hable de cosas complicadas. Quiero que todo el mundo pueda leer el libro. Cuando voy a los colegios secundarios a hablar con los jóvenes, quiero que lean el libro fácilmente. Y que se sorprendan, porque conocen la literatura clásica, que es muy grandilocuente. Y aquí dicen: “Es simple, él habla mal, comete errores como yo”.

La escritora francesa Violaine Bérot se presenta este domingo en la Feria de Editores de Buenos Aires, donde hablará de Como bestias y Caída de las nubes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

—En Como bestias aparece la relación de un hombre con los animales, que resulta algo mágica para nosotros. ¿Cómo viviste eso vos, que sos una persona que no nació en el campo sino que fue de grande?

—Eso viene de mi experiencia personal. Trabajé con niños hospitalizados por problemas psiquiátricos. Vivían en la ciudad y venían a mi granja, con mis animales. A veces pasaban cosas increíbles entre un niño y un animal y yo no sabía explicar por qué.—¿Qué cosas? ¿Qué animal?—Caballos, ovejas, cabras, gallinas, perros, gatos… Dependía del niño. El animal estaba libre, nunca atado. Y aparecía una relación entre ellos. El niño y el animal podían ir uno hacia el otro, si los dos querían eso.—¿No te dio miedo?—Había un pequeño grupo de niños que llegaba y un pequeño grupo de animales. Y si un niño quería ir hacia un animal, el animal podía irse o ir hacia el niño. Y a veces, un animal y un niño iban y venían juntos y yo los miraba. Y veía al animal comportándose de una forma que no conocía. Muy atento, muy dulce, muy cariñoso con el niño, cuando no era así conmigo. Yo quería a mis animales, pero no eran así conmigo. Y si el niño volvía seis meses después, pasaba lo mismo con el mismo animal. En Como bestias, Oso es así.—Caída de las nubes me hizo acordar un poco a Matate, amor, de Ariana Harwicz, donde se muestra la crisis de una mujer ante la maternidad. Acá parecés llevar a un extremo lo de la maternidad como imposición.—Ella no sabe que está embarazada, no elige ser madre o no ser madre. Tiene un bebé sin elegirlo.—Sí, pero después tiene que elegirlo o no elegirlo.—Será madre de todas formas porque hizo nacer al niño, pero no es “madre” si no lo conserva. Es genitora, pero no es madre. En este libro, Marion no tiene tiempo de elegir. Todo va demasiado rápido. Ella necesita tiempo para elegir si acepta ser madre o no. Pero el pueblo va demasiado rápido. Su marido, Baptiste va demasiado rápido. Y ella no tiene derecho a decidir si quiere ser madre o no. Es muy violento.—Por eso, ¿vos pensás que la maternidad es una imposición?—Para Marion, es una maternidad impuesta. Y es terrible para mí una maternidad impuesta. No estoy de acuerdo. Yo, personalmente, elegí nunca tener un hijo.

Violaine Bérot dijo que la maternidad impuesta es violenta y vinculó ese tema con su decisión personal de no tener hijos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Por qué?—El libro que estoy escribiendo trata de eso. Intento entender por qué. Hay varias razones. Una son las ganas de libertad total, de no tener un hijo para no frenarme, no atarme. Y también porque en mi familia materna, las madres no son realmente madres. Tengo una historia familiar muy extraña del lado materno: tengo la impresión de ser la madre de mi madre. Entonces, ya soy madre desde que soy pequeña. Y soy la madre de mi madre hasta que muera. Sigo siendo su madre. Es suficiente.—Hay mucha reflexión sobre la maternidad en los dos libros. Marion y Mariette, con nombres tan parecidos, casi el mismo nombre.—Sí, y no fue a propósito. Cuando escribo no pienso en el nombre, eso sale de la lapicera. Y siempre los mismos nombres vuelven en mis libros.—Pero Mariette y Marion son dos madres opuestas.—Sí, una se sacrifica por su hijo. Mariette cambia de vida por el Oso, para ir a vivir con él en la montaña. Y la otra es una madre que no quiere a su hijo.—Todavía no sabemos… Acá aparece también una figura del padre cariñosa: el padre que sí se hace cargo.—Tuve un encuentro muy interesante sobre Caída de las nubes en un colegio secundario en Francia, con jóvenes de quince, dieciséis años. Una chica decía: “A mí no me gusta Baptiste. No confío en ese tipo”. Y otra: “Pero es genial, cuida al bebé. Menos mal que está ahí para cuidar a la niña”. Discutieron. Y es que en mi libro están las dos cosas. Se puede ver a Baptiste como un súper padre o se pueden ver los pequeños detalles donde uno se pregunta si es tan así. Eso está hecho a propósito para que el lector construya el personaje que quiera construir. Cada uno va a leer la novela desde su subjetividad, desde su posición.

—Es un momento histórico en que la figura del padre no está tan clara. El tradicional no nos gusta más, no funciona. Y el nuevo no termina de consolidarse.—Es complicado el sitio del padre ahora. Cuando hablo con los jóvenes, veo que tienen padres diferentes. Algunos tienen padres muy clásicos y otros, padres muy presentes.—¿Finalmente Marion se va a enganchar con su hija?—No sé. Esa es la pregunta de todos los jóvenes. Yo me detengo al final del libro: no sé qué pasa después.—¿Y qué te gustaría que pasara?—Nada.—El libro propone una estructura que recuerda a Rayuela, de Cortázar. Se puede leer de corrido o siguiendo otros recorridos, que vos indicás con números, y que siguen la voz de cada personaje. ¿Cómo lo escribiste?—Escribí todo, todo mezclado y no sabía al principio que iba a proponer dos tipos de lectura. No lo había pensado. Cuando terminé de escribir el libro con todas las mezcladas, tuve que releer cada personaje para que su voz sonara siempre igual. Y fue en ese momento que conocí a Pablo Martín Sánchez, que luego fue el traductor al español, porque estábamos en residencia de escritura juntos, en Francia. Le conté de este texto y le dije que estaría bien poder hacer dos lecturas. Entonces me dice: “¿Conoces a Cortázar?” “No”. Y lo de Rayuela. Y digo: “Es genial, quiero hacer eso”. Reconstruí todo para que funcionara en las dos lecturas.

—Vivís sola, arriba en la montaña. ¿No tenés miedo?—Tengo miedo en la ciudad, pero no en mi casa, en el bosque. Porque no hay humanos. Es el humano el que da miedo. No son los animales, los jabalíes.—Pero podría llegar alguien.

—No, porque es muy difícil llegar a mi casa. Nadie sabe que vivo allí. Es una subida y un sendero muy pequeño; la gente no lo conoce.

—¿Serías la escritora que sos si no hubieras decidido irte a la montaña, vivir con animales…?—Muchas veces digo que mi oficio de criadora -cuando tenía animales, ya no- y mi oficio de escritora son un poco lo mismo. Son oficios que toman todo mi tiempo. En otras profesiones, uno sabe que va a la oficina desde las ocho hasta las cinco y después, es la vida privada. Con los animales o cuando escribo, no es dónde está mi vida privada y dónde mi vida profesional. Siempre estoy en el trabajo, siempre estoy en la vida privada. Y son oficios muy extremos: ocupan todo mi cerebro. No puedo pensar en nada más. Siempre estoy escribiendo. Y cuando tenía animales, siempre estaba con mis animales en la cabeza.

—Trabajaste mucho en Inteligencia Artificial. ¿Cómo ves ahora esta explosión?—La inteligencia artificial, no es inteligencia: es lógica y es cálculo. Puede ser algo bueno si seguimos siendo críticos, pero si aceptamos todo sin crítica, se vuelve muy peligroso. Cuando haces una búsqueda, ahora Google propone un texto en lugar de los hipervínculos de antes. Es grave porque se lee eso como si fuera la verdad, pero no sabemos quién lo dice. Es peligroso porque tenemos la impresión de que es la verdad. Lo importante es mantener la distancia y poder criticar.

Feria de Editores (FED)

Dónde: C Art Media, Av. Corrientes 6271, ChacaritaCuándo: del 6 al 9 de agostoHorario: de 14 a 21Entrada: gratuita, con reserva previa y código QR