
La audiencia de este jueves en el juicio por la muerte de Maradona atravesó, por lo menos, tres momentos de tensión. El primero ocurrió al inicio de la jornada, cuando declaró el neurocirujano Leopoldo Luque por sexta vez. Los otros fueron durante las declaraciones de los dos testigos de la fiscalía: el jefe de la terapia intensiva de Clínica Olivos, Fernando Villarejo, y el cardiólogo del hospital, Sebastián Nani.
Al primero de los profesionales, los acusadores le detectaron una serie de contradicciones en torno al rol de Leopoldo Luque durante el tiempo que Diego estuvo internado en el sanatorio de zona norte post operatorio de la cirugía en la cabeza. Básicamente, el profesional no lo mencionó de manera explícita en situaciones puntuales o le adjudicó a otra persona episodios que había protagonizado el imputado.
“Son varias e importantes las contradicciones”, opinió el juez Alberto Gaig cuando el fiscal Cosme Iribarren le mostró la testimonial brindada por el testigo a la fiscalía en 2021. En ese entonces, Villarejo aseguraba que Luque era quien tomaba ciertas decisiones sobre la salud de Diego en ese momento.
El testigo, ante la advertencia de que estaba declarando bajo juramento de decir la verdad, alegó “falta de memoria”. Luego le leyeron su declaración original, ratificó todo y no hubo problema.
El momento de tensión más incómodo involucró al cardiólogo Sebastián Nani. A su turno, el médico dijo que él nunca trató a Maradona pero que sí ayudaba a su colega Luque a gestionar turnos para él. En este contexto, uno de los abogados querellantes pidió mostrarle algunos chats suyos con el neurocirujano para que los contextualice.
Las conversaciones eran, por lo menos, cuestionables. Una tenía fecha de marzo de 2020, cuando Nani le escribió a Luque para decirle: “Mostro, tiene 20 kilos más que cuando te lo devolvimos. Salí de ahí antes de que explote”.
El cardiólogo hacía referencia a la última vez que lo vio a Diego. “Yo lo había visto por última vez en agosto de 2019 y lo vi en la tele mucho más gordo. Le dije en un mensaje privado y coloquial a Luque que me parecía que estaba muy gordo, solo eso”, aclaró. A los jueces no les convenció el ‘salí de ahí antes de que explote’.
Otro de los mensajes era del 11 de noviembre de 2020. Para ese momento, Nani le había gestionado una cama a Maradona para su operación de cabeza en Clínica Olivos, la cirugía se había realizado y ya se estaba definiendo la externación.
“Listo, ahora es tu problema. Cualquier cosa ahí tenes el Austral más cerca”, le escribió a Luque cuando resolvieron que Diego iba a continuar con una internación domiciliaria en Tigre, sugiriéndole que no vuelva a su hospital.

Según explicó el cardiólogo al tribunal, lo dijo porque la internación de Maradona en Olivos se extendió más de lo esperado, provocó mucho revuelo en una época de pandemia y él sentía que “estaba quedando mal” con las autoridades. Por este motivo, de acuerdo a su aclaración a los jueces, quería que ya le dieran el alta sanatorial.
El último chat que mostraron fue el más polémico y el que hizo que los jueces le advirtieran a Nani sobre una posible autoincriminación.
La conversación deslizaba que el cardiólogo quería recibir una compensación económica para ayudar a Diego la próxima vez porque la gestión no era fácil. En concreto, dijo: “Gratis no vamos, si no le ponemos precio es destruir coronarias al pedo”.
“Cuidado con lo que va a contestar porque podría incurrir en una autoincriminación”, le advirtió el juez Gaig al testigo tras leer esa conversación. El cardiólogo, sin embargo, dijo que hablaba de sus propias coronarias por el estrés de ayudar a Maradona, aunque admitió que Luque le había prometido que más adelante lo iba a incorporar al cuerpo médico tratante de Diego.

La sexta declaración de Luque
Este jueves Leopoldo Luque habló por sexta vez al tribunal. Antes de que comience, el abogado Fernando Burlando pidió que se cuide a las víctimas tras el escándalo de la última vez, donde el imputado mostró una foto de la autopsia frente a Gianinna Maradona. Así, Jana, que estaba presente, decidió salir, mientras su hermana eligió quedarse a un costado.
Luque comenzó su declaración con una frase contundente: “Yo fui la persona que más contacto tuvo con el paciente y que más lo quería ayudar. Es fácil estar en contra mío. Yo sé que, de todo esto, el único que me defendería es Diego”.
En este sentido se refirió al momento del alta de la clínica Olivos, a principios de noviembre de 2020, cuando aclaró que Diego estaba lúcido. “Era el mismo Maradona que plantó a Putín y al Papa, con la impronta que todos respetábamos. Él, en ese momento, se quería ir a su casa. Yo tuve muchas charlas previas a la internación, cuando estábamos solos, e intentaba ayudarlo”, declaró.
Y agregó: “Antes, cuando él estaba en La Plata, en plena pandemia de COVID, con un ayudante al que buscaba la policía y que le pasaba marihuana, y con una medicación difícil de controlar, yo le pregunté mil veces si por favor podía ir a un lugar para que lo ayudaran, pero él no quería. En la internación en Olivos, dijo que se quería ir a su casa, haciendo uso de su derecho. A uno le encantaría que el paciente hiciera lo que uno cree mejor”.

En su declaración, estableció que, como en este juicio “lo acusan de todo”, se tiene que “defender de todo”. En este sentido, aclaró que su especialidad es la neurocirugía, que tiene funciones muy limitadas. Y que se tuvo que poner a estudiar para este debate, a fin de responder cuestiones de cardiología, clínica y otras.
“Había que bancarlo a Diego, eh. Perdón, en su memoria, pero había que bancarlo. A mí me toca defenderme de todo: de la parte cardiológica, pericial, porque me acusan de todo. Y lo voy a hacer, no me voy a quedar callado. Tengo que justificar lamentablemente el accionar de otros médicos, porque yo lo llevé a estos médicos”, siguió.
Y deslizó: “Los médicos llegan acá a declarar y están presionados por las partes y tienen temor. Yo me doy cuenta cuando un médico tiene temor. Si uno conoce un cardiólogo, le muestra los últimos estudios de Diego en un consultorio y dice que es normal. Acá están presionados”.
En su indagatoria, Luque también negó que Diego tuviera edema (acumulación de agua en el cuerpo) y aseguró que, sin eso, no hay hipótesis ni acusación.
“Tiene que haber edema para que tenga sentido la acusación, tiene que haber para decir que lo descuidamos, tiene que haber edema para que digan que lo vieron el 18 hinchado y por eso llegó al 25 de noviembre así. Tiene que haber edema, por eso intentan sostenerla. Es importantísimo”, declaró.
Y siguió: “Si no hay edema no hay paciente que se dejó solo, que se abandonó, que se descuidó. Por eso Oneto insistía al testigo Casinelli con que diga si hizo o no el signo de Godet, que es importante para saber si tenía edema”.













