
La doctora Marta Elena Pena de Matsushita, especialista en pensamiento político y profesora emérita de la Universidad Doshisha de Japón, será distinguida con la Orden del Tesoro Sagrado, una de las máximas condecoraciones que otorga el gobierno japonés a personas con logros destacados en ámbitos como la investigación, la asistencia sanitaria y el trabajo social. La ceremonia de entrega tendrá lugar el 20 de mayo en el Palacio Imperial de Tokio, según confirmó la propia académica.
La Orden del Tesoro Sagrado, instituida en 1888 por el emperador Meiji, reconoce actualmente seis clases y se concede a quienes realizaron aportes significativos en la mejora de la sociedad. En diálogo con Radio Mitre, Pena de Matsushita explicó que su trayectoria académica supera las cuatro décadas, con publicaciones en varios países y un extenso trabajo sobre la cultura japonesa, tanto en español como en Argentina. “Tengo muchísimos libros publicados y muchos sobre la cultura y la sociedad japonesa”, detalló la profesora.
Radicada en Japón desde hace más de 40 años, Pena de Matsushita relató que su llegada a ese país estuvo vinculada a su esposo, el académico Hiroshi Matsushita, especialista en historia argentina. “Nos casamos cuando él fue becado a Argentina y así arribé a Japón, donde comencé mi carrera académica y mi vida de adulta”, afirmó.
Quién es Marta Elena Pena de Matsushita

Graduada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), donde obtuvo la medalla de oro al Mejor Egresado, Marta Elena Pena de Matsushita es doctora en Ciencia Política por la misma universidad, con una tesis doctoral distinguida con mención de honor y recomendación de publicación. Además, recibió el reconocimiento de dicha institución como Visitante Ilustre, en marzo del año pasado.
Actualmente, es profesora emérita de la Universidad de Doshisha y también se desempeña como docente en la Universidad de Nanzan (Nagoya, Japón). Su producción académica incluye numerosas obras y artículos publicados en revistas especializadas en español, japonés e inglés, en los que abordó temas vinculados con la modernización, la cultura y el pensamiento político en Argentina y Japón.
Entre sus libros más reconocidos figuran La cultura de Japón, Las corrientes del pensamiento latinoamericano, Positivismo y liberalismo en México, A quinientos años del descubrimiento, La mujer en la sociedad latinoamericana y Dos forjadores de la modernidad: Sarmiento y Fukuzawa.
En su obra Género y sociedad en Japón, la autora analiza la problemática de género en la sociedad japonesa actual. El libro propone una mirada que entrelaza historia y presente, permitiendo comprender la situación de la mujer en un país marcado por la tradición y la modernización acelerada.
La docente mendocina tiene previsto presentar en noviembre un nuevo libro titulado Japón en el mundo, donde analizará la autopercepción nacional y su impacto en las relaciones internacionales. Además, recordó que hace dos años publicó Ser niño en Japón, centrado en su experiencia familiar y educativa en ese país.
Cultura y vida en Japón

La docente mendocina abordó diversas particularidades del sistema educativo japonés. En ese sentido, subrayó que Japón registra cero analfabetismo y no existen conceptos como ausentismo o deserción escolar. “Desde niños, hay una articulación formidable entre el hogar y el sistema escolar, con alto compromiso de padres, maestros y sociedad”, sostuvo. El mérito es la clave, remarcó, y señaló que la confianza en la educación supera la idea del talento innato: “Los japoneses creen mucho menos en el talento natural que en los resultados del esfuerzo y la educación”.
La profesora enfatizó que el conocimiento es el recurso más valorado en Japón, más allá de la falta de recursos naturales. “No olvide que Japón viene de una cultura milenaria influida por el confucianismo, que legitima el ejercicio del poder a través del conocimiento”, indicó. Y relató que, incluso en los trabajos más simples, se exige capacitación constante: “La señora que viene a limpiar los cristales de las ventanas asiste dos veces por mes a cursos para perfeccionarse”.
El sistema educativo japonés también impone presiones. Fracasar en el examen de ingreso a la universidad implica una carga personal y familiar, especialmente para las madres, describió. “Al estudiante que debe esperar un año más para ingresar se lo denomina rōnin, en referencia al samurái sin señor feudal, lo que señala una posición social ambigua”, explicó.
Consultada por el peso de la jerarquía educativa, Pena de Matsushita remarcó que en Japón importa no solo qué se estudia, sino principalmente dónde. “Hay una pirámide de universidades y la pertenencia a una institución reconocida marca la diferencia”, indicó.
Al referirse al desarrollo de Japón como potencia mundial a pesar de las limitaciones geográficas, la académica analizó: “La riqueza de un país no está en la extensión del territorio, sino en la población educada al nivel de Japón, trabajadora y perfeccionista. Los japoneses hacen las cosas bien o no las hacen”. Además, evocó el proceso de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, y concluyó: “El primer ministro pidió duplicar el producto bruto nacional y lo quintuplicaron en una década. La voluntad de salir adelante es tremenda”.













