La disputa por las Islas Malvinas atraviesa una nueva etapa marcada por la explotación de recursos, la actividad pesquera y la proyección hacia la Antártida. En ese escenario, el analista internacional Juan Battaleme advirtió sobre la fuerte asimetría militar entre la Argentina y el Reino Unido y el riesgo de que Londres consolide decisiones unilaterales.
Durante una entrevista en Infobae al Mediodía, Battaleme analizó esa estrategia a partir de la idea del “tigre de papel” y planteó que la Argentina necesita recomponer sus capacidades de defensa y utilizar las herramientas económicas y diplomáticas disponibles para evitar que la brecha de poder se traduzca en hechos consumados.
“Siempre vamos a ser una amenaza por nuestra mera posición geográfica”, afirmó al explicar por qué el Atlántico Sur conserva un valor estratégico para Londres, más allá de la relevancia que las Malvinas tengan dentro de la opinión pública británica.
La brecha militar y las restricciones británicas
Battaleme cuestionó el contraste entre el discurso británico que minimiza las capacidades militares argentinas y aquellas declaraciones que presentan al país como un potencial factor de riesgo.

“Nos baja el precio desde el punto de vista militar, pero Burnham nos subió el precio y prácticamente nos puso al nivel de Rusia”, señaló.
Para el analista, la diferencia de recursos entre ambos países condiciona cualquier estrategia argentina. “Lo que el Reino Unido gasta en defensa en un año, nosotros gastamos en 20 años”, sostuvo.
A esa brecha se suma el régimen de restricciones británico sobre determinados componentes destinados a las Fuerzas Armadas argentinas. Battaleme explicó que las sanciones pueden alcanzar piezas de origen británico y también elementos que atraviesen territorio del Reino Unido.
“Si una parte argentina pasara por el Reino Unido y va a una estructura militar argentina, ellos te la podrían tocar porque está sujeta a sanciones”, explicó.
El especialista también se refirió al concepto de enhancement —mejora de capacidades— utilizado por la normativa británica para determinar cuándo un componente puede quedar alcanzado por las restricciones. “Mejora es un criterio político”, afirmó.
En ese contexto, ubicó la situación actual de las Fuerzas Armadas como el resultado de años de desinversión. “Lo que vos estás viendo es el final de la película que empezó en el año 2010”, sostuvo.

La incorporación de los F-16, consideró, constituye un primer paso en la recuperación de capacidades, aunque no modifica por sí sola la relación de fuerzas con Londres. “No te cambia radicalmente, pero ya te da una capacidad, te pone un norte”, señaló.
Petróleo, pesca y Antártida: los intereses británicos en el Atlántico Sur
Para Battaleme, el valor estratégico de las Malvinas está relacionado con tres factores principales: los recursos energéticos, la pesca y la proyección hacia la Antártida. “Si son unilaterales en el Atlántico Sur, lo van a ser también en la Antártida”, advirtió.
En esa lógica ubicó al proyecto petrolero Sea Lion y las actividades vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las aguas próximas a las islas. También se refirió a las sanciones anunciadas por la Argentina contra empresas relacionadas con esas operaciones.
A su entender, la estrategia no debería concentrarse únicamente en las compañías que participan directamente de los proyectos. “No es solamente a Rockhopper como se hacía antes, sino que vamos a ir por el que le provee diésel”, explicó.

El planteo supone ampliar el alcance de las medidas económicas sobre la cadena de proveedores que sostiene las operaciones en las islas. Pero Battaleme también remarcó que esas decisiones requieren capacidad efectiva para ser ejecutadas.
La cuestión, por lo tanto, no se limita a la protesta diplomática. Para el analista, la Argentina necesita recuperar herramientas militares, económicas y políticas que le permitan defender sus intereses sin recurrir a una escalada.
Chagos y Diego García: las diferencias entre Londres y Washington
Battaleme también vinculó la discusión sobre Malvinas con otra disputa territorial en la que intervienen el Reino Unido y Estados Unidos: el futuro del archipiélago de Chagos y de la base militar de Diego García.
La instalación estadounidense tiene una ubicación estratégica en el océano Índico y cumple un papel relevante para las operaciones militares de Washington. “Diego García funciona como un portaaviones inhundible”, describió.
El analista explicó que las negociaciones británicas sobre el futuro de Chagos generaron objeciones en Estados Unidos debido al valor militar de la base y a la relación de Mauricio con China.

También mencionó las diferencias entre Londres y Washington sobre el uso de Diego García para determinadas operaciones militares y las posiciones dentro de Estados Unidos que plantean revisar aspectos de la relación estratégica con el Reino Unido.
Sin embargo, Battaleme descartó que esas tensiones impliquen un cambio inmediato de la posición estadounidense sobre Malvinas. “En el corto plazo, no”, respondió.
A su entender, la política exterior argentina sí puede influir en la percepción de Washington. La decisión de Buenos Aires de profundizar su alineamiento con Occidente y no incorporarse a los BRICS forma parte de ese escenario.
La advertencia para 2028
El horizonte que Battaleme considera especialmente relevante es 2028, por los proyectos de infraestructura y explotación de recursos que podrían consolidarse en el área bajo control británico.
Su advertencia apunta a un escenario en el que Londres avance de manera progresiva mientras la Argentina no logra recomponer sus capacidades. El riesgo, según explicó, no sería necesariamente un enfrentamiento militar, sino que determinadas decisiones queden consolidadas antes de que Buenos Aires pueda reaccionar.

“Probablemente en 2028 la Argentina se vaya a comer un hecho consumado y se quede en el espejo de su propia debilidad”, afirmó.
La advertencia resume su diagnóstico sobre la disputa: la asimetría actual no solo limita las capacidades militares argentinas, sino también las posibilidades de actuar frente a proyectos económicos y estratégicos que pueden modificar la situación en el Atlántico Sur.
Para Battaleme, la discusión sobre Malvinas excede la cuestión de la soberanía y comprende también el control de recursos, la pesca, la proyección antártica y el valor geopolítico de la posición argentina. El desafío, planteó, consiste en evitar que esa asimetría termine transformándose en decisiones irreversibles.
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